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Sin competitividad no hay paraíso
Por IMCO
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Propuestas para mejorar el sector de hidrocarburos en México (Parte 2 de 4)
A través de una reforma al sector de hidrocarburos, México puede –y debe- garantizar su seguridad energética y convertir a la energía en un factor de competitividad. Es evidente que hoy en día estos objetivos están en riesgo.
Por IMCO
12 de agosto, 2013
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Objetivo 2.  Garantizar la seguridad energética y fortalecer la competitividad del país

La energía es, antes que nada, un factor de producción. Las empresas y los hogares necesitan energía para funcionar. Por ello, el objetivo más importante de la política energética de cualquier país es garantizar la seguridad energética –esto es, reducir al mínimo el riesgo de desabasto de energía. Un objetivo estrechamente vinculado al anterior es convertir a la energía en un factor de competitividad: garantizar que las empresas no sólo cuenten con un abasto energético garantizado, sino que los precios de la energía sean relativamente bajos y estables para reducir los costos de producción.

A través de una reforma al sector de hidrocarburos, México puede –y debe- garantizar su seguridad energética y convertir a la energía en un factor de competitividad. Es evidente que hoy en día estos objetivos están en riesgo. Un ejemplo es el gas natural: desde hace varios años el país padece un desabasto crítico de este insumo. En 2012, Pemex emitió 109 alertas críticas de gas (notificaciones de desabasto) que le costaron a las empresas mexicanas más de 16 mil millones de dólares. Increíblemente, Pemex ha llegado al extremo de pedir a las empresas que reduzcan su consumo de gas –una petición tan contraria a la productividad de la economía como pedirle a las empresas que empleen menos personas.

El ejemplo opuesto a México en este sentido es EUA. Nuestro vecino ha convertido al gas natural –en particular al gas de lutitas- en el motor de su reindustrialización. EUA cuenta con abundantes reservas de gas de lutitas, mismas que produce y vende a los precios más bajos del mundo. Un estudio reciente de Pricewaterhouse Coopers estimó que el auge del gas natural podría generar 1 millón de empleos industriales en los siguientes 12 años. Actualmente, el precio del gas natural en EUA es un tercio del precio en Alemania y una cuarta parte del de Corea del Sur. La abundancia y bajos precios del gas natural en EUA también han permitido que los precios de la electricidad sean sólo la mitad que en México.

¿Qué puede hacer México para garantizar su seguridad energética y convertir a la energía en un factor de competitividad?

En términos generales, lo que se requiere es crear un mercado de energía en torno a las necesidades de los consumidores. Para cumplir con este objetivo, el IMCO propone liberalizar el sector de manera integral. Ello implica:

Abrir la refinación de petróleo y toda la industria petroquímica a la inversión privada. No hay ningún argumento económico para mantener estos sectores como monopolio estatal. En cambio, la liberalización generaría oportunidades de inversión para el sector privado. El resultado sería una mayor producción de petrolíferos, combustibles y demás productos refinados. Esta medida tendría que ir de la mano de la liberalización del comercio, transporte y distribución de estos bienes, y de la eliminación de los precios oficiales. De este modo, los precios fluctuarían reflejando las condiciones de la oferta y demanda.

Otra medida importante para alcanzar los objetivos de seguridad energética y competitividad consiste en ampliar el Sistema Nacional de Gasoductos y construir más conexiones con la red de EUA. Actualmente la infraestructura de ductos es insuficiente para lograr que el gas llegue a todo el país. También existen cuellos de botella por la escasez de conexiones a EUA. México no produce suficiente gas para satisfacer su demanda, pero tampoco puede importar suficiente gas de EUA –el mayor productor del mundo, y el más eficiente- por los cuellos de botella en la infraestructura. El resultado es que México importa gas de lugares tan remotos como Nigeria, Catar, Perú e Indonesia, a precios hasta 6 veces más altos que los de EUA.

Este es un problema de coordinación que no puede resolver por sí solo el mercado. Pese a que las empresas privadas ya pueden invertir en ductos, carecen de los incentivos para hacerlo por la incertidumbre en torno a la demanda esperada. Por lo tanto, es necesaria una política de Estado para que la infraestructura de gasoductos se expanda, garantizando el abasto de gas en todo el territorio nacional.

Por lo tanto, el objetivo que aquí presentamos y los instrumentos para alcanzarlo no pueden dejarse de lado. La discusión en torno a los cambios que requiere el sector energético no sólo deberá centrarse en cómo se lograrán mayores niveles de producción, sino en cómo esa producción satisfará las necesidades de la demanda interna –de las empresas y hogares- del país.

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