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Shale gas. Sí, por las oportunidades
El shale gas es considerado como una de las nuevas fuentes de energía barata. México cuenta con el potencial de sumarse a esta nueva revolución y aprovecharlo. Sin embargo, no debemos dejar de lado que, como en cualquier industria, existen riesgos que deben ser considerados. El estado mexicano debe plantear un marco regulatorio efectivo si quiere convertir a este recurso en una fuente de bienestar y crecimiento.
Por IMCO
27 de septiembre, 2013
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Uno de los temas recurrentes en el debate de la reforma energética es la posibilidad de que México produzca mayores volúmenes de shale gas y shale oil (gas y aceite de lutitas).  Estos hidrocarburos han sido puestos al frente de la nueva revolución energética. Sin embargo, persisten dudas entre la población sobre sus ventajas y desventajas. A continuación presentaremos un panorama general sobre estas fuentes de energía.

¿Qué es el shale?

Las lutitas (shale) son formaciones geológicas de rocas de muy baja permeabilidad, es decir, donde los hidrocarburos quedan atrapados en la roca y no fluyen. Los hidrocarburos, tanto de gas natural como de petróleo, son liberados gracias a un proceso llamado “fraccionamiento hidráulico” (hydraulic fracking) que aumenta la permeabilidad de las lutitas. El proceso de producción es el siguiente: una vez perforado un pozo a una profundidad de 2,000 a 2,500 metros, se hace una descarga eléctrica que expande momentáneamente la roca donde se encuentran los hidrocarburos. Esto aumenta significativamente su permeabilidad. Acto seguido se inyecta una solución especial que mantiene temporalmente abiertos los canales para que fluyan los hidrocarburos a la superficie para su producción.

¿Por qué hay que aprovecharlo?

1.- El fin de los hidrocarburos fáciles

La nueva revolución energética ha puesto fin a los hidrocarburos de fácil acceso; la carrera actual no es por el control geográfico sino por el desarrollo de tecnologías más eficientes y capital humano calificado. El mundo entero está experimentando esta tendencia. Arabia Saudita, uno de los mayores productores de petróleo, se ha planteado explotar los costosos yacimientos de petróleo pesado en su territorio. En Estados Unidos, la tendencia es una dependencia cada vez menor de fuentes de gas natural convencionales y su sustitución con gas shale. La expectativa es que para 2014 este tipo de gas represente 36% de la producción nacional, un número impresionante si se considera que hace 10 años representaba sólo el 2%.

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Los hidrocarburos provenientes de lutitas juegan un papel fundamental en la explotación de fuentes no convencionales. Por ejemplo, de acuerdo con la EIA, en 2012 el estado de Dakota del Norte se convirtió en el segundo productor de petróleo de Estados Unidos, sólo detrás de Texas, cuando hace apenas 10 años el estado no figuraba en el mapa de hidrocarburos. La fortuna de Dakota del Norte es estar en el corazón de la cuenca de lutitas del Bakken, rica en petróleo ligero y otros líquidos. Hoy dicha cuenca produce casi el mismo volumen que el yacimiento Ku-Maloob-Zaap, el mayor activo petrolero de México.

2.- Grandes yacimientos por explotar en México

El estudio de la EIA ubica a México como el sexto país con mayores recursos técnicamente recuperables de aceite y gas de lutitas y el octavo de petróleo de lutitas.  Estos recursos no son reservas probadas, pero están cerca de serlo una vez que haya desarrollo e investigación. El potencial de explotación alcanza los 13.1 miles de millones de barriles. Para poner esto en perspectiva, estos recursos más que duplicarían las reservas probadas actuales del país.

Mientras tanto, en México el sector se encuentra en crisis: la producción de petróleo ha caído 25% en los últimos nueve años, además la producción de gas no alcanza para cubrir la demanda nacional y las necesidades del sector industrial, las importaciones de gas han aumentado 485% desde 2001.

3.- Revolución energética en Norteamérica y abaratamiento de costos

Nuestros vecinos del norte están experimentando una revolución por la explotación de fuentes de hidrocarburos no convencionales como las lutitas. Hoy en día, cuando se consideran los hidrocarburos no convencionales, Estados Unidos y Canadá albergan las reservas probadas más grandes del planeta.

El tiempo para que México se una a esta revolución apremia. El aumento de la producción energética en Estados Unidos, liderada por la explotación de lutitas, está ofreciendo energía barata a la industria. El precio del gas natural en Estados Unidos ha caído 40% en los últimos 6 años. Esto podría provocar una migración del sector manufacturero mexicano al vecino del norte que ofrecerá costos más competitivos. Mientras tanto en México, PEMEX pide a la industria que reduzca su consumo de gas natural.

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4.- Mayores conocimientos técnicos y derrama económica para México

La explotación de las lutitas requiere una alta capacidad técnica y una gran derrama económica. Los pozos de lutitas son relativamente pequeños y efímeros. En promedio, cada uno requiere una inversión de entre 10 y 20 millones de dólares. Tienen tasas aceleradas de declinación: en promedio alcanzan su producción máxima en tres o cuatro meses.  La única forma de mantener e incrementar la producción en dichos campos es con un plan de operación de alta eficiencia en logística y movilidad de cientos o miles de pozos, para así tener producciones comercialmente viables.

Esta complejidad técnica puede generar la atracción de talento altamente especializado que forme una nueva generación de especialistas mexicanos en la industria. Además, la explotación de shale gas implica la llegada de muchos tipos de industrias involucradas en las distintas etapas del proceso, esto generaría una derrama económica y creación de empleos. El estado de Dakota del Norte, por ejemplo, ha experimentado un boom económico a raíz de la explotación de shale gas. Desde el 2009 tiene el mayor crecimiento en salarios, creación de empleo y recaudación tributaria de los 50 estados en la Unión Americana.

El debate en torno al fracking

Actualmente existe un debate internacional acerca de los posibles riesgos ambientales y de salud asociados al fraccionamiento hidráulico en la producción de hidrocarburos. Los temas principales de ese debate son tres:

  • La contaminación de mantos acuíferos,
  • El uso intensivo del agua empleada en el proceso, y
  • Los terremotos generados al romper la roca del subsuelo.

Estos temas reflejan una creciente preocupación ambiental acerca de esta tecnología, que ha llevado a países como Francia y Bulgaria –con las mayores reservas del gas de lutitas en Europa– a prohibir el fracking.

Uno de los problemas de las lutitas es que, como cualquier nueva tecnología, su impacto no ha sido ampliamente estudiado. Por ejemplo, si bien existen controversias ambientales en cuanto a la posible contaminación de los mantos acuíferos por la explotación de lutitas, tras cinco años de estudios en esta materia, nadie ha demostrado dicho impacto. En realidad, los estados americanos de California y Nueva York están a la espera de estudios concluyentes para decidir qué hacer con sus respectivas reservas.

Una preocupación adicional que existe en California y en las zonas con una relativa escasez de agua –entre los cuales está incluido México –es que el fracking es intensivo en su uso. Sin embargo, aún persisten las dudas de si el volumen utilizado en esta actividad es mayor o menor al de otros procesos intensivos en agua como la recuperación secundaria de hidrocarburos. Un análisis realizado en Estados Unidos encontró que el shale gas requirió sólo .1% del agua empleada en ese país, es decir 135 billones de agua anuales contra un total de 127,750 billones. La ganadería, por ejemplo, empleó 2,100 billones.

La innovación juega un papel fundamental en el uso del agua para el fracking. Las empresas del sector están interesadas en encontrar nuevos mecanismos para hacer un uso más eficiente del agua que les permita abaratar costos y cumplir con las regulaciones. Las investigaciones actuales apuntan a encontrar tecnologías para el reciclado de agua, o incluso el uso de agua de mar.

La clave está en la regulación

La explotación del shale gas, como cualquier otra industria de transformación, conlleva un riesgo. Sin embargo, dadas las ventajas de su explotación, el debate debería estar en cómo crear un marco regulatorio adecuado y no en cómo prohibir estas actividades. Steve Cohen, de la Universidad de Columbia, explica que para poder aprovechar los beneficios de esta fuente barata de energía sin incurrir en consecuencias significativas, los riesgos del fraccionamiento hidráulico deben ser manejados con responsabilidad, lo cual no puede hacerse sin una regulación nacional.

Para atender las preocupaciones de la ciudadanía, y garantizar la protección del medio ambiente y salud de la población, la regulación en México deberá establecer desde el inicio reglas muy claras. Es necesario hacer efectivas las normas de seguridad y calidad  que eviten la contaminación de acuíferos y del entorno. Así como asegurarse que la actividad haga un uso racional del agua, a través de regulaciones o la creación de un mercado de agua para la industria.

Nuestro país puede aprender de las inconsistencias y del rezago en la regulación de esta actividad en Estados Unidos. Un ejemplo es fomentar prácticas de transparencia en las empresas del sector. Por ejemplo, la administración Bush exentó a las industrias de gas de divulgar el contenido de sus materiales, por lo que no se podía saber el grado de toxicidad. También debe buscar no repetir las experiencias previas en las que Pemex y los reguladores del sector energético mexicano han sido laxos en cumplir y hacer cumplir la normatividad ambiental. Esto garantizaría un aprovechamiento sostenible y responsable de la riqueza de nuestro subsuelo que se traduciría en mayores beneficios para la economía.

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