Ganar a punta de alternativas
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Sociedad Abierta
Por Bernardo León-Olea
Politólogo y abogado, activista por la libertad y el acceso a la justicia. Secretario técnico d... Politólogo y abogado, activista por la libertad y el acceso a la justicia. Secretario técnico del gabinete de seguridad pública y nacional y responsable del proyecto de reforma penal 2000-2005, comisionado municipal de seguridad de Morelia 2015-2018, redactor del Modelo Nacional de Policía y Justicia Cívica 2018-2019. Autor de cinco libros sobre seguridad y justicia. Convencido de que la justicia internacional acabará con los dictadores y con las guerras. (Leer más)
Ganar a punta de alternativas
Necesitamos remodelar nuestro sistema político para evitar a toda costa que una sola persona, por muy electa que sea, determine por seis años el futuro de 130 millones de mexicanos.
Por Bernardo León-Olea
21 de septiembre, 2022
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Durante los últimos cuatro años el monopolio de la mañanera y las ocurrencias del inquilino de Palacio Nacional han dominado el discurso político del país. Todo gira en torno a la ocurrencia del día. Lo que el presidente dice en la mañana tiene tal impacto que tanto sus seguidores como sus opositores giran en torno a ese discurso.

En este contexto el presidente y su partido siempre tienen la iniciativa, que refuerza la convicción de sus seguidores y el rechazo de sus opositores. Sin embargo, esta estéril dialéctica no parece tener alternativas prácticas a los problemas reales que enfrenta nuestra sociedad, ni mucho menos ofrece una ilusión que provoque el más mínimo entusiasmo o que capture la imaginación de la sociedad.

En el universo de ofertas alternativas, la sociedad parece haber escogido a su peor es nada.

Sin embargo, el mundo que habitamos y el país que poseemos tiene problemas reales, los jóvenes tienen ilusiones y quieren tener un futuro y los adultos podríamos proponernos aprovechar todas las herramientas de la tecnología y el humanismo para diseñar el boceto de una sociedad libre y desarrollada que nos ilusione y nos una en un propósito común.

El mundo tiene dos problemas gravísimos e inminentes que resolver: por un lado, el calentamiento global derivado de la destrucción indiscriminada del medio ambiente y de los ecosistemas que sostienen la vida, y la construcción de un sistema social que respete, proteja y promueva in extenso los derechos humanos.

Pero eso no es todo, la humanidad (gracias a sus centros de investigación y a la libertad científica) ha creado instrumentos y tecnologías para explorar el espacio, para habitarlo y eventualmente para colonizarlo. Ha descubierto secretos muy íntimos de la ingeniería de la vida y algunos estadistas –con buena información– se atreven tímidamente ya a prometer que la cura de enfermedades como el cáncer está cerca.

¿Nosotros como país dónde estamos parados frente a esto?

La propuesta actual es poco convincente. Frente a un mundo abierto y global nos proponen un imposible y vetusto nacionalismo que como avestruces esconde la cabeza; frente a la destrucción del medio ambiente nos proponen revivir como zombi a los muertos tecnológicos de las refinerías, el petróleo, los trenes a diésel que destruyen la selva; frente a la obviedad de una seguridad social universal nos proponen asistencialistas y manipuladores programas sociales; frente a los derechos humanos nos proponen la militarización de la seguridad, los regímenes de excepción y el sistema de justicia como venganza e intimidación política; frente al increíble avance de la ciencia y la tecnología nos proponen el incierto sofisma de una ciencia que no sea neoliberal, y así nos seguimos.

El desastre de la corrupción, la avaricia y la falta de talento de una clase política que desperdició la transición a la democracia, permitió que el resentimiento funcionara como un lente que hiciera parecer esas propuestas como formas de reivindicación.

No obstante lo anterior, el problema radica en que la denuncia de estas políticas no ha producido una crisis que derive en alternativas –insisto– que capture la imaginación de la sociedad y no solo que catalice su resentimiento.

Creo que mienten tanto tirios como troyanos que parafrasean a Jorge Manrique señalando con nostalgia que todo tiempo pasado fue mejor, unos el pasado reciente y otros un pasado más distante. Ninguno se deslinda de la obsolescencia.

Necesitamos remodelar nuestro sistema político para evitar a toda costa que una sola persona, por muy electa que sea, determine por seis años el futuro de 130 millones de mexicanos. Requerimos un régimen parlamentario que congregue a la pluralidad de la nación y transforme sus ilusiones y proyectos colectivos en leyes y presupuestos que los hagan realidad. Una separación entre el Jefe de Estado y el Jefe de Gobierno y su gabinete que generen al mismo tiempo gobernabilidad y estabilidad, pero también equilibrio y contrapeso.

Una policía civil con financiamiento y facultades legales que, enfocados en el pequeño pero “latoso” “universo criminal”, ofrezcan seguridad desde los niveles más elementales de convivencia, y juntos pero no revueltos un cuerpo de abogados que buscando la verdad en la dialéctica del proceso penal defiendan los derechos de las víctimas, pero también de los acusados, y un proceso penal que pueda escoger atinadamente entre un juez de consigna o un jurado de ciudadanos.

Un federalismo que permita elegir a muchos funcionarios locales que ahora ejercen poder sin rendir cuentas y gobiernos estatales y municipales que con facultades legales y presupuesto no centralizado puedan construir sus comunidades bajo sus propias premisas y debates.

Un servicio civil que permita que los gobiernos transiten con el mínimo trastorno y la máxima eficacia y que evite que la administración pública siga siendo un botín político.

Un esfuerzo social consciente de justicia para mujeres que asegure igualdad de oportunidades, compensación y derechos.

Una economía libre que con seguridad jurídica permita transformar la creatividad, la inteligencia y el entusiasmo en “pluma y pala” del progreso y el bienestar. Y un sistema fiscal que premie al emprendedor, al innovador y al trabajador, que evite la distorsión de los monopolios y que transfiera, vía la seguridad social, los recursos para financiar la igualdad en lo elemental; la salud, la incapacidad, el desempleo y la dignidad de la vejez.

La lista es muy larga y supera este espacio, pero evidencia los grandes debates y alternativas que pueden despertar nuestra imaginación al margen y por encima de nuestros resentimientos, que podemos discutir más allá del slogan y la ocurrencia, pero alguien tiene que atreverse a dejar de girar en torno a la “mañanera” y a los acólitos de la “lengua de madera” que repiten las consignas irracionalmente, para ofrecer alternativas generosas, creativas, puntuales.

Ninguna oposición podrá derrotar electoralmente a Morena, al presidente y a sus aliados denunciando la irracionalidad de su discurso tautológico que se comprueba así mismo. Ahí siempre va a ganar. Tendremos que recurrir a la imaginación, a las alternativas, retomar la iniciativa y alejarnos de un pasado reciente que mantuvo el status quo y hacer mea culpa de la oportunidad que se desperdició.

Ganar a punta de alternativas.

@bernardomariale

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