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Tanque pensante
Por CIDAC
Think tank independiente, sin fines de lucro, dedicado al estudio e interpretación de la realida... Think tank independiente, sin fines de lucro, dedicado al estudio e interpretación de la realidad mexicana y presentación de propuestas para cambiar a México. Y creador de TANQUE PENSANTE. Sitio web: www.cidac.org Twitter: @CIDAC (Leer más)
¿Jóvenes competentes?
Un 14% de los estudiantes de primaria y 37% de los egresados de secundaria carecen de las competencia básicas para escribir, leer o transmitir un mensaje en forma efectiva, de acuerdo con los resultados de las pruebas ENLACE (2013) y PISA (2009).
Por CIDAC
1 de noviembre, 2013
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Por: Mariana Meza y Ernesto García

Evaluar y calificar es quizás una de las tareas más complicadas, tanto para el que evalúa como para el que es evaluado. Además de que requiere una buena inversión de tiempo (diseñar el instrumento de evaluación, aplicarlo, revisarlo, interpretarlo) es difícil definir qué es lo que se quiere evaluar y cómo es que se quiere evaluarlo. El árbitro, el contralor, el auditor, el inspector, el comité no suelen ser los personajes más “queridos”. Por otra parte es difícil utilizar una herramienta de evaluación que considere toda la información de forma justa y objetiva. ¿Quién debe sacar el 10? ¿El que tiene una gran memoria o el que tiene una gran capacidad de entendimiento? Dependiendo de la herramienta que se utilice se puede premiar a unos u a otros. Difícilmente a ambos.

Nos guste o no, fuimos, somos y seremos evaluados, juzgados, seleccionados e identificados con base en una calificación. Desde el nacimiento nos someten al “Test de Apgar” y de ahí no dejamos de realizar pruebas y recibir calificaciones (exámenes parciales, finales, departamentales, de titulación, certificaciones, de admisión, de oposición).

A nivel gobierno, se han realizado diferentes esfuerzos para llevar a cabo evaluaciones. En el caso específico de la educación, pruebas estandarizadas como ENLACE y EXCALE (nacionales) y PISA (internacional) han buscado, de una forma objetiva, general y estandarizada, medir conocimientos y habilidades en diferentes etapas del sistema educativo. Como toda prueba, siempre ha existido mucho debate en torno a ellas. Por una parte se critica su diseño y contenido. Una de las críticas más comunes a su diseño es que sólo premian (reconocen) a aquellos estudiantes que tienen más facilidad para contestar este tipo de exámenes (en EE.UU. se les conoce como “expert test takers”). Por otra parte también se critica su implementación pues la venta de exámenes, colusión entre autoridades y escuelas, alumnos haciendo trampa, y maestros que convierten sus clases en meros talleres para resolver (memorizar) guías para los exámenes, son una triste realidad.

A pesar de sus propias limitaciones y de las críticas que han recibido, los exámenes estandarizados como PISA y ENLACE ofrecen un panorama de la educación básica y media superior que no debe pasar desapercibido. Por un lado les ofrece a los estudiantes la posibilidad de medir su desempeño y compararlo contra el de otros estudiantes; a los padres de familia les permite comparar entre los diferentes programas y escuelas, y a las autoridades locales y federales le ofrece información sobre el estado y la trayectoria de la educación en el país. En un contexto más amplio, evaluar la educación es evaluar el futuro del país.

Hace no muchas décadas el reto y la métrica importante era lograr que la gente supiera leer y escribir; de ahí poco a poco la exigencia se fue haciendo menos general y más especializada hasta llegar al punto de no conformarnos con que la gente sepa leer/escribir sino que tenga conocimiento (idealmente un dominio) de ciertas herramientas y conceptos. En la medida en que han cambiado los objetivos, también lo han hecho los instrumentos de medición.

Creemos que el siguiente paso que debe darse en el ámbito de la evaluación de la educación es dejar de enfocarnos en evaluar qué “conceptos” se han aprendido y mejor enfocarnos en evaluar las “competencias” que se han desarrollado. En este sentido, tanto ENLACE como PISA nos muestran carencias muy importantes de competencias básicas en gran parte de los niños y jóvenes de nuestro país. Al ver los resultados de ENLACE (2013) y PISA (2009) observamos cómo un gran porcentaje de los jóvenes carecen de competencias tan básicas como escribir, leer o transmitir un mensaje de forma efectiva. Si consideramos la matrícula para el ciclo escolar 2011-2012, encontramos que más de cinco millones de estudiantes de primaria hasta la educación media superior no cuentan con estas competencias.

Elaboración propia con datos de ENLACE 2013 y PISA 2009

Elaboración propia con datos de ENLACE 2013 y PISA 2009

Una concepción generalizada es que vamos a la escuela para aprender cosas. Entre esas cosas, leer y escribir es quizás lo primero que se aprende, lo más básico y lo que más se practica durante toda la escuela. Sin embargo, es alarmante descubrir que en México no es fácil encontrar a un egresado de la educación media superior (pública y privada por igual) que realmente tenga una buena comprensión de lo que lee y que realmente logre transmitir y comunicar sus ideas por escrito en una forma clara y precisa. Esto es grave, pues el dominio del lenguaje (en sus definición más simple entendido como poder redactar y comprender un texto) es uno de los pilares y objetivos principales de los planes de estudios desde preescolar hasta bachillerato (y en las siguientes etapas) y los niños y jóvenes de México carecen en gran medida de ellas. Basta con ver la gráfica anterior para apreciar que el 14% de los estudiantes de primaria y 37% de los egresados de secundaria no tienen la capacidad básica de saber escribir. Algo que también refleja la prueba PISA realizada en 2009 (a alumnos del último grado de bachillerato y que mide el nivel de competencias de lectura en español) es que el 21% de estos jóvenes carecen de dichas habilidades.

Todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos pensado y dicho que un examen no representa lo que en realidad sabemos o lo bueno que somos. No estamos muy seguros de que este argumento aplique a los resultados de ENLACE y PISA. Por todos lados hemos escuchado “quejas” de maestros de educación media-superior, de coordinadores de instituciones educativas, de reclutadores, de áreas de recursos humanos y de gerentes y directores que suelen contratar a muchos jóvenes. El común denominador de esas “quejas” es que los jóvenes muchas veces no saben redactar un documento, transmitir una idea o analizar un documento. En otras palabras, que después de haber pasado la mayor parte de su vida en la escuela no escriben, ni leen ni se comunican de una forma efectiva.

Llevamos un buen rato discutiendo, como país, si es o no necesario realizar evaluaciones al sistema educativo. Mientras nos ponemos de acuerdo, miles de jóvenes concluyen su estudios con enormes carencias (universitarios titulados que no saben leer ni escribir), muchas empresas no encuentran personal para sus plazas, y el país no logra que su capital humano sea también un factor de atracción de inversión y de procesos productivos. A nadie le gusta ser evaluado pero a partir de los 18 años la evaluación realmente importante ya no la hacen maestros sino reclutadores y  jefes de área.

La responsabilidad de los malos resultados en la educación recae en un gran número de actores. El objetivo de la educación en México no debe ser obtener notas perfectas en evaluaciones como PISA o ENLACE, sino el que los jóvenes obtengan las competencias necesarias para triunfar en el mercado laboral y para contribuir al desarrollo del país.

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