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La frontera entre estados o la “tierra de nadie”
Los estados con incidencia delictiva alta no sólo son los más propensos a tener fronteras violentas, sino que éstas tienen mayor probabilidad de estar a cargo de autoridades que se desentiendan de los delitos y dejen homicidios sin denuncia e investigación.
Por CIDAC
21 de abril, 2015
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Por: Mariana Meza Hernández

Introducción

Uno de los patrones más interesantes en la dinámica de inseguridad y violencia de nuestro país tiene que ver con los aspectos geográficos y con la demarcación de las fronteras entre los estados. Más de una vez hemos escuchado cómo dos estados se “echan la bolita” en la responsabilidad de atender y resolver un delito. De los casos más recientes que ilustran esta problemática es el plagio de los triatletas de alto rendimiento en el Ajusco en octubre de 2014. En esa ocasión, las autoridades del Distrito Federal y del Estado de México, específicamente de la delegación Tlalpan y del municipio de Xalatlaco, le dieron más importancia a deslindarse del delito que a resolverlo argumentando que había ocurrido en el municipio vecino.

Más allá de quién haya tenido razón, esta anécdota relata una historia que se repite en la gran mayoría de los municipios fronterizos. Éstos exhiben una conducta distinta a los municipios o delegaciones de centro (no frontera) ya que pueden utilizar argumentos geográficos para deslindarse de sus responsabilidades. Además, los municipios fronterizos generalmente se sitúan apartados de las capitales estatales y cuentan con menos vigilancia y presencia de las instituciones de seguridad y procuración de justicia, que los hace más propensos a tener mayor delincuencia. En este sentido, cabe preguntarse si los municipios de frontera son “tierra de nadie” y, por lo tanto, tierra fértil para la violencia y el juego de atribución de responsabilidad por parte de las autoridades.

Literatura

La idea de que las fronteras exhiben patrones distintos al resto de las regiones es un fenómeno que se ha analizado a nivel Estatal (país) y no tanto a nivel subnacional o municipal. Existen dos enfoques principales que explican las diferencias entre las fronteras y el centro en materia de seguridad. En primer lugar, los estudios sobre la formación de los Estados (países) están estrechamente relacionadas con la violencia ya que los Estados tratan de afianzar el monopolio legítimo del uso de la fuerza para consolidarse. De acuerdo a este enfoque, la fortaleza de un Estado se puede medir dependiendo del control que tenga sobre el uso legítimo de la violencia. Es decir, los Estados débiles son aquellos que tienen una presencia y control limitado en su territorio y, por ende, carecen del monopolio de la fuerza coercitiva. Siguiendo esta lógica, aquellos espacios o territorios en donde se registren escenarios de violencia no legítima o no propia del Estado representan vacíos de institucionalidad y de control del estado.

En línea con este argumento, las fronteras tienden a ser espacios que cuentan con una menor presencia de las instituciones- y mayor proporción de violencia- principalmente por razones espaciales y demográficas. Las fronteras entre los Estados están usualmente localizadas lejos de las ciudades capitales que son las que concentran la mayoría de las instituciones gubernamentales más importantes. Asimismo, son territorios poco poblados o con una densidad poblacional baja, lo que provoca que tengan una menor presencia de instituciones gubernamentales que las zonas centrales.

En segundo lugar, la literatura sobre conflictos y violencia destaca que estos eventos no se distribuyen aleatoriamente. En realidad, existen factores estructurales que influyen en los patrones de distribución de la violencia. Ésta se concentra alrededor de áreas estratégicas como aquellas que tienen una mayor abundancia de recursos naturales valiosos, territorios de producción y recepción de drogas, así como puntos de venta y distribución. Las fronteras son particularmente atractivas ya que sirven como puntos de salida hacia nuevos mercados internacionales, con lo cual se esperaría que existiera mayor violencia causada por cárteles que buscan controlar las aduanas de salida.

La violencia en México exhibe patrones de comportamiento claros y de acuerdo con estas teorías. Durante los primeros años de la administración de Felipe Calderón los territorios más afectados por la violencia fueron los estados que comparten frontera con Estados Unidos (i.e. Baja California, Sonora y Chihuahua). Hacia finales del sexenio la violencia se extendió hacia el noreste de la frontera, a Nuevo León y Tamaulipas. Tanto la literatura como la revisión de los datos a continuación otorgan sustento a la noción de que las fronteras presentan particularidades interesantes en cuanto a delincuencia, incidencia delictiva y, muy importante, la presencia o eficiencia institucional que merece la pena explorar al nivel municipal.

El propósito de este artículo es identificar y analizar la diferencia entre los patrones de violencia e incidencia delictiva de los municipios fronterizos y los municipios de centro. Para atender los problemas de violencia, procuración de justicia e inseguridad de manera eficaz es necesario entender las distintas dinámicas que se observan a nivel, no sólo estatal, sino también municipal. En este texto se busca responder a la siguiente pregunta: ¿son los municipios de frontera “tierra de nadie”?

Para responder a esta pregunta se analizarán dos indicadores. En primer lugar, los índices de violencia de los municipios fronterizos en comparación con los del centro. En segundo lugar, el nivel de atención a los crímenes o cifra negra. En caso de que los municipios fronterizos muestren patrones claros de tener más violencia y menor atención a los delitos, podemos concluir que, efectivamente, son tierra de nadie.

¿Los municipios de frontera son más violentos?

Para explorar la primera hipótesis, utilizamos los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) como indicador de delitos de alto impacto –específicamente el secuestro, la lesión dolosa y el homicidio doloso. A continuación, clasificamos a los distintos estados de acuerdo al nivel de incidencia delictiva reportado por la ENVIPE 2014. Los estados clasificados como de baja incidencia delictiva son aquellos que tienen una tasa de víctimas menor a 22.6 por cada 100,000 habitantes; los estados de nivel medio tienen de 22.7 a 32.9 víctimas por cada 100,000 habitantes, y los estados con nivel de incidencia delictiva alta tienen una tasa mayor a 33 víctimas por cada 100,000 habitantes.

Grafica 1. Delitos Centro y Frontera

Como demuestran las gráficas, los patrones delictivos entre los municipios de centro y fronterizos varían dependiendo del delito y del tipo de estado del que se trate. Los municipios fronterizos de estados con incidencia delictiva alta y media presentan, en promedio, más lesiones dolosas que los municipios de centro. Por su parte, los municipios de frontera registran más homicidios dolosos en los estados con niveles de violencia alto y bajo, no así para los de nivel medio.

A primera vista, es evidente que la violencia y denuncia de delitos de alto impacto exhiben patrones distintos en los municipios fronterizos que en los de centro. No obstante, las fronteras entre los estados son, en sí mismas, distintas. No es lo mismo la frontera de un estado con incidencia delictiva alta, como el Estado de México, con otro estado con incidencia delictiva alta, como el Distrito Federal, que la frontera entre el Estado de México e Hidalgo, que tiene una incidencia delictiva baja. Por lo tanto, se clasificaron los municipios fronterizos de acuerdo a seis categorías distintas, dependiendo del nivel de incidencia delictiva del estado y su vecino.

Tipo de frontera Incidencia delictiva estado 1 Incidencia delictiva estado 2
Alta – Alta Alta Alta
Alta – Media Alta Media
Alta – Baja Alta Baja
Media – Media Media Media
Media – Baja Media Baja
Baja – Baja Baja Baja

Grafica 2. Promedio de Delitos por tipo de frontera

Las gráficas demuestran cómo los municipios fronterizos de dos estados con incidencia delictiva alta, por ejemplo la frontera entre el DF y el Estado de México, tienen un promedio de denuncia mucho mayor que el resto de los municipios, tanto los de centro como de fronteras de estados con incidencia delictiva media o baja. La magnitud de delitos en las fronteras Alta-Alta representan un hallazgo a destacar pues demuestran que es un foco rojo importante que debería de ser prioritario para las autoridades en materia de seguridad.

Para los municipios de fronteras Alta-Alta hay, en promedio, 86 denuncias de homicidio doloso, 3.7 denuncias de secuestro y 1219 denuncias de lesiones dolosas. En contraste, para los municipios de fronteras Baja-Baja existen, en promedio, 6 denuncias de homicidio doloso, 1.2 denuncias de secuestro y 39 denuncias de lesiones dolosas. Al contrastarlo con las cifras para los municipios de centro observamos que de manera consistente las fronteras Alta-Alta y Alta-Media tienen un promedio de denuncias significativamente mayor.

En este sentido, la condición de tierra de nadie, detectada por la presencia de mayor violencia, aplica únicamente para las fronteras Alta-Alta y Alta-Media, y no así para el resto de los municipios fronterizos, ya que éstos tienen niveles de violencia que son iguales o inferiores a los de los municipios de centro. Es decir, la ausencia del Estado no es homogénea para todas las fronteras. El fenómeno delictivo en fronteras violentas se debe analizar con particular interés ya que, probablemente, los altos índices delictivos en estos municipios pueden extenderse hacia el interior del estado. Es decir, pueden iniciar un efecto de contagio territorial hacia el centro del estado que puede agravar la inseguridad de forma generalizada.

¿Los municipios de frontera tienen mayor cifra negra?

La condición de “tierra de nadie” también tiene que ver con una mayor negligencia, o evasión de responsabilidad, por parte de las autoridades para investigar y atender los crímenes que suceden en ese territorio. Este descuido por atender la situación de inseguridad se debe a que los territorios fronterizos tienen, en promedio, una menor presencia de instituciones de seguridad y procuración de justicia ya que cuentan con una menor densidad poblacional y se encuentran apartadas de los centros urbanos. En este sentido, esperaríamos que los municipios de frontera tuvieran una cifra negra mayor a los municipios de centro.

De acuerdo a la ENVIPE, la cifra negra -o la diferencia entre los delitos que ocurren y los que se denuncian- es de 94% a nivel nacional. El homicidio es distinto al resto de los delitos ya que se supone que exhibe una cifra negra cercana a cero en virtud de que es más difícil de ocultar y dado que es un delito que se persigue de oficio. Es decir, las autoridades están obligadas a investigarlo a pesar de que nadie lo haya denunciado. Por supuesto que pueden existir errores de medición de los homicidios. Por ejemplo, algunos homicidios dolosos se pueden registrar como homicidios culposos y viceversa. Sin embargo, se espera que la cifra negra sea muy baja en relación al homicidio. Por lo mismo, podríamos esperar que las actas de defunción por homicidio doloso, emitidas por los Registros Civiles y sistematizadas por el INEGI en su medición de estadísticas vitales, fueran muy cercanas o casi iguales a las denuncias de homicidio doloso del SNSP.

Grafica 3. Promedio de Homicidios Dolosos

En primer lugar, es importante destacar que existe una diferencia entre el registro de homicidios dolosos del INEGI y las denuncias del SNSP para todos los municipios, sean frontera o no. Sin embargo, existen variaciones importantes entre éstos. De nuevo los municipios de fronteras Alta-Alta son los más alarmantes pues tienen, en promedio, 55 actas por homicidio doloso que no cuentan con una denuncia o registro por parte de las autoridades de procuración de justicia. Es decir, estos delitos son desatendidos por las autoridades.

Por su parte, las fronteras Alta-Media, Alta-Baja y Media-Media presentan diferencia entre los registros del INEGI y del SNSP; 3.6, 3.8 y 3.5 respectivamente. Si bien la cifra negra de estos municipios fronterizos es de menor magnitud que la cifra negra de las fronteras Alta-Alta, es igualmente alarmante que las autoridades tengan la capacidad de desatenderse de delitos de alto impacto que vulneran la percepción de seguridad de los habitantes.

Conclusiones

La revisión de los datos de homicidio nos permite concluir que las fronteras son, en general, más propensas a presentarse como “tierra de nadie” que los municipios de centro. Sin embargo, no todas son igual de problemáticas. El recrudecimiento de la violencia en las fronteras se concentra principalmente en las fronteras de estados con incidencia delictiva alta o media; éstos son los principales focos rojos. Es decir, en los estados con peores condiciones de inseguridad encontramos las diferencias frontera-centro más exacerbadas. En segundo lugar, hablando de la cifra negra, observamos cómo los datos refutan el supuesto de que la cifra negra del homicidio es cercana o igual a cero. De nuevo, la variación entre los municipios demuestra cómo los estados con altos niveles de incidencia delictiva, y de manera específica sus fronteras, representan los casos más preocupantes.

En suma, los estados con incidencia delictiva alta no sólo son los más propensos a tener fronteras violentas, sino que éstas tienen mayor probabilidad de estar a cargo de autoridades que se desentiendan de los delitos y dejen homicidios sin denuncia e investigación. La seguridad y la procuración de justicia en los municipios fronterizos violentos son bienes difíciles de obtener. Esta investigación se podría continuar y profundizar si tuviéramos datos distintos a los del SNSP- como las actas de defunción del INEGI- que contabilizaran la ocurrencia de delitos distintos, como robo o extorsión. De esta manera podríamos comparar la diferencia entre las denuncias y la ocurrencia de estos ilícitos para ver cuántos llegan a las manos de las Procuradurías y Fiscalías locales. Además, se podrían explorar distintas líneas de investigación que permitan – por medio de encuestas de opinión pública- analizar cómo afecta la condición de frontera o de “tierra de nadie” en la confianza de los ciudadanos con respecto a instituciones locales como el ministerio público o policías y así en los bajos incentivos a denunciar.

 

* Mariana Meza Hernández es investigadora de @CIDAC

 

Tilly, C. War Making and State Making as Organized Crime, en P. Evans, et.al., (eds.) Bringing the State Back In (pp.169-191) Cambridge University Press.

Bates, R. (2008) When Things Feel Apart: State Failure in Late Century Africa, New York: Cambridge University Press.

Reuter, P. (2009), Systemic Violence in Drug Markets. Crime, Law and Social Change.

La cifra negra es la diferencia entre el número de delitos cometidos y el número de delitos denunciados.

Esta cifra puede variar ya que en una sola denuncia puede asentarse uno o varios homicidios.

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