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Tanque pensante
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Think tank independiente, sin fines de lucro, dedicado al estudio e interpretación de la realida... Think tank independiente, sin fines de lucro, dedicado al estudio e interpretación de la realidad mexicana y presentación de propuestas para cambiar a México. Y creador de TANQUE PENSANTE. Sitio web: www.cidac.org Twitter: @CIDAC (Leer más)
La moraleja del caso de la “Niña Jobs”
A la gente le gusta poder identificar a las personas con algo o con alguien. En esta época en donde casi todo está a un “click” de distancia, la gente no se complica mucho en investigar quién eres o qué sabes hacer. A lo mucho hacen cruces de información, revisan promedios y estadísticas, comparan con casos previos y usan estereotipos. De ahí el impacto de la "niña Jobs".
Por CIDAC
22 de noviembre, 2013
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Por: Mariana Meza y Ernesto García

Más que por su nombre, apellido o matrícula, los estudiantes dentro de un salón de clases suelen ser identificados como: “el matado”, “el burro”, “la nerd”, “el barbero”, “el preguntón”, “la de los apuntes bonitos”, o “la niña Steve Jobs” en el caso de Paloma Noyola, la estudiante con el mejor puntaje de la prueba ENLACE en matemáticas de este año.

En la medida en que uno va avanzado de grado y nivel escolar, los apodos se van volviendo más sofisticados, más ingeniosos y también van adquiriendo nuevas funciones e implicaciones. Aparecen así nuevos sobrenombres como “el cuate de los profesores”, “el que la lleva bien en el departamento”, “la que siempre estudia todas las lecturas”, “la que habla bien inglés” “el que escribe bien”, “el que consiguió trabajo”.

Por ello, no debe sorprendernos que mientras en primaria o secundaria ser “el matado” o “el nerd” no suele estar asociado a una gran popularidad, al menos no en la forma en que un adolescente quisiera serlo, en la universidad ser “el matado”está asociado a mejores oportunidades de trabajo, opciones de becas para estudiar un posgrado, posibilidad de continuar estudios en el extranjero, reconocimientos académicos.

Dejemos de lado lo que hemos dicho sobre apodos y en su lugar hablemos de “marketing personal”. Así como uno anda por la escuela con su apodo a cuestas, fuera de ella, sobre todo en el ámbito profesional, uno siempre viene acompañado de una “marca” o una “etiqueta”. Es así como aparecen: “el que resuelve problemas”, “el conflictivo”, “el innovador”, “el ejecutor”, “el analítico”, “el problemático”, “el desorganizado”.

Cuando un egresado realiza sus primeras solicitudes y entrevistas de trabajo no es fácil identificar cuál es su apodo, su marca. Esto se debe a que las empresas y los reclutadores se enfrentan a un problema de asimetría de información, pues mientras que el egresado sabe que conocimientos tiene (o no), que competencias desarrolló (o no), qué sabe hacer (o no) y que fortalezas/debilidades tiene, el área de Recursos Humanos lo desconoce.

Por ello, los reclutadores se basan en señales e indicadores como el título o grado de estudios obtenido, la universidad en donde llevó a cabo sus estudios, el promedio con el que terminó (o las calificaciones que obtuvo en ciertas materias), resultados en exámenes psicométricos, conocimientos y habilidades demostrables, desempeño en la entrevista. Es ahí donde el apodo o la marca personal, funcionan como un atajo informativo que puede ayudar, y en muchos casos hacer la diferencia, a la hora de solicitar un trabajo y lograr una trayectoria profesional exitosa.

Es en este contexto en donde nos llama mucho la atención el caso de la “Niña Steve Jobs”. Sin entrar en detalle de las habilidades de Paloma Noyola Bueno, o de si el “héroe” de la historia debería de ser el maestro o las nuevas metodologías de enseñanza, lo que nos interesa es subrayar cómo gracias a un apodo, acompañado de una portada en un revista con miles de suscriptores, Paloma alcanzó un muy alto nivel de popularidad.

Paloma se ganó el apodo de la “niña Steve Jobs” gracias a un editor sagaz o a un escritor perspicaz que supo cómo asociar sus habilidades con un personaje (ícono) que fuera fácil de identificar. Es ahí en donde nosotros consideramos que se encuentra la moraleja de esta historia. Paloma no es “la niña inteligente” o “la niña matemática” o “la niña que obtuvo el resultado más alto en ENLACE”. Paloma es “la siguiente Steve Jobs”.

La trascendencia de este caso demuestra cómo los apodos pueden llegar a tener un impacto que no siempre dimensionamos. El artículo en donde mencionan el caso de Paloma ha sido compartido por más de 250,000 personas en Twitter y Facebook, y hay millones de búsquedas en Google asociadas a ella. En contraste, poco se supo de Facundo Ávila (medalla de bronce en la 44 Olimpiada Internacional de Química). Facundo, estudiante de la carrera de Química de la UNAM, obtuvo dicho galardón en 2012 tras competir contra 288 alumnos de más de 70 países. A pesar del logro obtenido y el arduo trabajo que significó para Facundo y sus profesores, gran parte del mérito pasó desapercibido. ¿Uno es mejor que el otro? Quién sabe, pero sin duda el apodo de uno de ellos si es mucho mejor y eso, en este caso, fue suficiente para hacer la diferencia.

Además de haber ocupado la portada en una revista internacional, cosa que sin duda ayudó mucho, creemos que la clave estuvo en que a la gente le gusta y se le facilita, asociar a las personas con ideas, características, adjetivos y etiquetas. Por ello, no suena igual ni implica lo mismo decir “…obtuvo la calificación más alta en matemáticas”, que “…es la futura Steve Jobs”. Lo primero nos dice que es buena en algo; lo segundo no nos deja duda de qué tan buena es y eso en tiempos como los que vivimos hace toda la diferencia.

A lo largo de diferentes artículos en este medio hemos hablado acerca del aprendizaje y el desarrollo de competencias. Queremos concluir este artículo señalando que así como “…no sólo hay que poner el huevo, sino cacarearlo”, no es suficiente aprender y desarrollar competencias sino también, y quizás mas importante, hay que saber venderlas.

A la gente le gusta poder identificar a las personas con algo o con alguien. En esta época en donde casi todo está a un “click” de distancia, la gente no se complica mucho en investigar quién eres o qué sabes hacer. A lo mucho hacen cruces de información, revisan promedios y estadísticas, comparan con casos previos y usan  estereotipos.

De la misma forma en que un buen nombre o eslogan pueden hacer la diferencia entre el éxito o el fracaso de un producto comercial, lo mismo puede suceder con un buen o mal apodo, o bien marca personal. Sobre todo en un mundo en donde, por ejemplo, más que buscar a un simple programador, las empresas buscan al próximo genio de la computación. Por ello, si quieres ayudar a uno de tus amigos no le digas “el bueno-para-nada” mejor dile “el _____”(poner aquí el nombre del personaje, emprendedor, hombre de negocios, inventor o líder que te inspire éxito y admiración).

 

*Mariana Meza y Ernesto García son Investigadores de @CIDAC

 

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