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Tanque pensante
Por CIDAC
Think tank independiente, sin fines de lucro, dedicado al estudio e interpretación de la realida... Think tank independiente, sin fines de lucro, dedicado al estudio e interpretación de la realidad mexicana y presentación de propuestas para cambiar a México. Y creador de TANQUE PENSANTE. Sitio web: www.cidac.org Twitter: @CIDAC (Leer más)
#LadyProfeco no es intrascendente
Sucesos como el de #LadyProfeco consolidan la idea de que no tiene sentido seguir las reglas del juego dado que, en su forma de leyes o de ejercicio del servicio público, están hechas para proteger a un grupo y no son una ruta accesible para cualquier ciudadano, sean sus intereses legítimos o no.
Por CIDAC
1 de mayo, 2013
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Por: Eduardo Reyes (@eduardoreyesc)

Al enterarme del suceso en que Andrea Benítez, hija del titular de la PROFECO, Humberto Benítez Treviño, logró movilizar en cuestión de instantes a un grupo de verificadores de la institución con el objetivo de clausurar un restaurante donde no le asignaron la mesa que quería, me fue imposible no pensar en dos elementos: 1) persisten en México casos de un uso casi patrimonial del servicio público, donde ser familiar de un alto servidor público permite incluso acceder a, ni más ni menos, cerrar un negocio sin motivo justificable alguno 2) por pequeño y anecdótico que parezca el citado berrinche, inevitablemente envía el mensaje a la sociedad de que en el ejercicio de la ciudadanía (y del rol de consumidor) hay clases: ciudadanos de primera con la capacidad de movilizar a la autoridad y ciudadanos de segunda incapaces de hacer funcionar al aparato burocrático en la defensa de sus derechos.

No abundaré en las implicaciones del primer elemento sobre la certidumbre jurídica para hacer negocios en el país, que bien expone Carlos Puig en su artículo de Milenio (Adiós, Humberto Benítez Treviño). Ahora, las implicaciones del segundo elemento tampoco son menores. Retomando la idea del artículo de Luis Rubio del pasado domingo en Reforma (La CNTE y los ciudadanos), subsiste en el país una división respecto a la legitimidad de la autoridad y, en consecuencia, los mecanismos aceptables para transformar la realidad, o bien, defender intereses particulares. En resumen, hay quienes consideran que bloquear una carretera o una universidad es aceptable porque -dado que la autoridad se percibe arbitraria- todo se vale y, por otro lado, hay quienes lo ven como una clara violación. Como muestra, la respuesta a la afirmación “La autoridad en este país es arbitraria”, que en su momento obtuvimos en la Encuesta de Valores realizada por CIDAC junto con la Universidad de Tufts.

Sucesos como el de #LadyProfeco, en su justa dimensión, no hacen sino consolidar la idea de que no tiene sentido alguno seguir las reglas del juego dado que, en su forma de leyes o de ejercicio del servicio público, están hechas para proteger a un grupo y no son una ruta accesible para cualquier ciudadano, sean sus intereses legítimos o no. No es casualidad que en la misma encuesta citada anteriormente el 71% de los encuestados afirmara que las leyes del país protegen a los poderosos.

Promover transformaciones (educativas, energéticas, fiscales) que sin duda afectan intereses poderosos y potencialmente beligerantes en un contexto así, eventualmente pone a la autoridad en alguno de los siguiente escenarios: 1) ejercer su autoridad legalmente ante actos que quebrantan el orden, pero con una percepción de ilegitimidad 2) perpetuar el chantaje como la vía de solución de conflictos por encima de las instituciones o 3) descafeinar sus intenciones transformadoras. Los tres escenarios, indudablemente, tendrían costos políticos-electorales significativos, más cuando a este gobierno lo perseguirá su discurso del fin de los intocables.

En las últimas horas, diversas voces han solicitado una acción contundente de la administración del presidente Enrique Peña Nieto respecto al caso #LadyProfeco, que en general están en el rango de la destitución del titular de PROFECO a la imputación de responsabilidades al mismo. Desde luego que nadie quiere destituir a uno de sus altos funcionarios por una causa aparentemente de nicho por la señal de debilidad que manda a los adversarios. Sin embargo, asumir que la inacción no tiene costos es equivocado.

Por último, lo cierto es que ni una golondrina hace verano, ni las acciones de la autoridad son todopoderosas en la percepción y actuar de la ciudadanía. Con todo y la ola de críticas y burlas respecto a #LadyProfeco que han surgido en redes sociales y artículos de opinión, es imposible obviar que persisten en nuestra sociedad sentimientos, no de rechazo, si no de aspiración a hacer uso de las palancas y/o de no seguir las reglas cuando no hay consecuencias por ello. A la pregunta, entonces, de por qué en México los servidores públicos no renuncian ante sucesos como el del fin de semana, hay una respuesta relativamente simple: son uno de nosotros. Y si bien es responsabilidad de la autoridad inhibir este tipo de comportamientos, hay más mexicanos que convencer de ello que sólo servidores públicos.

 

*Eduardo Reyes es director de comunicación de CIDAC. [email protected]

 

 

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