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Por CIDAC
Think tank independiente, sin fines de lucro, dedicado al estudio e interpretación de la realida... Think tank independiente, sin fines de lucro, dedicado al estudio e interpretación de la realidad mexicana y presentación de propuestas para cambiar a México. Y creador de TANQUE PENSANTE. Sitio web: www.cidac.org Twitter: @CIDAC (Leer más)
Otros mitos a superar en el debate petrolero (2ª parte)
Uno de los elementos más importantes en la promoción de un debate de altura en materia energética es la desmitificación del tema.
Por CIDAC
7 de agosto, 2013
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Foto: Cuartoscuro.

Foto: Cuartoscuro.

Por *Miguel Ángel Toro y Luis Serra

En un artículo anterior comenzamos con cuatro mitos en contra de la reforma, pero en esta entrega se abordarán algunos propagados por la misma reforma. Esencialmente, son mitos que no consideran las medidas necesarias para una eventual apertura del mercado de los hidrocarburos.

Mito 5: Cualquier apertura del sector es deseable para el país

Uno de los principales mitos alrededor de la discusión de la reforma energética es aquél que dice que cualquier tipo de apertura del sector de hidrocarburos será buena para el crecimiento del país. Se argumenta que la apertura per se traerá nuevos competidores que invertirán en el país impulsando el crecimiento económico de forma acelerada y que no existe riesgo de pérdida de la renta petrolera. La idea anterior es falsa y es pertinente esclarecer cuáles podrían ser las consecuencias de no llevar a cabo una reforma adecuada. Sí a la apertura del sector hidrocarburos, pero no sin la regulación apropiada.

El elemento más importante en una eventual apertura del sector de hidrocarburos es el tipo de regulación que vigilará los mercados. Como se mencionó en la primera parte de este artículo, dentro de los varios tipos de contratos que se podrían utilizar con las petroleras privadas, es importantísimo la capacidad del Estado para hacerlos cumplir (enforcement). Así, el control que llegue a tener el Estado en cualquier proyecto dependerá mucho del marco jurídico aplicable y del acuerdo al que llegue con cada empresa contratista. Los mecanismos de control del Estado pasan por la existencia de un órgano regulador fuerte (y capaz de sancionar a todos los operadores) y/o la participación del Estado mismo en los contratos a través de asociaciones de la petrolera pública (Pemex) con los demás operadores. El marco normativo debe vigilar varios puntos de conflicto en las relaciones entre el Estado y los operadores como:

  • El suministro adecuado de la información de las petroleras hacia el Estado;
  • La toma de decisiones con respecto a la explotación de los yacimientos acordados y el mantenimiento de las reservas; y,
  • Las transacciones de pago entre Estado y operadores a partir del tipo de contrato (ya sean concesiones en lugar de contratos, contratos donde se comparta la producción o se pague proporcionalmente al volumen de barriles extraídos, o simplemente con una tarifa fija por los servicios indistintamente de si el operador encuentra o no encuentra petróleo) y los impuestos, derechos y regalías por la explotación petrolera.

La funcionalidad (y el éxito) de la relación entre el Estado y las petroleras privadas (y Pemex) depende en buena medida de la fortaleza de nuestras instituciones. Si no se le dan poderes de sanción reales al regulador es posible que grandes petroleras, o el mismo Pemex, pudieran abusar de su poder de mercado en el sector. Empero, así como un marco regulatorio muy laxo para las petroleras podría ser un festín para los depredadores, también una regulación excesiva por parte del Estado, o una legislación demasiado restrictiva en los contratos que se pudieran aprobar en la reforma haría inviable la inversión. Si la legislación es muy poco favorable, tal y como sucedió con la reforma energética de 2008 y los contratos incentivados (que son como contratos de producción compartida en los que no se comparte la producción), no llegará la inversión y no habrá crecimiento. Lo mismo sucederá si el gobierno federal no ancla la reforma energética a una política de desarrollo nacional. El diablo está en los detalles.

Mito 6: Pemex no es una empresa eficiente y habría que venderla

Hay quienes consideran que Pemex es una empresa totalmente ineficiente, incapaz de poder desarrollar sus actividades en el sector de hidrocarburos. Esto no es del todo cierto, puesto que Pemex tiene un desempeño muy rescatable en la explotación de yacimientos en aguas someras; es una de las empresas más productivas en ese  tipo de campos. Adicionalmente, existen diversos elementos que impiden que Pemex pueda tener un mejor desempeño (como una empresa), que son fácilmente corregibles (no necesitan una reforma constitucional), y que no requieren la venta o desaparición del organismo: inversión en recursos destinados a la investigación petrolera y en la formación de capital humano competente, estructura organizacional para agilizar la toma de decisiones al interior y mayor infraestructura de transporte de sus productos (como una red de distribución de gasoductos más amplia). Por otro lado, hay otros elementos más complicados de solucionar, pero que de hacerlo, le permitirían a Pemex tener un mejor desempeño, como lo sería un cambio en su régimen fiscal.

Pemex tiene muchos problemas que se han abordado en otros lugares (insuficiente tecnología, poca experiencia en aguas profundas y pozos no convencionales, un sindicato excesivamente grande, corrupción en su manejo, una tasa de impuestos onerosamente alta, entre otros) y pese a todos ellos aún sigue siendo un jugador muy competitivo a nivel mundial en la explotación de yacimientos de aguas someras. De acuerdo a la Comisión Nacional de Hidrocarburos, Pemex es la empresa petrolera número uno del mundo en producción de aceite en aguas someras. El 61% de la producción acumulada histórica del petróleo en México ha provenido de aguas someras de las cuencas del sureste. Este conocimiento de la zona ha permitido que la caída en reservas no haya sido aún más drástica, y, de hecho, el 80% de las reservas 2P (las que se conocen como probadas y probables) incorporadas en la última década provienen de las cuencas del sureste. Adicionalmente, la inversión en ese tipo de profundidades ha sido la más redituable para el gobierno. Entre 2007 y 2011, por cada 100 dólares invertidos en exploración de petróleo de aguas someras se produjeron 147 barriles de petróleo crudo equivalente, mientras que en las aguas profundas la tasa de éxito fue ínfima en comparación (23.5 barriles de petróleo crudo equivalente por cada 100 dólares invertidos). En aguas someras, Pemex es una empresa de clase mundial.

Tabla-Pemex

 

Corregir los descuidos con los que se ha manejado a Pemex (y ciertas partes de la industria de hidrocarburos) no sólo es cuestión de brindarle más recursos con qué operar (como se muestra en la Tabla 1), sino de buscar que se inviertan en los ámbitos más apropiados. En el último sexenio se incrementaron drásticamente los recursos para inversión de Pemex, pero una creciente parte de esas inversiones se fueron hacia la exploración y explotación de yacimientos en aguas profundas. Sin demeritar la importancia de explotar las reservas en esos yacimientos, la probabilidad de encontrar petróleo es tan baja (y tan caro hacerlo) que no es sorpresa que pese a la cuantiosa inversión sólo se hayan explotado 19 yacimientos. Además de concentrar la inversión pública en aguas someras, se debe impulsar los recursos tecnológicos y humanos del organismo. Por ejemplo, el Programa Institucional de Posgrado, creado en 2002, ha visto una disminución del número de alumnos matriculados en doctorado, pasando de 61 en 2006 a sólo 28 en 2011. En el mismo periodo el número de egresados también cayó de 15 a sólo 6. Adicionalmente, el Instituto Mexicano del Petróleo reportó que el total de recursos financieros destinados a la formación de recursos humanos pasó de 66 millones de pesos en 2006 a 45 millones de pesos en 2011. Si a esto le añadimos que Pemex paga una tasa impositiva altísima (54.8% de sus ventas netas en impuestos y derechos en 2012) comparada con otras petrolera del mundo (PDVSA 34%, Statoil 19.4%, Ecopetrol 11%; o si Pemex tuviera el régimen fiscal de Petrobras, hubiera pagado una tercera parte de los 900 mil millones de pesos que pagó en impuestos el año pasado), no es sorpresa que no pueda desempeñarse tan bien como debería. Para que Pemex pueda estar en igualdad de condiciones frente a las demás petroleras del mundo debe cambiar su gobierno corporativo, modificar su régimen fiscal, transparentar su gasto y debe tener autonomía de gestión y operativa.

Gráfica-Pemex

Mito 7: Hay que explotar todos nuestros recursos cuando los precios estén elevados para maximizar la renta

Uno de los argumentos a favor de la apertura del sector de hidrocarburos en el país plantea que Pemex necesita de capital privado para explotar los 27 mil millones de barriles contenidos en las aguas profundas del Golfo de México. Las cifras son contundentes: Pemex necesita invertir 900 mil millones de dólares y actualmente sólo invierte 15 mil millones de dólares en aguas profundas. A ello, se le tiene que sumar los 60 mil millones de dólares anuales que, según Fluvio Ruíz, consejero independiente de Pemex, se requieren durante los próximos 50 años para explotar el afamado y controversial gas de lutitas o gas shale. Quienes apoyan la apertura del sector de hidrocarburos utilizan estas cifras para justificar la pronta inyección de inversión privada –nacional y extranjera- a Pemex con el objetivo de explotar todos nuestros recursos de petróleo y gas a la brevedad posible, de tal manera que “México sea capaz de detonar su crecimiento económico y sea competitivo en la escena internacional”. ¿Realmente México debe explotar todos sus recursos para maximizar su renta?

Ya contamos con una experiencia de explotación “al vapor” del que fue nuestro mejor activo: Cantarell. Ante la crisis de 1994-1995, el gobierno federal se vio en la necesidad de obtener una gran cantidad de recursos. Así, se decidió incrementar la producción de Cantarell sin contar con estudios integrales o programas de desarrollo de explotación sustentables. Más tarde, en el año 2000, en un afán de incrementar aún más la producción se comenzó a utilizar la inyección de nitrógeno como técnica de explotación de Cantarell, lo cual aceleró todavía más la despresurización (y deterioro) del campo. Este criterio -estrictamente financiero- de maximizar la renta petrolera en el menor tiempo posible, fue lo que acortó la vida productiva del súper yacimiento. La reforma energética no debe ser pretexto para que México explote sus recursos sin una métrica de negocio sustentable.

Además, aunque el gas shale ha revolucionado el paradigma energético mundial, se ha empezado a cuestionar si el riesgo ambiental que implica su explotación excede sus beneficios. El riesgo de la explotación del gas shale estriba en el proceso de fracturación hidráulica que consiste en la fracturación de las rocas de lutitas a través de la inyección de un líquido (90% agua y 10% componentes químicos) a gran presión, de tal manera que el gas shale pueda migrar a la boca del pozo en la superficie. Los riesgos ambientales de la explotación del gas shale que actualmente está evaluando la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de los Estados Unidos son la presión que ejerce sobre los recursos hidrológicos en la zona de explotación, así como el cambio en la calidad de los mismos. Cabe destacar, por un lado, que la mayor parte de las reservas de gas shale de México se encuentran en el noreste del país, una zona catalogada por el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático como vulnerable por su fuerte presión hídrica, y, por el otro, que la explotación del gas shale es intensiva en agua: se requieren hasta 49.2 millones de litros de agua por pozo. En cuanto a la contaminación de los recursos hidrológicos, ésta puede ocurrir por una inadecuada construcción u operación del pozo, así como por una deficiente trata de los residuos producidos por la inyección del líquido. La EPA dará por concluido su estudio sobre los impactos ambientales del gas shale en 2014. Debido a que cada reserva de este recurso presenta condiciones y retos particulares, México necesita realizar una evaluación propia, de tal manera que se garantice un desarrollo sustentable de la industria mexicana del gas de lutitas.

*Miguel Ángel Toro es investigador en CIDAC [email protected] @miguelangeltoro

*Luis Serra es investigador senior en CIDAC [email protected]

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