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Tanque pensante
Por CIDAC
Think tank independiente, sin fines de lucro, dedicado al estudio e interpretación de la realida... Think tank independiente, sin fines de lucro, dedicado al estudio e interpretación de la realidad mexicana y presentación de propuestas para cambiar a México. Y creador de TANQUE PENSANTE. Sitio web: www.cidac.org Twitter: @CIDAC (Leer más)
¿Y tú cómo vas a votar este 7 de junio?
Si no eres un votante “duro” (con una preferencia partidista claramente determinada) y aún no simpatizas con la oferta electoral de ninguno de los partidos, acá te damos alternativas que podrían facilitar tu proceso de decisión para estas próximas elecciones.
Por CIDAC
12 de mayo, 2015
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Por: Ximena López (@chims_)

Desde los últimos meses del 2014, la coincidencia de ciertos eventos políticos, económicos y sociales en nuestro país han producido una seria crisis de credibilidad en la clase política. Algunas de estas viñetas de opacidad, corrupción y conflictos de interés lograron exhibir la configuración y el funcionamiento de la partidocracia en nuestro país. Lo cual finalmente es muy ilustrativo acerca de quiénes podrían ser nuestros (próximos) alcaldes, gobernadores y legisladores.

A tan solo unos cuantos meses del 7 de junio, la falta de una verdadera diferenciación en la oferta electoral (en términos de agenda de política pública), además de las recientes evidencias que exponen la complicidad de toda la clase política en actos de corrupción, impunidad y cinismo refuerzan la idea mediática de “todos son iguales”. Asimismo, se abre paso a las (cada vez más frecuentes) expresiones a favor de anular el voto, o de simplemente abstenerse.

Históricamente, las elecciones interme­­dias siempre han tenido una participación más baja que aquellos comicios donde se elige Presidente (figura 1). Sin embargo, también vale la pena notar la tendencia decreciente de la participación ciudadana. La gente cada vez vota menos. Eso sin contar que el panorama de las elecciones del 2015 es particularmente mucho más complicado. Estas serán las primeras elecciones a cargo del “nuevo” Instituto Nacional Electoral (INE), además de que las condiciones de inseguridad e ingobernabilidad en algunos estados de la República (Tamaulipas y Guerrero por mencionar algunos) serán determinantes para llevar a cabo la jornada. Por último, también habrá nuevos actores a destacar en la contienda: Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), otros dos nuevos partidos (Encuentro Social y el Partido Humanista), y un puñado de candidatos independientes.

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De hecho, recientemente el Consejero Electoral, Arturo Sánchez Gutiérrez, externó que una de las preocupaciones más fuertes y recurrentes del Instituto es “la percepción de la ciudadanía ante la participación electoral”. Según datos de un estudio sobre percepción que fue encargado por el mismo INE, y cuyos resultados se publicaron el 26 de abril, 50 por ciento de los ciudadanos no confían en lo absoluto en las elecciones.

Considerando que las demostraciones de descontento son cada vez más frecuentes y provienen de amplios sectores de la sociedad, la preocupación del árbitro electoral es más que justificada. El llamado al boicot electoral mediante el voto nulo encabezado por Javier Sicilia, líder del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, o la iniciativa del sector privado (#NoVotesporChapulines) de la Confederación Patronal de la República Mexicana en el Distrito Federal (COPARMEX-DF), son algunos ejemplos que detonan que la falta de confianza del ciudadano en sus políticos e instituciones es cada vez mayor, y que será un factor importante en el porcentaje de ciudadanos que saldrán a votar el próximo domingo 7 de junio.

Ante este escenario, si no eres un votante “duro” (con una preferencia partidista claramente determinada) y aún no simpatizas con la oferta electoral de ninguno de los partidos, la siguiente infografía de alternativas podría facilitar tu proceso de decisión para estas próximas elecciones.

infografia

1. No votar

El sufragio universal es un derecho producto de intensas luchas en la democracia mexicana, y su efectividad como mecanismo de elección popular pareció consolidarse en el 2000. De acuerdo con el artículo 41 de la Constitución Mexicana, el pueblo ejerce su soberanía a través de los Poderes de la Unión y, por lo tanto nos corresponde a nosotros, los ciudadanos, elegir de manera libre, auténtica y periódica a quien nos gobernará. Entonces, podría decirse que el sufragio efectivo es una conquista ciudadana.

Sin embargo, fuera de esta concepción romántica y poética del voto, hay una razón práctica del por qué es importante salir a votar el próximo 7 de junio. Hoy en día, el voto es casi el único mecanismo de participación ciudadana. En otras democracias, por ejemplo la británica, hay mecanismos efectivos de participación ciudadana (como la consulta popular o la iniciativa ciudadana) que complementan el propósito del voto: no sólo escoger quién, sino cómo gobernar. No obstante, en México tu mejor oportunidad para “hacerte notar” es el voto, pues no existen aún otros mecanismos efectivos de participación ciudadana en el gobierno. Si bien, las últimas dos grandes reformas político-electorales han puesto el énfasis en tres mecanismos de democracia participativa: la consulta popular, la iniciativa ciudadana y las candidaturas independientes, la reglamentación particular de las mismas han dejado en claro que dichos mecanismos serán más instrumentos de retórica y simulación que verdaderos mecanismos para incidir. Véase el video sobre ¿Cómo impulsar una iniciativa ciudadana exitosa? 

Por ejemplo, para la iniciativa ciudadana. De entrada, se requiere presentar las firmas del 0.13 por ciento del padrón de electores registrados. Asumiendo (pues no se especifica en la reglamentación) que el corte se hace conforme a la elección federal inmediata anterior, se necesitarían aproximadamente 113,400 mil firmas. Después de que dicha cifra sea certificada por el Instituto Nacional Electoral (INE), el proceso legislativo también sería bastante tortuoso.

Primero, los proponentes tendrían que contar con una poderosa estructura de cabildeo y asesoría jurídica especializada en diseño legislativo para que la iniciativa siquiera sea aceptada a discusión en comisiones del Congreso, y no sea desechada por detalles técnicos o de práctica parlamentaria. Posteriormente, las comisiones correspondientes estarían obligadas a discutirla y dictaminarla en un plazo de 45 días (con opción a una prorroga). Sin embargo, dado que si no se dictamina en el plazo determinado no hay sanción alguna, la “congeladora legislativa” parecer ser un escenario probable. Vacíos regulatorios como estos, que en la práctica constituyen barreras casi infranqueables, hacen de la iniciativa ciudadana y la consulta popular (que tiene acotaciones similares) una imposibilidad práctica.

En resumen, fuera del voto, en México no hay mecanismos de participación ciudadana importantes. Además, es importante señalar que a los partidos, finalmente les importa el voto (de no ser así, no incurrirían en los gastos inmensos que implica la compra de los mismos). Para ellos, el voto funciona como una motivación doble: primero, porque el voto les da acceso a cargos públicos, y segundo, porque no importando si ganan o pierden la elección, el porcentaje de votos afecta su financiamiento futuro.

En México, el voto es casi el único mecanismo de revelación de preferencias políticas, así como de castigo y premio –en distintas magnitudes- para los partidos políticos. No es el mejor escenario, pero aún así, te invito a votar.

2. Salir a Votar (¿y ahora…?)

Considerando que, de todas las opciones, votar aleatoriamente es la menos razonada de todas las formas posibles de votar, concentrémonos en las tres opciones que generalmente requieren un ejercicio de razonamiento mayor por parte de los ciudadanos.

a) Voto Nulo

Anular el voto –técnicamente- sí es votar en el sentido de que uno asiste a la casilla en la jornada electoral a introducir una boleta a la urna. Sin embargo, en la práctica no recibe el mismo tratamiento que el resto de los votos, entonces: anular el voto no es votar. Y está lejos de serlo.

Se entiende que el propósito de anular el voto es expresar el rechazo en contra de todos los partidos. El argumento se construye a partir de que dado que no hay nadie en la oferta electoral que me convenza, por lo tanto elijo a… ninguno. Una propuesta argumentativamente casi impecable en contra de un sistema que no ofrece nada a sus ciudadanos. Sin embargo, en la práctica dicha protesta es inservible pues no tiene efecto alguno en el funcionamiento de los partidos.

Ante un entramado institucional que recompensa partidos que no son contrapesos entre sí, y que no son ofertas atractivas para el electorado, sería deseable explorar arreglos institucionales que cambiarán estos incentivos. Si el descontento con el sistema de partidos, expresado mediante el voto nulo ha adquirido con los años una proporción que inclusive sobrepasa la representación de algunos de los partidos más pequeños (figura 2), ¿por qué no considerarlo como un jugador más?

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Hoy en día, el voto nulo no afecta en nada el comportamiento de los partidos políticos.

Considerando los dos propósitos principales del voto en México (ganar un cargo y determinar el nivel de financiamiento futuro); ante la falta de competitividad de los partidos políticos, el voto nulo debería castigarles en términos financieros.

De acuerdo con el artículo 41 de la Constitución Política Mexicana, los partidos políticos cuentan con financiamiento público para que mantengan su registro después de cada elección. Dicho financiamiento se fija, en su mayoría (el 70% del total de financiamiento público a Actividades Ordinarias) con respecto al porcentaje de votos que obtuvieron en la elección inmediata anterior. Sin embargo, para efectos de este cálculo, la autoridad considera solo el porcentaje de votos que obtuvieron dentro de la Votación Nacional Emitida, la cual no incluye los votos nulos, ni los votos de los candidatos independientes.

Asimismo, es importante mencionar que, de acuerdo al artículo 51 de la Ley General de Partidos Políticos, el cálculo para determinar los montos del financiamiento público para el sostenimiento de actividades ordinarias permanentes de los partidos políticos también está ligado al nivel de salario mínimo diario vigente del Distrito Federal (un factor importante si se considera el debate actual en el tema de salario mínimo).

Entonces, si consideramos que los votos nulos son aquellos votos que ningún partido pudo capitalizar, entonces sería lógico pensar que ningún partido “ganó” esa partida presupuestal. En la figura 3 se muestra un escenario hipotético donde el financiamiento total a partidos disminuiría con base en porcentaje de voto nulo.

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Fuente: Elaboración propia con información del INE.

Si este fuera el caso, en la elección del 2009 el financiamiento a partidos hubiera disminuido en 196 millones de pesos, y en 2012 este ahorro hubiera ascendido a 255 millones de pesos (casi una tercera parte del recorte anunciado al presupuesto de Conacyt en 2015). ¿Y si este “ahorro” hubiera sido etiquetado para áreas prioritarias como educación o salud?

En resumen, hoy en día el voto nulo como propuesta en contra del sistema de partidos es una falacia. Sin embargo, nuestra responsabilidad como instituciones de la sociedad civil (y como ciudadanos) es investigar, explorar y pujar por propuestas para hacer efectivos los mecanismos de participación ciudadana y por ende, para obligar a los partidos políticos a presentar agendas cada vez más competitivas en las elecciones.

b) “El menos peor” y el voto divido

En estas opciones, piensa tu voto en términos prospectivos. Primero, ¿a quién (no) te gustaría ver en la Cámara de Diputados (o en el puesto de elección popular correspondiente)? y, segundo ¿cómo quisieras que fuera la configuración de fuerzas entre todos los cargos a elegir, y cómo crees que será su interacción?

El voto por “el menos peor” es en realidad lo que en Ciencia Política se llama voto estratégico (muchas veces llamado voto “útil”). Cuando un votante vota estratégicamente ordena a los candidatos por preferencia, primero el candidato que considera el mejor y al final el candidato que considera el peor. Con base en está lista, el votante estima (a ojo de buen cubero) la probabilidad que tiene cada uno de estos candidatos en llegar al cargo. Si su primera opción no tiene probabilidades de ganar, y lo que más le preocupa es que gane su “peor” opción, entonces votará por aquel candidato que, aunque no es su primera opción, tiene más probabilidad de evitar que gane el “peor”. Eso es el voto estratégico. Así que si para ti es muy importante que alguien en particular no llegue al cargo, entonces tienes como opción el voto estratégico (recordemos que el supuesto de todo este texto es que no eres un votante “duro”).

Ahora, cada cargo de elección popular interactúa con el resto de los poderes y con los distintos niveles de gobierno. Por ende, piensa en cómo te gustaría que fuera la configuración de los distintos actores a elegir y, cómo tu decisión afectaría su funcionamiento. ¿Te gustaría ver a un alcalde, un gobernador y una bancada de diputados del mismo partido? ¿o no? Si no, tu opción podría ser el voto dividido.

En resumen, revisa agendas, propuestas y perfiles, y si simpatizas por un partido o un candidato independiente vota por él, si no, también hay otras alternativas. Lo único que te invito a hacer es a ejercer el voto pensando prospectivamente, ¿cuál es tu objetivo al ir a votar el próximo 7 de julio?

Por un voto razonado y pensante.

 

* Ximena López es investigadora en @CIDAC 

 

 

** (Recomiendo ampliamente revisar la Semana Política “Elecciones en México: el negocio de nunca acabar” y El sistema electoral mexicano: a mayor experiencia, menos ciudadanía de CIDAC).

“Acuerdo del Consejo General del INE por el que se establecen las cifras del financiamiento público para el sostenimiento de actividades ordinarias permanentes, gastos de campaña y actividades específicas de los partidos políticos nacionales para el ejercicio 2015.”

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