Domitila, Araceli y la amnistía que no llega
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Telar de Justicias
Por EQUIS: Justicia para las Mujeres
EQUIS: Justicia para las Mujeres es una organización feminista que, desde 2011, trabaja para mej... EQUIS: Justicia para las Mujeres es una organización feminista que, desde 2011, trabaja para mejorar el acceso a la justicia para todas las mujeres. Reconocemos que no existe una sola justicia y, por lo mismo, promovemos y construimos justicias considerando a todas las mujeres en sus historias, cuerpos, contextos y exigencias. Así, Telar de Justicias es un espacio en el que reflexionaremos sobre las justicias y toda su diversidad. Cada hilo será una visión de justicia que se unirá con otros para crear, transformar y tejernos juntas. (Leer más)
Domitila, Araceli y la amnistía que no llega
Acusada de transportar cannabis y condenada a seis años y ocho meses de prisión, Araceli, actualmente privada de libertad, es una mujer proveniente de Miahuatlán, región zapoteca con altos niveles de pobreza y rezago social.
Por Amaranta Viridiana Valgañon Salazar
22 de abril, 2021
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Ante la Ley hay un guardián. Hasta él llega un campesino. El campesino solicita acceso a la Ley pero, el guardián le responde que, en ese momento, no le puede dar acceso. El campesino preocupado, pregunta si es que podrá acceder más tarde. “Es posible, pero ahora no”, responde el guardián. Escrito en 1915 por Kafka, “Ante la Ley” nos invita a reflexionar sobre las normas y el estado de derecho que aun estando destinados a nosotras, nos son inaccesibles. A más de un siglo de su publicación, “Ante la Ley” es una radiografía vigente del estado actual de la justicia en México.

Acusada de transportar cannabis y condenada a seis años y ocho meses de prisión, Araceli, actualmente privada de libertad, es una mujer proveniente de Miahuatlán, región zapoteca con altos niveles de pobreza y rezago social. “No voy a mentir. Soy costurera, no tenía dinero ni para la tela y mi madre, ya mayor, dependía económicamente de mí”, señala. Ella es parte de las cifras que, durante años, han alimentado las estadísticas que justifican la “guerra contra el narco” y que, como muchas mujeres, encuadra en los supuestos de la Ley de Amnistía. 

En medio de la crisis sanitaria, la actual administración retomó una de sus banderas de campaña: la amnistía para sectores históricamente vulnerados, reconociendo con esto que, durante décadas, se castigó injustamente a personas quienes, debido a su contexto, se vieron envueltas en situaciones de conflicto con la ley. Así, uno de los sectores que la amnistía pretendió alcanzar fue el de mujeres que cometieron delitos relacionados con drogas. 

Diversas fueron las voces opositoras que reclamaron “cárcel” sin mirar el contexto de las personas privadas de libertad. Pese a ello, en medio de este clima de rechazo, prejuicios y estigmatización, Araceli mantuvo la esperanza de que la Ley de Amnistía fuese aprobada. En abril del 2020, Araceli recibió con alegría la noticia de que la Ley de Amnistía se volvió una realidad y ella tendría una segunda oportunidad. 

“¿Verdad que no han dicho nada allá en México?” Pregunta con temor Domitila, mujer indígena de Michoacán, también acusada de transportar cannabis sin uso de violencia y sentenciada a seis años de prisión. Tanto ella como Araceli han esperado recibir su resolución de amnistía, sin éxito alguno. “Si me van a negar la amnistía, que me lo digan ya para hacerme a la idea”, indicaba Domitila hacia finales del 2020. Por parte de las autoridades no hay respuesta pues, si bien el artículo tercero de la Ley de Amnistía exige que las solicitudes sean resueltas en un plazo no mayor a cuatro meses, la Comisión de Amnistía instalada en SEGOB ha guardado silencio absoluto. 

Desafortunadamente, las abogadas familiarizadas con el sistema de justicia, tampoco tenemos respuesta. Desde EQUIS Justicia para las Mujeres hemos constatado, vez tras vez, que la Ley de Amnistía es deficiente en lo relativo al procedimiento. Resguardada en la falta de normas claras, la Comisión de Amnistía ha omitido informar cómo ha integrado los expedientes, si estos han sido estudiados, si existe un proyecto de resolución, así como las fechas en que sesionará para resolver las solicitudes nuevas y rezagadas. Aunque imperceptible, en la cadena de actores se encuentra también el Poder Judicial Federal (habilitado excepcionalmente para recibir las solicitudes resueltas por la Comisión, dar su visto bueno y notificar la libertad). Si bien la Comisión de Amnistía ha sesionado en tres ocasiones, a la fecha no existe dato o pronunciamiento alguno por parte del Poder Judicial sobre las determinaciones emitidas y que está obligado a, de manera inmediata, notificar.

Del otro lado del teléfono, Domitila escucha una cansada voz que la anima a resistir: es su madre de 104 años que vive en Iztapalapa en la Ciudad de México. Durante la llamada hay muchas preguntas sin respuesta. Por su parte, Araceli mantiene la esperanza de su madre, también de la tercera edad: “Vas a ver que pronto salgo, a ver si para navidad”. Al interior de la prisión, esas llamadas escasas son el puente de esperanza para dos generaciones de mujeres golpeadas por la pobreza, la exclusión y la marginación económica y social.

Ha transcurrido un año y, lo que inició como una promesa para resarcir derechos, se ha convertido en incertidumbre y caos. Araceli y Domitila comparten contexto entre ellas: ambas son mujeres indígenas, provenientes de contextos económicos adversos, rodeadas de exclusión y violencia sistémica; ambas cuidadoras de sus madres y ambas captadas por el crimen organizado para volverse los eslabones más visibles y expuestos de una economía millonaria que, para ellas, se traduce en un largo encarcelamiento.  

Llegó 2021, el mes de enero, luego febrero y ya estamos en abril. Con ello se conmemora el primer aniversario de una Ley que mantiene sus puertas cerradas para el sector al que prometió justicia. En el caso de Araceli, este aniversario significa nueve meses de espera desde que presentó su solicitud de amnistía cinco meses más de lo que la Ley de Amnistía señalaba como plazo para darle respuesta. Para Domitila la situación no es diferente, su solicitud debió ser resuelta en enero. 

El huerto reverdece al interior de Tanivet, centro penitenciario en Oaxaca. Vuelve el tiempo de la siembra. Domitila y Araceli esperan. “Necesito traer mis hilos, están en mi casa en México”, señala Domitila con voz cada vez más baja, “mi mamá está delicada de salud y necesito coser aquí adentro para mandarle un dinerito”. Ellas no dejan de preocuparse por las de afuera. 

Se ha cumplido un año de la aprobación de la Ley de Amnistía y lejos está la posibilidad de remediar las injusticias de un sistema que ha perseguido a los sectores históricamente excluidos y vulnerados. Las mujeres, las poblaciones indígenas y agrarias, los “daños colaterales” de la guerra contra las drogas siguen a la espera, atravesando escenarios de incertidumbre y ansiedad en prisión.

La puerta es enorme, a lo lejos, una abertura pequeña, al resguardocomo el guardián de Kafka la Comisión de Amnistía y el Poder Judicial decidirán si algún día Araceli y Domitila podrán ingresar. Aunque creada para ellas, a casi un año de múltiples y diversos esfuerzos, la Ley parece inaccesible para estas mujeres que esperan estoicamente. Al fondo tintinea una pequeña luz, la de la libertad, la justicia y la reparación. “No se preocupe abogada, no fue en navidad, pero tal vez para el 10 de mayo logremos mi libertad. Mi madre me espera”.

 

*Amaranta Viridiana Valgañon Salazar (@vvalganon) es abogada litigante de (@EquisJusticia)

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