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Por EQUIS: Justicia para las Mujeres
EQUIS: Justicia para las Mujeres es una organización feminista que, desde 2011, trabaja para mej... EQUIS: Justicia para las Mujeres es una organización feminista que, desde 2011, trabaja para mejorar el acceso a la justicia para todas las mujeres. Reconocemos que no existe una sola justicia y, por lo mismo, promovemos y construimos justicias considerando a todas las mujeres en sus historias, cuerpos, contextos y exigencias. Así, Telar de Justicias es un espacio en el que reflexionaremos sobre las justicias y toda su diversidad. Cada hilo será una visión de justicia que se unirá con otros para crear, transformar y tejernos juntas. (Leer más)
Pobreza, género y COVID-19. Efectos sobre mujeres indígenas de Oaxaca
las mujeres suelen ser las más afectadas por los impactos de la pandemia y de las medidas —inefectivas— implementadas para contrarrestarlas. Son también las menos escuchadas.
Por Justicia para las Mujeres
15 de octubre, 2021
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Antes de la pandemia estuve en Oaxaca trabajando en un comedor, pero solo venden una comida que es como el pollo asado, el pollo brujo. Estuve trabajando un tiempo allí de cocinera y durante ese tiempo estuvo bien porque tenía trabajo. El pago era más o menos, pero con la pandemia sí nos afectó porque se cerró definitivamente y después ya no volvieron a contratar porque era puro servicio a domicilio y no necesitaban tanto personal.

De allí me fui a mi pueblo, permaneciendo en la cuarentena sin poder salir, sin poder trabajar y ahora sigue otro poquito lo de la pandemia, aunque ya hay vacunas y todo eso, pero igual nos sigue afectando porque hay lugares donde todavía no se han reactivado empleos que tengan un buen salario.

Lety forma parte de un grupo de diecisiete mujeres zapotecas residentes del estado de Oaxaca que participaron en un proyecto de EQUIS Justicia para las Mujeres A.C. cuyo objetivo es visibilizar los impactos de las medidas de confinamiento derivados de la pandemia de COVID-19 sobre mujeres pobres e indígenas. Los testimonios de las mujeres y los hallazgos se encuentran plasmados en un policy brief próximo a publicarse.

Las mujeres que protagonizan este estudio se encuentran inmersas en contextos adversos, donde el machismo se cruza con la pobreza y la marginación, acentuados por la pertenencia étnica. El racismo, la desigualdad socio-económica y la persistencia de relaciones de género asimétricas las colocan en la informalidad y precariedad económica y la reproducción de los roles de cuidadoras. Son mujeres que antes de la pandemia se dedicaban principalmente a la elaboración de tortillas para venta en fiestas religiosas y comunitarias, las artesanías textiles, los cuidados de sus hijas, hijos y personas adultas mayores, las labores domésticas y el cultivo para fines de subsistencia. Sus familias vivían “al día”, sin acceso a la seguridad social ni a salud pública de calidad. Frente a la pandemia atestiguaron la reducción repentina y crónica de sus ingresos, el incremento de las carencias alimentarias en un marco de incertidumbre que ocasiona preocupación y angustia sobre el presente y el futuro. Paralelamente, sus labores de cuidado se multiplicaron con el cierre de las escuelas.

Sus vivencias se insertan en un contexto regional con tendencias parecidas. Como lo señala la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en su informe Panorama Social de América Latina 2020: “El COVID-19 llega a una región marcada por una matriz de desigualdad social, cuyos ejes estructurantes —el estrato socioeconómico, el género, la etapa del ciclo de vida, la condición étnico-racial, el territorio, la situación de discapacidad y el estatus migratorio, entre otros— generan escenarios de exclusión y discriminación múltiple y simultánea que redundan en una mayor vulnerabilidad ante los efectos sanitarios, sociales y económicos de esta enfermedad”.

Asimismo, el estudio de EQUIS comparte las vivencias de dos mujeres que estuvieron privadas de la libertad por transporte de marihuana. Cuando recuperaron la libertad, se encontraron con nuevas dificultades. En el caso de una de ellas, madre soltera de tres hijos, las puertas de la comunidad se cerraron; fue discriminada por tener antecedentes penales, pero sobre todo por ser mamá soltera. En palabras de Karla:

Cuando salí ya tuvimos que buscar otro lugar dónde vivir y buscábamos una renta y nadie nos quiso dar una renta porque veían eso de ser madre soltera y de salir de la cárcel así que fue una discriminación.

Lety compartió una situación similar:

Cuando recuperé la libertad no salí a la calle. Estuve como dos meses sin salir, encerrada en mi cuarto porque te acostumbras a estar encerrada. Y de la comunidad…  te discriminan, dicen: “Allí va, estuvo en la cárcel, no le hables porque acaba de salir de la cárcel y quién sabe qué mañas ha de traer”, piensan cosas malas.

Los testimonios recopilados para este documento forman parte de un esfuerzo por dar a conocer, de viva voz, y con la participación activa de las mujeres involucradas, las consecuencias de medidas de confinamiento implementadas sin perspectiva de género, de derechos de la niñez, ni justicia social. A raíz del cierre o suspensión de actividades económicas, educativas, recreativas y comerciales, comunidades enteras se han visto expuestas a un aumento de su vulnerabilidad, pobreza, inseguridad alimentaria y falta de acceso a la salud. Millones de niñas y niños se han quedado sin escuelas y, con ello, no solo sin acceso a la educación sino, en ocasiones, a la única fuente de alimentación nutritiva, socialización, juego, protección y detección de situaciones de riesgo.

Las demandas de las mujeres son básicas y se sintetizan en dos palabras: alimentación y salud:

La alimentación porque ahora ya no hay empleo, dinero, para poder comprar. Pues los alimentos ya empezaron a llegar en las tiendas, el problema es la escasa de dinero: Sonia

No hay medicina, no hay alimentos, no hay nada: Silvia

El aumento de la pobreza y de la violencia tiene sesgos de género y, sobre todo, tiene nombres, rostros, voces, sentimientos, temores y propuestas. Tal como lo muestra otro estudio, próximo a publicarse, elaborado por EQUIS con mujeres cultivadoras de amapola en el estado de Guerrero, las mujeres suelen ser las más afectadas por los impactos de la pandemia y de las medidas —inefectivas— implementadas para contrarrestarlas. Son también las menos escuchadas.

Por ello, estos dos proyectos separados, pero unidos por las voces de las mujeres, buscan otorgar espacios de visibilización y propuesta, de encuentros y conocimiento mutuo. Entre las mujeres participantes, en primer lugar, pero también entre las situaciones disonantes y opuestas, divididas por la desigualdad.

Para las mujeres de ambos estados, participar en este proyecto se tradujo en un espacio de escucha y reflexión. Dotar de rostros y voces los datos convierte las variaciones porcentuales en lo que aquí se documenta: decisiones difíciles, despensas vacías, depresión, estrés, angustia y el riesgo de exposición a la inseguridad y la violencia. Los siguientes pasos a llevar a cabo deben incluir siempre su participación y promover la generación de procesos productivos que les permita desarrollar su sostenibilidad y autonomía económica, la colaboración y la generación de espacios seguros para ellas y sus familias en los ámbitos alimentarios, de salud y educación.

@EquisJusticia

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