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3 respuestas sobre el futuro político en Argentina
Por Brian Majlin
18 de noviembre, 2011
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Por: Brian Majlin (@BMajlin) Colaborador de Distintas Latitudes, revista digital de reflexión latinoamericana. Politólogo, periodista y escritor argentino.

 

Ha pasado casi un mes de aquella rutilante victoria y demostración de apoyo al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Los números, los discursos y las apariencias, dictarían que se trata de algo simple: la mera continuidad satisfactoria. La realidad, más compleja, exige revisión.

1)     Cristina ganó con 54%, ¿el pueblo la venera y no tiene oposición?

En la primera e instintiva apreciación hay que decir que sí. Que la presidenta saliente y electa ha cosechado un caudal de apoyos que supera ampliamente los análisis, aunque no sorprende ni sorprendió a nadie.  En una mirada menos intuitiva, habría que buscar en sus votantes y en el resultado de los opositores. A Cristina Fernández de Kirchner la han apoyado desde la gran masa de trabajadores hasta la pequeña concentración de empresarios alineados con el modelo vigente.

Seamos claros: la votaron los más ricos y los más pobres. Combinación explosiva.

A los opositores, por caso, no los apoyó casi nadie. Y eso tampoco sorprende, puesto que los discursos de campaña–porque propuestas salvo excepciones no se oyeron—intentaron ir por el camino de sostener lo que está bien y cambiar lo que está mal. Sin mayores precisiones, y en el marco de una crisis mundial sin precedentes, la continuidad es la nave nodriza de los ciudadanos en casi todas las elecciones de 2011 a nivel continental.

A Hermes Binner –moderado opositor de corte socialdemócrata—lo apoyaron gran parte de los que habían optado por el ex presidente Eduardo Duhalde en las primarias–peronismo de centroderecha casi sin centro—en detrimento de CFK. La izquierda radical, que impactó con su discurso directo, propuestas claras y que creció un alto porcentaje, no pudo cosechar puestos parlamentarios.

Entonces, CFK tiene apoyo popular, ocho años de mando en el haber –contando los cuatro de Néstor Kirchner—y una oposición descompuesta. Sin embargo, si durante ocho años los Kirchner gobernaron de una forma, parece habérseles acabado la posibilidad de un discurso de amigo-enemigo (Carl Schmitt) como método de existencia y definición política.

2)     Si la apoyan ricos y pobres, ¿a quién apoyará ella?

 

El discurso combativo y redistribuitvo ha sostenido al kirchnerismo como opción progresista. Sin embargo, pasaron pocas horas tras la victoria para que las especulaciones y las oscilaciones –entre apoyos diversos—dieran que hablar. El modelo a profundizar puede ser el de las desconcentraciones, los planes sociales, los planes de educación, integración social y mejora infraestructural; o pueden ser los negociados, el capitalismo nacional y el usufructo de la bonanza económica a partir de la exportación de commodities. ¿O son el mismo modelo?

 

La Argentina actual creció a tasas magníficas en los últimos ocho años, se suele recordar. Aún así, la brecha entre ricos y pobres continúa creciendo, la realidad acuciante de millones de trabajadores persiste y los hechos desmienten a los dichos. El Vicepresidente electo, por caso, es un economista liberal ortodoxo que simula convertirse a las huestes nacionales y populares.

 

La disputa con la Central General de Trabajadores también es un problema a resolver. ¿Podrá el peronismo deshacerse de su tradicional aliado? El Gobierno ha mantenido una relación amorosa con el Secretario General de la CGT, Hugo Moyano, pero siempre sostenida por intereses en común. La cuestión radica en que vastos sectores de la población, de derecha a izquierda, repudian a las burocracias sindicales enquistadas en el poder. Las mismas que, sin dudarlo, traicionaron muchísimas luchas obreras e incluso llegaron al extremo de asesinar a Mariano Ferreyra, un militante combativo del Partido Obrero (trotskista).

 

Las últimas reuniones de campaña oficial de la presidenta, y las últimas alocuciones, tuvieron como objetivo a la Unión Industrial Argentina, los sectores del empresariado y del poder. Así que si bien esto no alcanza para adivinar un rumbo claro, hay que prestar mayor atención a las definiciones.

 

 

3)     ¿Qué ha pasado tras el 23 de octubre? ¿Estaba blindada la Argentina?

Apenas abiertas las urnas y contados los votos, el Gobierno Nacional festejó, se recluyó y comenzó a elucidar las políticas venideras. La campaña electoral se centró en tranquilizar a todos: a ricos y a pobres se les avisó que el país estaba “blindado” ante la crisis económica que afecta a gobiernos y seres humanos en todo el planeta. Así, la elección pareció tener dos lecturas: los que creyeron en esta promesa y los que temían que no fuera así. Ambas eligieron, por convicción o temor, por la continuación.

 

Sin embargo, en tan sólo dos semanas el oficialismo ha resuelto una serie de medidas que lo colocan lejos del lugar popular que le otorgan sus seguidores y los discursos propios. Primero obligaron a Mineras y Petroleras a liquidar divisas en el mercado local. A priori, una excelente medida a favor del pueblo, para no ver expoliado el resultado de su trabajo local. No obstante, aunque no prohíbe que liquiden divisas y ganen la tasa cambiaria en pocos segundos, la medida tampoco prohíbe retiro de utilidades.

 

Muchos avivaron la llama de la duda: ¿acaso esta medida no es una forma de garantizar divisas en un mercado en el que, según fuentes oficiales y de las otras, se fugaban cerca de 3 mil millones de dólares al mes?

 

La respuesta llegó pronto. Primero con un límite a la compra de dólares por parte de la población. Nadie puede comprar sin control previo del fisco. Una medida dudosa, cuestionable, difícil de comprender. Las grandes fugas de empresas y empresarios no parecen contenerse con la limitación a ahorristas precarios. La segunda medida, aún más clara y cuestionada fue el tarifazo anunciado la semana pasada.

 

Aunque se niegue esta versión y se intente colarlo como un recorte de subsidios al sector financiero y a los juegos de azar –es decir, a grandes empresarios–, pronto se pusieron sobre el tapete los usuarios de a pie. La masa del pueblo que, habiendo elegido a CFK en gran mayoría, recibió ahora el mazazo de que las tarifas del transporte público, el gas, la luz y la telefonía móvil, evalúan subidas de hasta el 400% en los precios. Y esto como resultado de un simple proceso: como anunció el Ministro de Planificación, Julio De Vido, no se suben las tarifas, sino que al recortarse la parte de la tarifa que cubrían los subsisdios, los consumidores verán afectados sus bolsillos.

 

Para comprender el problema, un apunte: boletos de colectivo y subte podrían rozar los $4 cuando hoy cuestan cerca de $1. Las empresas de transporte reciben más de mil millones de dólares mensuales, según las últimas estimaciones. La consecuencia del tarifazo podría ser una inflación aún más galopante –ronda el 30% anual–. Y aquí cabe aclarar que los salarios no han crecido al mismo ritmo, por supuesto.

 

Apunte final

El gobierno de Néstor Kirchner asumió el poder en un período de reconstrucción tras el argentinazo que disolvió el sistema político-económico vigente hasta 2001. Kirchner fue parte importante del rearmado del tejido de aquello que había llevado a la descomposición inicial. Fue central en estabilizar un rumbo económico al calor del modelo agroexportador tradicional y sosteniendo la economía cotidiana del pueblo con subsidios al consumo, a las tarifas y con planes sociales que redimieran la debacle.

 

Ocho años más tarde, luego de apoyarse en las organizaciones sociales emergentes de la crisis de 2001 y tras virar hacia el tradicional movimiento obrero conducido por la burocrática y cuestionada CGT en el momento de más debilidad (2009), el kirchnerismo parece inclinarse hacia el sector empresarial. Habrá que estar atento a las próximas medidas, ya que el aspecto progresista del oficialismo parece diluirse en lo concreto.

 

La presidenta de Argentina se reúne con empresarios.

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