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Territorio Feminista
Por REM-FEM
Red de mujeres feministas con experiencia en distintas disciplinas, interesadas en la acción pú... Red de mujeres feministas con experiencia en distintas disciplinas, interesadas en la acción pública, política y estratégica, que trabajamos por la transformación radical de las ciudades, comunidades y el territorio desde la reflexión feminista, promoviendo la investigación, el análisis, el debate, la formación y el cuestionamiento. (Leer más)
La importancia del territorio para el futuro sistema de cuidados
La forma urbana, los sistemas de movilidad, las políticas de ubicación de equipamientos, entre otros, impactan directamente en el sistema de cuidados y en la vida cotidiana de las mujeres.
Por REM-FEM
30 de agosto, 2020
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La cuarentena obligatoria que hemos vivido por causa de la pandemia de COVID 19 nos ha mostrado la importancia de las labores de cuidado: sistema de cuidados, economía del cuidado, movilidad del cuidado son términos que hemos estado discutiendo con mayor fuerza en los últimos meses. Las labores de cuidado asignadas como rol casi exclusivo de las mujeres han sido actividades invisibles en la política social, económica y urbana. La cuarentena las ha hecho evidentes (aunque a marchas forzadas), los esquemas de trabajo, los horarios, los trabajos esenciales, la cercanía de la gente a centros de salud, de asistencia, el modelo educativo, el acercar cada vez más los servicios a la gente, el ampliar el abanico de opciones para que las personas puedan estar más en casa, y revalorar el trabajo de cuidado que se hace por las mujeres.

Resultado de esta emergente conciencia colectiva, nos surge la idea de poner atención y dar prioridad a la iniciativa de Ley de Cuidados que se encuentra hoy en la Cámara de Diputados. Dicha iniciativa propone reconocer el cuidado como un derecho humano, lo que implica transformar la lógica actual del tratamiento del cuidado para pasar a considerar que cada persona puede y debe exigir la satisfacción de sus demandas de cuidado. Además, la iniciativa propone reconocer, redistribuir y reducir los cuidados en diferentes ámbitos, esto último con el objetivo de aminorar las cargas de trabajo de quienes cuidan que, de acuerdo con datos la Encuesta del Uso del Tiempo (2014) y la Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares de México (2018) del INEGI, son -desproporcionadamente y en mayor medida- las mujeres. Lo anterior se busca incorporar dentro del Artículo cuarto constitucional, impulsando que se establezca del siguiente modo:

“Toda persona tiene derecho al cuidado digno, entendido como el conjunto de actividades, relaciones y procesos que sustentan vitalmente a las personas a lo largo de todo el ciclo vital y les otorgan los elementos materiales y simbólicos para vivir en sociedad. La garantía del derecho al cuidado compromete tanto su dimensión económica, social, política, cultural y psicológica. La ley establecerá los instrumentos y recursos necesarios a fin de alcanzar tal objetivo, tales como la instrumentación del Sistema Público Nacional de Cuidados”.

Sin embargo, desde la REM-FEM proponemos que se asegure la inclusión del tema de cuidados en la dimensión territorial, ya que los cuidados no son actividades aisladas de éste. La forma urbana, los sistemas de movilidad, las políticas de ubicación de equipamientos, entre otros, impactan directamente en el sistema de cuidados y en la vida cotidiana de las mujeres.

De la misma manera, legislar en materia de movilidad del cuidado de forma aislada, sin que exista un paraguas que conjunte el Sistema de cuidados, es realizar esfuerzos que pueden resultar poco fructíferos, pues la movilidad del cuidado no resolverá por sí sola un problema estructural que involucra muchas otras esferas de la vida cotidiana de las mujeres. Este es un factor fundamental que debe reconocerse para aligerar las cargas, pero debe insertarse dentro de un sistema que atienda las causas de forma integral.

Reconocer y legislar un Sistema de Cuidados no debe ignorar la dimensión territorial, ya que ello contribuiría a perpetuar el sistema patriarcal que ha decidido por siglos que la carga de trabajo de las mujeres permanezca en la esfera privada, separada de la esfera productiva pública, construyendo ciudades y comunidades que dificultan que ambas esferas puedan articularse y reconocerse. Reconocer la dimensión territorial en el Sistema de Cuidados implica construir ciudades que permitan cuidar; ciudades que, a su vez, cuidan y que, en vez de condicionarnos a participar en la esfera productiva o a expulsarnos del espacio público, nos reconozcan, visibilicen e incentiven a movernos en él y habitarlo.

Ciudades que perpetúan la violencia contra las mujeres

Miles de años de patriarcado y décadas de autoritarismo y neoliberalismo en el que el lugar de la mujer se situaba en lo privado, sin reconocerlas como personas ni necesarias, desembocó en un modelo de desarrollo urbano y diseño de ciudad que no es neutro. La ciudad funcional (diseño en el que se basa la ciudad moderna) fue concebida para responder a los roles de género de inicios del siglo XXI: las mujeres permanecían en el suburbio y/o en los espacios privados, en tanto los hombres se movían fuera de él para acceder a las zonas de la ciudad donde se ubican los centros de trabajo que generalmente correspondían a los centros de éstas. Le Corbusier, arquitecto cuyo pensamiento e ideas sobre el diseño de la ciudad influenciaron el desarrollo de éstas a partir de la década de 1920, planteó una estructura social segregada que ha permeado hasta nuestros días, estableciendo cuatro funciones que determinaron la forma en que se estructuran las ciudades: 1) de circulación, 2) habitar, 3) trabajo y 4) recreación; y que, esencialmente, establecieron un diseño de ciudad por “zonas”. Este modelo, desde su concepción, no tomó en cuenta ni escuchó las necesidades de las mujeres y su forma de habitar y moverse en las ciudades.

El cuidado en el territorio

El trabajo de cuidados no es estático, éste cambia de personas y de lugares, porque no nada más se cuida en casa, sino que se cuida en el espacio público, en el transporte público, en casas ajenas, en el mercado, y en los desplazamientos que realizan las mujeres en el día a día. Por ello, la Teoría Feminista ha evidenciado en los últimos años que el urbanismo debe responder las exigencias del cuidado a través de sistemas de movilidad y un espacio público que faciliten el cuidado.

Aunado al cuidado, la ocupación de las mujeres en las ciudades se ha complejizado ya que, debido a los embates de las políticas neoliberales, los cambios demográficos y el sistema económico, las mujeres ya no sólo desarrollan actividades reproductivas y de cuidado, sino también productivas. Es decir: se han integrado (en su mayoría de forma informal) al sistema productivo. Las mujeres ahora llevan una doble carga: hacen el trabajo del cuidado y del hogar, y realizan también trabajo remunerado.

En la REM-FEM destacamos que la invisibilización de las labores del cuidado no se resuelve de manera aislada, sino que es un sistema de cuidados el que debe exponerse y, a partir de éste, elaborar estrategias que permitan reducir las cargas de trabajo en las mujeres, sin olvidar la dimensión territorial del Sistema de Cuidados. En el diseño de una legislación para el Sistema de Cuidados proponemos considerar los siguientes puntos:

  1. Las mujeres administran su tiempo en torno a sus actividades y eso impacta en su forma de moverse y de permanecer en el espacio público. Las mujeres dan preferencia a empleos más cercanos a casa porque les permitan realizar diversas actividades. Esto restringe su acceso a oportunidades laborales, ya que los empleos mejor pagados se encuentran en centros laborales, implican mayores costos en tiempo y distancia, disminuyendo su calidad de vida. Esta dinámica genera un círculo vicioso del que es difícil escapar.
  2. El trabajo de cuidados no debe ser visto solamente como el cuidado de las infancias, sino también de otras personas y con dinámicas distintas según sus propios contextos. Debemos reconocer la multiplicidad de las experiencias de las mujeres: desde su raza, hasta su nivel socioeconómico, la forma en la que habitan un espacio (en la periferia o en el centro), si habitan un espacio rural o urbano, entre otras. Allí, la interseccionalidad se antoja como una herramienta indispensable para entender el cuidado y su relación con el territorio. Por ejemplo, las jornadas de trabajos son diferentes en las zonas rurales, ya que las mujeres no sólo se hacen cargo de los cuidados de su propia familia, sino también de la comunidad, además de trabajar la tierra para autoconsumo y poder llevar alimentos a sus familias. Para agregar complejidad al análisis, muchas de estas mujeres no son propietarias de la tierra que trabajan, lo que limita el acceso a sus derechos.
  3. El trabajo del cuidado y del hogar caracteriza la movilidad de las mujeres y estos viajes son “encadenados”. Los viajes que realizan mujeres para transportar personas (niños y niñas, personas con discapacidad, personas mayores); carga liviana (toda aquella relacionada con cuidado y trabajo del hogar como las compras, comida, etcétera); y/o que subsanan trabajo del hogar y del cuidado constituyen la denominada movilidad del cuidado. Esto transforma la movilidad pendular y la hace encadenada, es decir, multidestino y multipropósito. En México la movilidad de cuidado no se mide. En un sesgo estadístico de género que considera que las actividades productivas son las predominantes (y las únicas que deben medirse), cuando ciudades como Madrid1 y Barcelona2, que han incorporado esta medición en sus encuestas, logran demostrar que los viajes de cuidado representan más de 30 hasta el 50% de los viajes totales en las ciudades. Estos viajes son primordialmente caminando y en transporte público.
  4. La movilidad del cuidado se caracteriza por ser sustentable y tener menos impactos negativos en el medio ambiente ya que, en su mayoría, se hace caminando y/o en transporte público. Aún con las estadísticas que ignoran la movilidad de cuidado, en México con los datos existentes, podemos afirmar categóricamente que en su mayoría las mujeres caminan a sus destinos, por lo cual se infiere que, dado que es la forma más lenta de moverse, optarán por planificar sus viajes de forma tal que sus destinos queden cerca. Además, dado que su ingreso es menor al de los hombres, elegirán hacer los viajes menos costosos, o sea, caminando y en transporte público.
  5. La ocupación de la ciudad por parte de las mujeres se caracteriza por ser insegura y violenta. Dadas las dinámicas patriarcales y la búsqueda del statu quo por mantener a las mujeres en el espacio privado como una forma de control social, la ocupación y movilidad de las mujeres es sumamente insegura y se ve plagada de violencia: acoso y abuso sexual, feminicidio, etcétera. El Sistema de Cuidados debe tomar esto en cuenta e integrar a todas aquellas iniciativas y políticas públicas que busquen erradicar este tipo de violencia, como por ejemplo, la Alerta de Violencia de Género, entre otras.

Desde la REM-FEM celebramos la iniciativa de Ley de Cuidados que se encuentra en la Cámara de Diputados, pues brinda un paraguas para legislar en otros rubros en la materia, incluyendo la movilidad del cuidado. De igual modo, creemos que esta iniciativa debe robustecerse para que no solo se reconozcan los cuidados, sino que se establezcan atribuciones y medidas de aplicación, además de reconocer al cuidado como un derecho y que éste pueda vincularse al territorio a través de planes de ordenamiento territorial y otros instrumentos, los cuales arropen las políticas públicas en materia de movilidad del cuidado.

@rem_fem

 

 

1 SÁNCHEZ-DE MADARIAGA, I., & ZUCCHINI, E. (2020). “Movilidad del cuidado” en Madrid: nuevos criterios para las políticas de transporte. Ciudad Y Territorio Estudios Territoriales (CyTET), 52(203), 89-102.

2 Institut de Estudis Regionals i Metropolitans de Barcelona. (2019). ENQUESTA DE MOBILITAT EN DIA FEINER 2019. 2020, de Institut de Estudis Regionals i Metropolitans de Barcelona. Sitio web.

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