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Tránsito Lento
Por Eduardo Limón
Eduardo Limón es periodista de cultura. Conduce en Ibero 90.9 fm el programa #Inspiria, todos l... Eduardo Limón es periodista de cultura. Conduce en Ibero 90.9 fm el programa #Inspiria, todos los miércoles. Colabora en TV UNAM dentro de la emisión Perímetro de México. Para Canal 22 ha conducido Triángulo de Letras. Es autor de Historias Verdes, conversaciones sobre la mariguana (2018. Ediciones B, Penguin Random House) y de El camello de las dos jorobas (Conaculta, 2014). En 2011 recibió el Premio Nacional de Locución. (Leer más)
28 gramos
El dictamen para regular todo lo relacionado con el consumo, cultivo y transportación de mariguana en este país parece hasta el momento más una simulación que un intento verdadero por alcanzar una regulación justa para el país.
Por Eduardo Limón
6 de marzo, 2020
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La esperanza muere al último.

Anónimo

 

La aprobación del dictamen para regular todo lo relacionado con el consumo, cultivo y transportación de mariguana en este país parece revestido de prisas, o de insensibilidad, o simulación. O todo junto. Quizá la discusión del dictamen en lo particular arroje luz sobre algunos de los muchos puntos oscuros que ratifican que en el Senado lo que se quería era iniciar la aprobación a como diera lugar, pero dados los años y años que llevamos hablando del mismo tema sin llegar a ningún punto concreto que finalmente se refleje en las calles, en la vida real, las esperanzas son vanas… aunque esperanzas al fin.

Independientemente de la aprobación de un dictamen que, tal como señala México Unido Contra la Delincuencia, no refleja ninguna orientación social y tan solo pone el negocio a la altura a la que pueden alcanzarlo las trasnacionales ávidas de generar millones en ganancias, existen puntos que para cualquier interesado medianamente en el tema siguen motivando risa o reflexión.

De risa loca -no generada por ninguna sustancia psicoactiva- los dichos del senador panista Damián Zepeda, quien sigue horrorizado con la idea de que en este país se apruebe el uso lúdico de una sustancia que ya consumen millones y que antepone a sus reservas argumentos del tipo “estoy en contra de la legalización de las drogas porque no tiene nada de bueno el fácil acceso a jóvenes a que usen una sustancia”, sin reparar en que la regulación, precisamente, controla los puntos de venta y la edad del consumidor, evitando que, tal y como está sucediendo en este instante, menores de edad accedan a un cannabis (por cierto, de pésima calidad) que pone en riesgo la formación de sus sistemas nerviosos y que, por otra parte, constituyen un discurso que desconcierta al poner al descubierto que para el senador, drogas mucho más dañinas y perfectamente legales como el alcohol y el tabaco parecen no crearle la menor preocupación. De la misma manera, deslizar la especie de que habría que preguntarle a la población si está de acuerdo o no con la legalización ratifica que aquello de los derechos igualitarios -como el del libre desarrollo de la personalidad, que ya ejerce el fumador de tabaco o el bebedor de cualquier tipo de alcohol- es tema nunca incluido en la agenda panista.

Por otra parte, el incremento de veintitrés gramos en la portación permitida, al pasar de cinco a veintiocho para cualquier consumidor, es un tema que dará para largos debates entre la ciudadanía, acostumbrada, en el caso del sector consumidor, a transportar con nerviosismo una cantidad francamente irrisoria de mariguana para consumo personal y que de pronto se encontrará con la benéfica comodidad de poder mantener una escala de portación más dotada de sentido común, después de todo ¿quién se pone a averiguar cuántas botellas guarda en casa cualquier bebedor o cuántas cajetillas se fuma diaramente un gustoso del tabaco?

Con todo, el dictamen parece hasta el momento más una simulación que un intento verdadero por alcanzar una regulación justa para el país. Los años siguen pasando, el tema sigue sin resolverse y ahora, para colmo, hasta el Presidente ha mencionado, palabras más, palabras menos, que esos adictos a la mariguana no le gustan. Todo en contra y quizá, como dice la canción, pasarán más de mil años, pero la esperanza muere al último. La mota vive y la lucha ahí sigue… y sigue…y sigue.

@elimonpartido

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