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Tránsito Lento
Por Eduardo Limón
Periodista especializado en cultura. Ha escrito para Nexos, Rolling Stone y La Revista de la Univ... Periodista especializado en cultura. Ha escrito para Nexos, Rolling Stone y La Revista de la Universidad de México, entre otros medios. Ha conducido el programa \\\"Triángulo de Letras\\\" para Canal 22. Actualmente colabora en Ibero Radio, RMX, Excélsior TV y El Heraldo TV. Recibió el Premio Nacional de Locución en 2011 y en 2014 su cuento \\\"El camello de las dos jorobas\\\" ganó el segundo lugar en el Premio Internacional de Libro Animado Interactivo en Español, convocado por Conaculta. Es autor de \\\"Historias Verdes. Conversaciones sobre la mariguana\\\" (2018. Ediciones B, Penguin Random House). (Leer más)
Armando
No sé dónde poner todo lo que ha pasado esta semana. Estoy claro en que la decisión fue tuya y solo tuya y quizá es por ello que algo me atormenta en esta historia ¿por qué hiciste eso, Armando?
Por Eduardo Limón
5 de abril, 2019
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La primera vez que vi a Botellita de Jerez ocurrió cuando estaba en la prepa, no Botellita de Jerez, sino yo. Y ni siquiera estábamos, ni ellos ni yo, dentro sino afuera de la Preparatoria número 6, en Coyoacán. Recargados contra una pared que más adelante se convertía en la reja de la Antonio Caso, el Cucurrucucú, el Mastuerzo y el Uyuyuy se dejaban maquillar mientras los técnicos de Canal Once -el canal once de aquellos años, que administraba como podía un presupuesto raquítico- hacían lo que podían para que los instrumentos sonaran lo más dignamente posible a través de una tecnología que en la televisión cultural de la época pretendía unir lo digno con lo imaginario.

Entre lo imaginario estaba yo, simulando, entre la pequeña multitud que se juntó nomás a ver qué diantres era lo que hacían esos personajes tan extraños, que era fan de una banda medio desconocida que se llamaba Botellita de Jerez. Los tres integrantes me deslumbraron con sus atuendos y actitudes, pero es verdad que lo que más recuerdo de aquella tarde es la cabeza de muñeca encajada sobre los platillos de la batería de Paco Barrios y los pantalones verdes con botonadura charra que llevaba puestos Armando Vega-Gil. Mirarlos aquella tarde me dejó fascinado, pero más me fascinó la frase con la que Armando coronó el toquín: “vamos a protestar para que Canal Once se vuelva el canal de la Prepa 6”.

Así de subversivo y extraño era a veces el tono que empleabas para ser tú, Armando. De esa tarde al momento en el que poco a poco trenzamos una amistad mediaron más de veinte años, pero tú siempre fuiste el mismo: te vi subir al escenario cuando yo no era más que un simple fan y te vi hacerlo cuando ya conocía detalles de tu existencia y de tu forma particular de mirar el mundo. Fuiste un personaje al que admiré como artista y a quien quise como amigo.

No sé dónde poner todo lo que ha pasado esta semana. Estoy claro en que la decisión fue tuya y solo tuya y quizá es por ello que algo me atormenta en esta historia ¿por qué hiciste eso, Armando? Leí que el suicida se coloca por encima del mundo a la hora de acometer su cruel misión y saberlo me pone más mal todavía. ¿Por qué nos metiste en este dolor y tristeza? Este lunes, mirando los rostros de todos aquellos que te lloraban no podía dejar de pensar  ¿por qué provocar a quienes tanto te quisimos todo esto?

Presos del recuerdo de lo que para siempre será la seña de tu partida, no nos queda más. Al final te fuiste y nos reventaste en la cara el peso de tu terrible decisión. Qué horrible será para el futuro sabernos parte de una historia a la que decidiste incorporarle el germen de la tragedia.

Y sin embargo te quiero. Dejaste a tu lado la estela brillante del gran ser humano que fuiste y la impotencia de saber que decidiste, a rajatabla, que nunca más nos volveríamos a ver. Y te reclamo ¿por qué lo hiciste, por qué lo hiciste? Y la pregunta es más pregunta cuando la filtro a través del cariño.

¿A dónde vas, Armando? ¿A afinar tu bajo, a ponerle cuerdas nuevas al ukulele loko que tanto gusta a tu hijo -que es tu niño- y a tantos otros niños? ¿O es acaso que vas presuroso a dar uno de esos talleres literarios que muchas veces no cobras cuando miras en los ojos de algún inscrito sin muchos recursos ese brillo del talento que tú conoces tan bien? ¿A dónde vas, Armandituu querido, tan deprisa? ¿A una tocada de Botellita de Jerez, tu grupo emblema, secundado tu paso a la historia por todos los que guacarroqueando te aplauden y aplaudirán?

¿Es que nada más vas rumbo a la montaña esa que trepabas cuando tenías tiempo, pues te gustaba relajarte trepando, más arriba, más cerca del sol?

Arriba, Armando. Escapaste más arriba y aquí en silencio hoy nos quedamos con tanto y con tan poco, a medio llenar un baúl al que todavía le cabían muchos recuerdos.

¿A dónde vas, Armandito Vega-Gil, que podamos acompañarte, aunque te hayas ido tan lejos?

 

@elimonpartido

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