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Tránsito Lento
Por Eduardo Limón
Eduardo Limón es periodista de cultura. Conduce en Ibero 90.9 fm el programa #Inspiria, todos l... Eduardo Limón es periodista de cultura. Conduce en Ibero 90.9 fm el programa #Inspiria, todos los miércoles. Colabora en TV UNAM dentro de la emisión Perímetro de México. Para Canal 22 ha conducido Triángulo de Letras. Es autor de Historias Verdes, conversaciones sobre la mariguana (2018. Ediciones B, Penguin Random House) y de El camello de las dos jorobas (Conaculta, 2014). En 2011 recibió el Premio Nacional de Locución. (Leer más)
Corazón en tinieblas
Llevo días con el subconciente poblado por las imágenes de Donald Trump despreciando a todos cuantos se encuentran a su alrededor, y sólo puedo pensar en El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad.
Por Eduardo Limón
3 de febrero, 2017
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En uno de sus libros más, digamos, clavados, el escritor Joseph Conrad traza la historia de un ambicioso viaje que, aparentando buscar riquezas materiales, en realidad va en pos del descubrimiento de la maldad profunda. Naturalmente me estoy refiriendo a El corazón de las tinieblas (que en su idioma original, el frío inglés que con los años aprendió el polaco Conrad, en realidad se titula El corazón de la oscuridad), obra considerada clásica entre clásicos. En uno de sus momentos más dramáticos, el del encuentro entre el marinero Charles Marlow, quien ha emprendido un viaje por el Congo con el fin de hallar al ambicioso jefe de una cuadrilla de marfileros llamado simplemente Kurtz, el autor emplea esta frase para irnos preparando a lo que en realidad descubriremos tras la personalidad de aquel hombre oscuro, racista y cruel: “Saque usted a ese pobre diablo del país, y no se moleste en enviarme a otras personas de esta especie. Prefiero estar solo a tener a mi lado la clase de hombres de que ustedes pueden disponer”.

La frase me viene a cuento pues llevo días con el subconciente poblado por las imágenes de Donald Trump despreciando a todos cuantos se encuentran a su alrededor. Desde la pobre Melania, quien el día en que tomó posesión su marido sabrá Dios qué tipo de humillación recibió por parte de él como para producir la cara que todos le vimos en el famoso video que circuló y circuló por youtube, hasta los ademanes con que el POTUS pide y devuelve las horrorosas carpetas negras dentro de las cuales firma y firma órdenes ejecutivas que están tocando millones de vidas, nada hay ni en la actitud ni en el discurso de Trump que mueva a suponer que allá en el fondo, muy en el fondo de su corazón en tinieblas, el dueño de casinos, hoteles, una torre y una universidad (¿?) sea un tipo que valore a sus semejantes. En quince días al frente de los Estados Unidos, ya es lugar común decir que Trump ha dislocado el mundo que conocíamos. A fuerza de tuitazos, gritos, sombrerazos -en su caso, bisoñazos- y asperezas telefónicas, Trump ha demostrado que lo suyo tiene más que ver con Kurtz, el personaje central de la novela de Conrad, que con cualquier líder moralmente solvente de nuestro tiempo.

No sé si se acuerdan, pero al final de “El corazón de las tinieblas” descubrimos que Kurtz en realidad lo odia todo, incluso a los nativos que le adoran. “Acaben con todos”, escribe en el libelo que ojea Marlow, quien así descubre que en realidad ese tipo sólo ha considerado siempre a una sola persona: él mismo.

Qué corazón tan más solo.

Allá ellos quienes suponen que ante un hombre así se puede conseguir algún tipo de acuerdo. Agotada mi mente -y apenas va la primer quincena- con imágenes que reflejan actitudes tan ostensiblemente soberbias, algunas de mis neuronas sólo han atinado a recordar la famosa y mexicanísima frase que hace tiempo leí en no recuerdo qué lugar, pero que advierte con enorme sabiduría popular a quien sepa entenderla: al que se agacha, se lo chingan doble. Baste recordar para ello el manuscrito de Kurtz, y la novela ejemplar en la que llevo pensando toda esta oscura semana.

 

@elimonpartido

 

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