close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Tránsito Lento
Por Eduardo Limón
Periodista especializado en cultura. Ha escrito para Nexos, Rolling Stone y La Revista de la Univ... Periodista especializado en cultura. Ha escrito para Nexos, Rolling Stone y La Revista de la Universidad de México, entre otros medios. Ha conducido el programa \\\"Triángulo de Letras\\\" para Canal 22. Actualmente colabora en Ibero Radio, RMX, Excélsior TV y El Heraldo TV. Recibió el Premio Nacional de Locución en 2011 y en 2014 su cuento \\\"El camello de las dos jorobas\\\" ganó el segundo lugar en el Premio Internacional de Libro Animado Interactivo en Español, convocado por Conaculta. Es autor de \\\"Historias Verdes. Conversaciones sobre la mariguana\\\" (2018. Ediciones B, Penguin Random House). (Leer más)
El canto de la jacaranda
Más allá de que todos quieran fotografiarnos y nos usen como referencia para expresar su amor, me gustaría decir que las jacarandas no somos tan tiernitas, pero eso no es cierto.
Por Eduardo Limón
15 de marzo, 2019
Comparte

De entrada, padezco una bronca monumental: me llaman jacaranda y con ese nombre todo mundo piensa que soy un vegetal cursi, pero no debiera ser así. Para empezar soy uno de los árboles existentes más firmes tanto en ramaje como en constitución del tronco. Mis estaturas -que varían dependiendo de la especie- nunca son menores a los dos metros (lo cual me hace rebasar hasta en mis versiones más enanas al promedio de estatura de cualquier ser humano) y existen registros que hablan de congéneres que han llegado a ser más altos que el más alto edificio de la cuadra en que hayan nacido: de veinticinco a treinta metros.  

Mi origen tuvo lugar lejos de aquí, pero no tanto. De Sudamérica para acá no media más que un lento transitar de semillas transportadas a través de las eras por el viento, las patas de algunas aves y el camino paciente que trazan los insectos. Los humanos que me vieron por primera vez hace siglos rápidamente se dieron cuenta de una de mis principales características (posiblemente ustedes ya lo sabían, pero la madera de mi cuerpo despide un aroma muy agradable) y decidieron llamarme hakuã, que después mutó a jacarandá y que en lengua guaraní significa algo así como “perfumada” o “fragante”. Quizás ahí comenzó el problema: todos suponen que debido a mi esencia soy por fuerza una delicada planta que comparte sus humores para propagar arrumacos y romance.

Durante los años cincuenta Los Tres Ases hicieron famosa una canción (que naturalmente se llama “Jacaranda”), que en un momento dice “te quiero por el dulce que llevas en los labios” y “por tu pelo de oro que brilló aquella noche a la luz de tus ojos de jacaranda”. La banda francesa de trip hop Bumcello ha recibido aplausos por una baladita bautizada también “Jacaranda” que, adivinaron, es dulce y relajada, y algún poeta ha dicho que gracias a mi condición de jacaranda tengo “semillas sanas y tortolitas en las ramas”. Qué horror. Ni qué decir sobre la canción de Los Tres Reyes “Jacarandosa”, que independientemente de su genial solo de requinto y el buen humor de su letra, me provoca unas ganas irrefrenables de haber nacido nogal o cactácea.

Más allá de que todos quieran fotografiarnos y nos usen como referencia para expresar su amor, me gustaría decir que las jacarandas no somos tan tiernitas, pero eso no es cierto.

Me gustaría hablar de peligros si alguien se nos acerca, de venenos, pero eso no es posible. Somos tan jacarandas que no nos queda de otra más que asumir que para casi todo el mundo somos árboles bellos. Ni hablar.

Por eso no entiendo que algunos me miren con tanto odio, sobretodo al llegar la primavera, cuando sacan escobas y jergas para insultarnos bajito mientras retiran nuestras hojas que, dicen, manchan calles, toldos y parabrisas.

Yo querría ser jacaranda ruda. Me encantaría que en las ramas de mi cuerpo anidaran pájaros peligro, pero eso no sucederá.

No me queda más que asumir que me tocó ser vista con romanticismo, sobretodo cuando cae la tarde y entender que mi destino es proyectar mi sombra bajo historias enamoradas y tolerar que las parejas suspiren al pasar debajo mío.

Nadie sabe que en realidad tengo el corazón duro de madera, que mi savia es miel pegajosa que podría ahogarte y mis raíces poderosos tentáculos que un día levantarán tu casa. Nadie sabe la rudeza de esta jacaranda que ni es sensible ni es jacarandosa. La gente sólo sabe, qué remedio queda, que soy una planta grande, robusta. Bella.

Y mi canto, que nadie oye, cae a través de mil flores por el mundo, tiñendo de violeta las banquetas.

@elimonpartido

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte

¡Muchas gracias!


Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.