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Tránsito Lento
Por Eduardo Limón
Eduardo Limón es periodista de cultura. Conduce en TV UNAM las cápsulas semanales El ritual de ... Eduardo Limón es periodista de cultura. Conduce en TV UNAM las cápsulas semanales El ritual de los días, dedicadas al año de confinamiento. Colabora en Ibero 90.9 fm, conduciendo todos los miércoles el programa Inspira. Para Canal 22 ha conducido Triángulo de letras. Es autor de Historias Verdes, conversaciones sobre la mariguana (2018. Ediciones B, Penguin Random House) y de El camello de las dos jorobas (Conaculta, 2014). En 2011 recibió el Premio Nacional de Locución. (Leer más)
El nudo
Vivimos un momento del mundo cuyo entramado semeja el mejor/peor nudo que podríamos imaginar: por un lado están las cifras de muertes, y por el otro la percepción cada vez más generalizada por parte de la ciudadanía en el sentido de que la pandemia se acerca a nuestras vidas.
Por Eduardo Limón
29 de enero, 2021
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No se puede desatar un nudo sin saber cómo se hizo.

Anónimo

 

En la tradición Scout, la hechura de los nudos entraña una experiencia que requiere un alto grado de especialización. No basta con tener la habilidad suficiente para hacerlos, es necesario saber para qué se ocupa y en qué puede ser útil cada amarre. Quien comprende un nudo se puede convertir en un magister del enredo en cuerda y a la vez en el personaje mejor capacitado para, llegado el momento, poderlo deshacer. En la milenaria tradición del nudo (milenaria en verdad: los primeros nudos registrados en la historia provienen de la cultura sumeria, pionera en el manejo de las cuerdas que pretendían mantener junto a la tribu a los primeros animales, convertidos en imprescindibles, desde el momento en que nos volvimos sedentarios), es tan útil el método como la máxima filosófica que recorre su producción: entre más se jalan los hilos más se apretará el nudo.

Vivimos un momento del mundo cuyo entramado semeja el mejor/peor nudo que podríamos imaginar: por un lado están las cifras de muertes —las oficiales, dadas a conocer tradicionalmente con todas las reservas del caso por la administración federal, y las de franco escándalo que esta semana reveló el INEGI— y por el otro, la percepción cada vez más generalizada por parte de la ciudadanía en el sentido de que la pandemia se acerca a nuestras vidas. Cada vez son más y más quienes saben de alguien o conocen directamente a alguien enfermo de Covid, con toda la intranquilidad e incertidumbre que ello implica. A mayores posibilidades, mayor estrés: hace meses la impresión general (por supuesto, no en todos los casos) era que la pandemia azotaba las vidas de desconocidos que se movían en caminos muy distantes de nuestra vida cotidiana y hoy prácticamente todos los días nos enteramos de algún amigo cercano, gente querida o familiares atrapados súbitamente por el centro mismo del nudo que entraña la pandemia.

Cuando Alexis de Tocqueville (el célebre pensador y político francés que donó al mundo las primeras ideas sobre la practicidad del liberalismo) dedicó parte de su obra a reflexionar sobre la esencia de la vida, cayó en la cuenta de que la existencia no es solo placer o solo sufrimiento, sino una especie de negocio muy importante cuya administración eficiente implica la misión más seria y trascendental. Tocqueville se fue de este mundo cuando aún faltaban ciento sesenta años para esta pandemia del siglo veintiuno, pero su dicho hoy adquiere particular relevancia si se establece que administrar eficientemente la vida en estos momentos pasa, entre otras cosas, por no permitir que el nudo nos atrape y, si infortunadamente ello sucede, poner todo el empeño y habilidad en deshacerlo. Como se dice en el mundo contemporáneo: no queda de otra.

@elimonpartido

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