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Tránsito Lento
Por Eduardo Limón
Eduardo Limón es periodista de cultura. Conduce en Ibero 90.9 fm el programa #Inspiria, todos l... Eduardo Limón es periodista de cultura. Conduce en Ibero 90.9 fm el programa #Inspiria, todos los miércoles. Colabora en TV UNAM dentro de la emisión Perímetro de México. Para Canal 22 ha conducido Triángulo de Letras. Es autor de Historias Verdes, conversaciones sobre la mariguana (2018. Ediciones B, Penguin Random House) y de El camello de las dos jorobas (Conaculta, 2014). En 2011 recibió el Premio Nacional de Locución. (Leer más)
El otro Borges
Este domingo, el mundo literario conmemora un aniversario más del fallecimiento de Jorge Luis Borges, quien dejó al continente huérfano de su mejor escritor, acaso la voz más contundente para "contar el mundo, que está escribiéndose siempre".
Por Eduardo Limón
12 de junio, 2020
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Cuénteme de su Dios: debe ser tan lindo tener fe.

Jorge Luis Borges

 

Ya ciego, Jorge Luis Borges recibió alguna tarde de principios de los ochenta a un periodista que debería hacerle una larga entrevista que buscaría recabar para la posteridad todas las minucias posibles sobre la compleja personalidad del escritor en español más notable de todos los tiempos, acaso solo al lado de Miguel de Cervantes.

La entrevista transcurrió con el orden habitual, hasta que en algún momento, ya muy adentrados en la conversación, el entrevistador acompañó alguna de sus preguntas con un inesperado “si Dios quiere”, que transformó en el acto la actitud hasta ese momento educada pero discreta, reservada, del escritor, quien dedicó los siguientes minutos a escudriñar el marco espiritual de quien hasta ese momento le entrevistaba. La anécdota -que aquí solo parafraseo, obviando seguramente un cúmulo de detalles- cuenta que el periodista, un poco abrumado, trató en vano de reencaminar la charla por el camino de la obra y personalidad de Borges, el tema que realmente le interesaba. Palabras más, palabras menos, se dice que Borges, amable y sonriente, dejó a un lado su bastón para tomar las manos de su entrevistador y pedirle que le hablara de su Dios. Vino entonces la frase que contuvo todo aquel momento: “debe ser tan lindo tener fe”.

Este domingo, el mundo literario conmemora un aniversario más del fallecimiento de Jorge Luis Borges, quien murió víctima de cáncer y problemas respiratorios que fueron agravándose con los años, pero que sobretodo dejó al continente huérfano de su mejor escritor, acaso la voz más contundente para “contar el mundo, que está escribiéndose siempre”, como decía Marguerite Yourcenar. Existe una lápida en el cementerio Plainpalais de Ginebra escrita en el inglés antiguo que el literato dominaba. Bajo la frase “And ne forhtedon na” (cuyas diversas traducciones podrían significar “Que no temieran” o “Que no temieron”) descansan los restos del autor de ensayos, cuentos relevantísimos y poesía profundamente personal, cuyo estilo e inventiva renovaron las corrientes latinoamericanas. Descansan también los restos de un personaje central de la cultura y de un ser humano que, siendo profundamente ateo, se acostumbró desde niño a ir a la cama rezando antes un Padre Nuestro.

Un hombre trabajado por el tiempo,
un hombre que ni siquiera espera la muerte
(las pruebas de la muerte son estadísticas
y nadie hay que no corra el albur
de ser el primer inmortal),
un hombre que ha aprendido a agradecer
las modestas limosnas de los días:
el sueño, la rutina, el sabor del agua,
una no sospechada etimología,
un verso latino o sajón,
la memoria de una mujer que lo ha abandonado
hace ya tantos años
que hoy puede recordarla sin amargura,
un hombre que no ignora que el presente
ya es el porvenir y el olvido,
un hombre que ha sido desleal
y con el que fueron desleales,
puede sentir de pronto, al cruzar la calle,
una misteriosa felicidad
que no viene del lado de la esperanza
sino de una antigua inocencia,
de su propia raíz o de un dios disperso.

Sabe que no debe mirarla de cerca,
porque hay razones más terribles que tigres
que le demostrarán su obligación
de ser un desdichado,
pero humildemente recibe
esa felicidad, esa ráfaga.

Quizá en la muerte para siempre seremos,
cuando el polvo sea polvo,
esa indescifrable raíz,
de la cual para siempre crecerá,
ecuánime o atroz,
nuestro solitario cielo o infierno.

 “Alguien” (Jorge Luis Borges).

@elimonpartido

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