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Tránsito Lento
Por Eduardo Limón
Periodista especializado en cultura. Ha escrito para Nexos, Rolling Stone y La Revista de la Univ... Periodista especializado en cultura. Ha escrito para Nexos, Rolling Stone y La Revista de la Universidad de México, entre otros medios. Ha conducido el programa \\\"Triángulo de Letras\\\" para Canal 22. Actualmente colabora en Ibero Radio, RMX, Excélsior TV y El Heraldo TV. Recibió el Premio Nacional de Locución en 2011 y en 2014 su cuento \\\"El camello de las dos jorobas\\\" ganó el segundo lugar en el Premio Internacional de Libro Animado Interactivo en Español, convocado por Conaculta. Es autor de \\\"Historias Verdes. Conversaciones sobre la mariguana\\\" (2018. Ediciones B, Penguin Random House). (Leer más)
El Triste
En los anales de la prensa de espectáculos quedará para la historia el caos en el que se convirtió la noticia de que, sencillamente, nadie, salvo un círculo reducidísimo de gente alrededor del personaje estelar, sabía a ciencia cierta en dónde se encontraban sus restos.
Por Eduardo Limón
4 de octubre, 2019
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Amo al pueblo de México. Ellos son mi familia.

José José

 

Trenzada la historia tras su muerte en una suerte de telenovela extrañísima que solo podría haberse cocinado en este país empleando esa clase de ingredientes (la hermana mala, malísima, en contra de los hermanos buenos, quienes vivieron el calvario desconcertante que millones seguimos a través de la televisión, los dimes y diretes, la furiosa conferencia de prensa que ya denotaba un hartazgo que muy posiblemente precedía acciones legales y los posteriores y aún más desconcertantes besos y abrazos entre los bandos que hacía tan solo unos cuantos minutos decían odiarse, etc, etc) que se dan tan bien en nuestra tierra, la zona pop del país concluye una de las más peculiares y desgastantes semanas de que haya tenido noticia en los últimos años.

No existe registro de un homenaje a ídolo ninguno en México precedido por tanto escándalo. Ni siquiera en el caso de Juan Gabriel -ya complejo de por sí- las condiciones alrededor de la decisión de finalmente traerlo al país se vieron afectadas por tal cúmulo de desorden. Sí, como decía Frank Sinatra, uno de los más dulces motivos para brindar era hacerlo por la confusión de los enemigos, en el caso de lo que durante estos días sucedió con el cadáver del más grande intérprete de música romántica que haya tenido el país en realidad no apuntaba a ningún contrincante, a no ser que la familia del intérprete supusiera que los millones de admiradores de su padre eran el enemigo, cosa que evidentemente resulta improbable.

Pasó lo que pasó y en los anales de la prensa de espectáculos quedará para la historia el caos en el que se convirtió la noticia de que, sencillamente, nadie, salvo un círculo reducidísimo de gente alrededor del personaje estelar, sabía a ciencia cierta en dónde se encontraban sus restos. Como en la trama de una gran novela de absurdos, en la que con cada nueva información lo único que sucedía era que el desastre se acrecentaba, las noticias con las que la fuente de espectáculos retacó sus contenidos durante estos días deberán ser materia para que cronistas serios del futuro, a guisa de nuevos Carlos Monsiváis, Germanes Dehesas o Marco Antonios Almazán cuenten para las generaciones venideras lo que sucedió con el gran José José nada más haberse anunciado su muerte y posterior ocultamiento.

El país ha construido un doloroso expertise en despedidas dolorosas de ídolos a lo largo de las décadas. De Pedro Infante al ya mencionado Juan Gabriel, pasando por una cauda que incluye las figuras de Mario Moreno Cantinflas, El Santo y José Alfredo, entre muchos otros, el hecho es que en ningún momento de la historia se había dado el caso de que el luto tuviera que esperar tanto tiempo para por fin (es lo que se espera) poder canalizarse en forma de llanto abierto frente al féretro del artista adorado. Al día de hoy, todo hace suponer que ahora sí, ahí vienen los restos de José José, pero la verdad es que en el fondo todo hace suponer que de lo único que podemos estar seguros es de que nadie está seguro.

“Yo nunca he dividido a José José de José Sosa pues somos la misma persona. Todos tenemos problemas por superar en la vida. Lo único que yo le he pedido a Dios es equilibrio, conciencia de que no debo seguirme lastimando cuando algo no está bien en mi vida íntima porque un día podría terminar muy mal. No quiero dejarle a mis hijos el recuerdo de haber desaparecido porque algo no supe controlar en la vida”, declaraba el intérprete añorado a Verónica Castro en 1988. Resulta curioso validar, treinta y un años después, que quienes de alguna manera no supieron controlar el revuelo que ha sobrevenido luego de la desaparición del cantante han sido, precisamente, sus hijos.

@elimonpartido

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