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Tránsito Lento
Por Eduardo Limón
Periodista especializado en cultura. Ha escrito para Nexos, Rolling Stone y La Revista de la Univ... Periodista especializado en cultura. Ha escrito para Nexos, Rolling Stone y La Revista de la Universidad de México, entre otros medios. Ha conducido el programa \\\"Triángulo de Letras\\\" para Canal 22. Actualmente colabora en Ibero Radio, RMX, Excélsior TV y El Heraldo TV. Recibió el Premio Nacional de Locución en 2011 y en 2014 su cuento \\\"El camello de las dos jorobas\\\" ganó el segundo lugar en el Premio Internacional de Libro Animado Interactivo en Español, convocado por Conaculta. Es autor de \\\"Historias Verdes. Conversaciones sobre la mariguana\\\" (2018. Ediciones B, Penguin Random House). (Leer más)
Elogio de Keith Richards
Icono de una época, pieza fundacional del rock contemporáneo, Keith Richards se irá algún día, pero en el camino dejará una obra que ratificará, por los siglos y los siglos que sucederán a la extinción de los Rolling Stones, a través de los relatos biográficos que ha publicado.
Por Eduardo Limón
21 de diciembre, 2018
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Hacerse viejo es un asunto fascinante: cuanto más mayor te haces, más mayor quieres ser.

Keith Richards

 

Esta semana Keith Richards llegó a los 75 años de edad. Si tomamos en cuenta que en su célebre Life (relato biográfico publicado originalmente en 2010 por la casi tan antigua como él Little, Brown and Company, mismo que le costó meses y meses de largas entrevistas con el periodista James Fox, amigo personal desde la época en que los Stones giraban largamente por todo Estados Unidos), el músico narra cómo su abuelo materno Gus le enseñó a tocar la guitarra cuando contaba alrededor de nueve años de edad, resulta que el coautor -entre cientos más- de Torn and Frayed, la cuasi desconocida canción que lo retrata incluida en el Exile on Main Street, lleva sesenta y seis años o lo que es lo mismo, más de veinte mil días dándole con azul pasión al instrumento de sus amores. Basta mirar en cualquier fotografía reciente la apariencia de sus manos -más aún: el estado de sus dedos- para corroborar que, como pasa con toda pasión, la que enciende la música también cobra alto sus servicios.

“Nunca me olvidaré de la guitarra que había sobre la tapa del piano de pared; allí estaba siempre cuando iba de visita a casa de Gus desde los cinco años más o menos. Yo pensaba que ese era su sitio, que siempre estaba allí, y me limitaba a mirarla, y él no me decía nada; al cabo de unos años todavía seguía mirándola. `Cuando hayas crecido lo suficiente para llegar hasta donde está te dejo que hagas la prueba´, me prometió. No supe hasta después de su muerte que sólo la sacaba y la ponía allí arriba cuando sabía que yo iba a ir de visita”.

La anécdota -tomada del libro de referencia- sirve de base para otro material, este dedicado al público infantil llamado Gus & Me, the story of my granddad and my first guitar que apareció en 2014 y cuyas ilustraciones fueron realizadas por Theodora Richards, cuarta hija del guitarrista, así bautizada precisamente en homenaje a su bisabuelo, Theodore Augustus Dupree. En él, Richards narra la forma en que aquel hombre, amante a partes iguales tanto de la música como de las mujeres, más violinista que guitarrista, le fue explicando los rudimentos sonoros necesarios para cumplirle a las cuerdas. “Cuando aprendas a tocar Malagueña (no la salerosa, sino la que en 1933 compuso Ernesto Lecuona) podrás tocar cualquier cosa”. Le dijo. Y bueno, he aquí que Keith aprendió. Al día de hoy, todos sabemos que no existe asociación más longeva en la historia del rock que la que han establecido desde que la Tierra estaba caliente The Rolling Stones.

“Puedo dormir en mis laureles. Creo que ya he provocado revuelo más que suficiente en esta vida y puedo vivir con ello (…). Pero esa palabra, retirarse…me retiraré cuando estire la pata. Se nos critica mucho porque ya somos viejos (…), por lo visto, los roqueros blancos ya no deben ejercer a nuestra edad. Pero yo no sigo en la brecha porque quiera hacer discos o ganar dinero. Estoy aquí para decir algo y para llegar a la gente”.

Icono de una época, pieza fundacional sin la cual no se comprende el rock contemporáneo e indiscutible representante de una forma de vivir basada primordialmente en la libertad, Keith Richards se irá algún día -“enmedio de una gran bola de fuego antes de desaparecer” como declaró a principios de los dos miles-, pero en el camino dejará una obra que ratificará, por los siglos y los siglos que sucederán a la extinción de los Rolling Stones, que el amor con que siempre produjo su música tuvo que ver directamente con su frase genial: “la gente se equivoca, yo no envejezco: evoluciono”.

Que Keith Richards siga evolucionando por mucho, mucho tiempo más.

 

@elimonpartido

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