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Tránsito Lento
Por Eduardo Limón
Periodista especializado en cultura. Ha escrito para Nexos, Rolling Stone y La Revista de la Univ... Periodista especializado en cultura. Ha escrito para Nexos, Rolling Stone y La Revista de la Universidad de México, entre otros medios. Ha conducido el programa \\\"Triángulo de Letras\\\" para Canal 22. Actualmente colabora en Ibero Radio, RMX, Excélsior TV y El Heraldo TV. Recibió el Premio Nacional de Locución en 2011 y en 2014 su cuento \\\"El camello de las dos jorobas\\\" ganó el segundo lugar en el Premio Internacional de Libro Animado Interactivo en Español, convocado por Conaculta. Es autor de \\\"Historias Verdes. Conversaciones sobre la mariguana\\\" (2018. Ediciones B, Penguin Random House). (Leer más)
Hombre en la Luna
Antes de que la idea de un motor explosivo irrumpiera en nuestra cultura, ya había humanos que presentían que un día daríamos un pequeño paso en escala hombre y un gran salto en escala humanidad.
Por Eduardo Limón
19 de julio, 2019
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If you believed they put a man on the moon, man on the moon

If you believe there’s nothing up his sleeve, then nothing is cool.

Man on the moon (R.E.M.)

 

Los padres de una buena parte de quienes pertenecemos a la generación que nació justo en el vórtice que implicó la llegada del hombre a nuestro satélite natural deben contarlo igual: ahí estabas tú, en la cuna puesta a un lado de la cama mientras la televisión proyectaba el momento justo en el que la humanidad daba un salto cuántico sobre las fronteras de la evolución y la frase de Neil Armstrong (que hoy sabemos, llevaba practicadísima desde la Tierra, donde la ensayó y ensayó semanas antes del alunizaje) tomaba personalidad histórica y alma espacial. Recién llegabas al planeta y quiso el universo que, por alguna razón misteriosa, te tocara caer en la historia del mundo en el momento justo en el que esta inmensa tribu de antropoides muy extraños –a la que justamente perteneces- había conseguido, con tan solo unos cuantos miles de años de evolución a cuestas, poner un pie sobre el arenoso terreno del distante lugar más cercano a nuestro hogar común en el espacio. De alguna manera, esos homínidos equipados con la locura de la conciencia habían conseguido crear un barco alargado de fuego, cuya quemazón supo llegar a nuestra vecina interestelar.

Bueno. Quizá nuestros padres no nos lo contaron precisamente así, pero tratándose de hablar de la Luna ¿quién podría resistir la tentación de ponerse poético?

Fue Julio Verne el primer autor que figuró un plan maestro para llegar a la Luna. En la historia que creó, una especie de bala gigantesca construida bajo los auspicios del Pen Club que retrata en su novela, tardaría realmente muy poco tiempo en posarse sobre la Luna sin mayores artificios tecnológicos que el empeño. Tan solo unos treinta y cinco años después de la aparición de De la Tierra a la Luna (originalmente publicada en 1865), otro autor igualmente genial empleó el naciente cinematógrafo para soñar con una posibilidad juguetona y poderosamente imaginativa de llegar ahí. La obra de George Méliés Viaje a la Luna sigue siendo punto referencial para comprender cómo esa idea de tocar nuestro satélite nos había obsesionado desde siempre. Cuatro siglos antes de Verne y Méliès (quien estrenó su histórica película en 1902), un tipo de talento desbordado para prácticamente cualquier disciplina (fue ingeniero, pintor, gastrónomo, músico, filósofo e inventor, entre otras cosas) apellidado da Vinci dedicó meses a imaginar una especie de insecto gigantesco que pudiera llegar a las estrellas. Antes de que la idea de un motor explosivo irrumpiera en nuestra cultura, ya había humanos que presentían que un día daríamos un pequeño paso en escala hombre y un gran salto en escala humanidad.

Hoy no es día de escuchar a los necios que sostienen que la llegada del hombre a la Luna no ocurrió nunca, pues explicarles que cada pequeñísimo elemento de sus teléfonos celulares es heredero directo de la tecnología que pobló el Apolo 11 resulta ocioso. Mejor que sea día de mirar hacia la negrura infinita del espacio mientras pensamos que si uno no es capaz de creer que logramos poner un hombre en la Luna en realidad no es capaz de creer en nada.

En julio de 1969 esta especie rarísima que somos elevó el sueño de nuestros antepasados a ese plano casi mágico en el que posarse en cualquier otro lugar del universo se convirtió en histórica realidad. Hoy sabemos de cierto que la Luna no es de queso y también que el largo viaje que emprendimos para llegar a ella se encuentra recubierto con el polvo de nuestra verdad más misteriosa: la tenacidad.

@elimonpartido

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