El hombre que vive con su gato - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Tránsito Lento
Por Eduardo Limón
Eduardo Limón es periodista de cultura. Conduce en Ibero 90.9 fm el programa #Inspiria, todos l... Eduardo Limón es periodista de cultura. Conduce en Ibero 90.9 fm el programa #Inspiria, todos los miércoles. Colabora en TV UNAM dentro de la emisión Perímetro de México. Para Canal 22 ha conducido Triángulo de Letras. Es autor de Historias Verdes, conversaciones sobre la mariguana (2018. Ediciones B, Penguin Random House) y de El camello de las dos jorobas (Conaculta, 2014). En 2011 recibió el Premio Nacional de Locución. (Leer más)
El hombre que vive con su gato
Fue el tiempo, junto con las obsesivas y rápidas miradas que yo echaba al pasar a un lado, el que me confirmó que el banquito -y una manta pequeña que aquel hombre suele ponerse sobre las piernas, además del gato, obviamente- salía también del automóvil.
Por Eduardo Limón
23 de junio, 2017
Comparte

– Y he aquí que tales maravillas le fueron reveladas al Ángel que bajó a la Tierra en el inicio de los tiempos: “vivirás dentro de un mundo loco, donde loca estará toda la gente”.

(Anónimo)

 

No tengo idea cuándo llegó ahí ni cómo apareció. A lo mejor ya vivía sobre la calle que hace esquina con mi casa mucho antes que yo llegara. O quizá se ubicó ahí hace un año, o dos. Naturalmente no voy a decir a qué calle me refiero, pues revelaría a todos dónde encontrar al hombre que vive con su gato dentro de un auto.

Al principio, cuando tomé conciencia de que aquel hombre efectivamente salía de ahí, del auto desvencijado, me resistí a creerlo. Pensaba, al mirarlo por las mañanas ya sentado sobre un banquito alto que diariamente ponía junto a su coche-casa (eternamente estacionado junto a un árbol viejo de tronco grueso que les da buena sombra): “no manches, no pudo haber pasado toda la noche dentro de ese auto pequeñito, y menos aún puede ser que ese gato resista el encierro. ¿O será que el gato ama los dos por tres metros y tantito que forman su hogar?”.

Fue el tiempo, junto con las obsesivas y rápidas miradas que yo echaba al pasar a un lado, el que me confirmó que el banquito -y una manta pequeña que aquel hombre suele ponerse sobre las piernas, además del gato, obviamente- salía también del automóvil. Una tarde al regresar del super, me di cuenta que el interior del auto se encontraba protegido de las miradas curiosas como la mía gracias a un juego de cortinas negras que cubrían con contundencia cada una de las ventanas, salvo la del frente, que mostraba no más que un volante craquelado por la continua exposición al sol, ubicado donde suelen estar todos los volantes del mundo, frente a un par de asientos, en este caso ya muy viejos, tras los cuales se levantaba un grueso muro de telas negras. ¿Qué caminos habrá recorrido aquel auto en otros tiempos? Un coche pequeño, modelo quizá noventero, color rojo oxidado, de una raza que yo no podría especificar, porque nunca he sido bueno para identificar la raza de los coches.

Lo que sí que identifiqué fue el vínculo que con su mascota tiene el hombre que vive dentro de su auto con un gato. Gato esponjudo, le he bautizado. Abundante pelaje color café claro, con pecho y patas delanteras envueltas en peluche blanco. El gato esponjudo tiene cara de haber hecho pocos amigos en la vida: gatos, poquísimos. Humanos, por lo visto, sólo uno.

Del único amigo humano del gato esponjudo hay poco que decir: un hombre menudo, cabello corto, tez morena, que diariamente calza chanclas y lleva puestos pantalones ligeros y playera común y corriente sin ningún estampado. Tiene la cara un poco triste, pero le he visto sonreír cuando abraza a su gato, o lo mira ponerse panza arriba mirando el sol al lado del árbol que, sembrado hace años sin saber, hoy se ha convertido en su micro jardín.

Un día desapareció de la esquina el hombre que vive dentro de un auto con su gato. No más coche rojo oxidado, no más gato esponjudo saludando con su mirada de ermitaño el paso de los transeúntes. Me desconcertó un poco. Ahí estaba el lugar vacío y el árbol abandonado. No sé porqué, pero lo sentí mucho.

Sin embargo, la vida tiene sus caminos, y el humor de Dios, si existe (y me refiero tanto a Dios como a su humor), debe ser un poco inglés, pues hace unos tres días, caminando de regreso sobre la calle que hace esquina con mi casa, descubrí, con el agrado con el que se reciben las noticias buenas, que ahí estaba de vuelta: el hombre que vive con su gato había cambiado de auto. Y lo sustituyó por una camioneta. Una Van (por alguna razón, esa raza sí me la sé). Color morado oscuro. Una camioneta en buen estado. Estacionada nuevamente al lado del árbol viejo. Vi al gato esponjudo sobre la capota (o el techo, o como se llame), mirando desde arriba el mundo donde sólo tiene un amigo, que es el dueño de esta camioneta, quizá tampoco muy nueva, pero sí mucho más reluciente.

Ayer pasé al lado de la Van cuando era casi la hora de la comida. Ahí estaba. Gato esponjudo bajo la puerta deslizable entreabierta, limpiándose las patas de peluche blanco con el placer con que suelen limpiarse las patas los gatos esponjudos que han vuelto a su hogar, a su barrio y a la rutina. El hombre menudo no estaba ahí, al lado sólo el banquito. De pronto, lo vi salir por entre flamantes cortinas negras que nuevamente ocultan el interior de lo que ahora debe ser mansión. Cargaba en un brazo una pequeña silla con respaldo y en la otra un panel solar, que apuntó hacia el brillo extremo del mediodía.

Anoche soñé con un mar que navegaba el hombre que vive en una camioneta con su gato. Ahí iban ambos, hombre y gato, remando dentro del vehículo presurosos, ocupando decididos los asientos del frente. Ni en el sueño tuve idea de adónde se dirigían y peor, de dónde vendrían.

Me levanté pensando que a veces cada historia de hombres solos que viven con su gato tiene su propio encanto y oculta con elegancia su personal misterio.

 

@elimonpartido

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.