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Tránsito Lento
Por Eduardo Limón
Eduardo Limón es periodista de cultura. Conduce en Ibero 90.9 fm el programa #Inspiria, todos l... Eduardo Limón es periodista de cultura. Conduce en Ibero 90.9 fm el programa #Inspiria, todos los miércoles. Colabora en TV UNAM dentro de la emisión Perímetro de México. Para Canal 22 ha conducido Triángulo de Letras. Es autor de Historias Verdes, conversaciones sobre la mariguana (2018. Ediciones B, Penguin Random House) y de El camello de las dos jorobas (Conaculta, 2014). En 2011 recibió el Premio Nacional de Locución. (Leer más)
Humo
Lo extraño es saber que portas en el torrente sanguíneo un auténtico basurero de micro piedrecitas cochinísimas y no pareces resentir los efectos de respirar basura desde hace años.
Por Eduardo Limón
17 de mayo, 2019
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La contingencia ambiental en la Ciudad de México: una cortina de humo que sí se ve.

  (De la cuenta @atomicdarinka)

 

En la espléndida novela “La carretera”, del alguna vez indigente Cormac McCarthy, la ficción plantea una historia que parte de algún tipo de hecatombe ecológica que ha ocurrido en el planeta. Los protagonistas de la historia -un padre, acompañado de su pequeño hijo de siete años- siguen el trazo precisamente de una carretera, tratando de llegar a un lugar en el que les brinden ayuda. El camino lo recorren cruzando una Tierra apocalíptica: árboles quemados, ausencia total de pájaros y animales de otras especies, silencio y sobretodo, la presencia constante de una neblina espesa, que tiñe todo de gris y hace que respirar se convierta en un ejercicio pesado.

McCarthy describe la luz de los días que recorren su novela de una forma magistral: “oscuridad de la luna invisible. Las noches ahora solo un poco menos negras. De día el sol proscrito circunda la tierra cual madre afligida con una lámpara”.

Algo así se siente al mirar por estos días el cielo de la ciudad. Y no que uno sea de los que se quejan. Si naciste en este lugar, estás acostumbrado quieras o no a la contaminación: i’m singing in the acid rain. No tienes idea de lo que es respirar limpio. Desde niño has escuchado hablar de contaminación. Smog, Hoy no circula, Imecas, partículas suspendidas son conceptos que has acumulado en la cabeza por décadas y desde que llegaste a la vida sabes que la comprensión mayor o menor que tengas de todos o de cualquiera de ellos te llevará, irremediablemente, a confirmarte una verdad absolutamente citadina: vives en un lugar donde respiras un mugrero desde siempre.

Lo extraño es saber -porque es cierto, porque esas cosas no se pueden cambiar- que portas en el torrente sanguíneo un auténtico basurero de micro piedrecitas cochinísimas y no pareces resentir los efectos de respirar basura desde hace años.

Ojos rojos, sí. Sequedad de boca, sí. Sensación de que traes los ojos secos, sequísimos, también. Recuerdos de toda la vida y de todas las épocas, desde la que signa una portada del viejo Proceso, el que dirigía Julio Scherer, cabeceando algo así como “negligencia criminal” sobre la fotografía de una ciudad ennegrecida hasta el recuerdo de la tarde de 1982 (¿o sería 1983?) en que sobre algunas zonas de la ciudad el smog derrumbó el vuelo de cientos de pájaros que súbitamente cayeron muertos.

No querríamos ver la ciudad alumbrada por un sol que parece pedir permiso a la neblina, pero así es. Años han pasado y cada respiración es un evento de moléculas requemadas. Sistemas respiratorios eternamente exigidos y la certeza: tenemos la vida entera respirando sucio. Siempre.

@elimonpartido

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