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Tránsito Lento
Por Eduardo Limón
Eduardo Limón es periodista de cultura. Conduce en Ibero 90.9 fm el programa #Inspiria, todos l... Eduardo Limón es periodista de cultura. Conduce en Ibero 90.9 fm el programa #Inspiria, todos los miércoles. Colabora en TV UNAM dentro de la emisión Perímetro de México. Para Canal 22 ha conducido Triángulo de Letras. Es autor de Historias Verdes, conversaciones sobre la mariguana (2018. Ediciones B, Penguin Random House) y de El camello de las dos jorobas (Conaculta, 2014). En 2011 recibió el Premio Nacional de Locución. (Leer más)
La suerte de los feos
Dicen que los feos tenemos suerte. No es cierto. Llevo años en peligro de extinción y nadie nunca dona un solo centavo para preservar mi especie. La misma triste fortuna que comparto con la rata desnuda, el calamar de bocaza y la rana púrpura.
Por Eduardo Limón
9 de junio, 2017
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Qué tal. Permítanme presentarme: mi nombre científico es Psychrolutes marcidus. Como sé que ese apelativo rarísimo no les va a decir nada sobre quién soy, prefiero presentarme con el nombre con el que me conocen entre mis pocos (poquísimos) cuates: Pez borrón. Permítanme de igual manera agregar algo más sobre mí: soy el animal más feo del mundo. Parecido a una gelatina hecha con pálidas fresas caducas que se comió Jabba the Hutt, mi función en la naturaleza consiste en mantener estable la población de crustáceos de aguas profundas que son mi alimento favorito. Como casi no peso -gracias a la masa gelatinosa que conforma mi cuerpo hinchado, carente por completo de músculos- la vida se me va flotando por entre las aguas más hondas de los mares australianos, mi hábitat, literalmente esperando a ver qué cae dentro de mi boca ancha y gomosa.

Por esta semana tomo el espacio del compañero Limón sólo para lanzar desde aquí una serie de reflexiones que serán -como es el caso entre los peces que habitamos aguas abisales- bien profundas.

La primera tiene que ver con eso que dicen acerca de que los feos tenemos suerte. No es cierto. Llevo años en peligro de extinción y nadie nunca dona un solo centavo para preservar mi especie. La misma triste fortuna comparto con mis compañeros de banca fea que son la rata desnuda, el calamar de bocaza y la rana púrpura (que aquí entre nos me parece muchísimo más fea que yo, pero no se lo vayan a decir, ni siquiera después de ver su foto): como todos estamos horribles, nadie nos pela. De no ser por la Asociación para la Preservación de los Animales Feos (o UAPS, por sus siglas en inglés), nadie nos echaría un lazo… y aún el lazo que esos humanos nos echan, déjenme decirles, es bastante delgadito y distante, después de todo ¿quién se le quiere acercar a un feo?

Ah, pero eso sí, no fuéramos un animal redondo y lisito, de pispiretos ojos cautivadores como la vaca marina porque ya tendríamos detrás, apoyándonos con todo, a algún empresario poderosísimo que se uniría a un astro de Hollywood casi tan sexi como alguna de las veintinueve hermanas que le quedan (a la vaquita, no al empresario poderosísimo) para defendernos con todo el valor de su dinero e influencia, obteniendo incluso la atención de un presidente que, por lo menos aquí en las distantes profundidades donde vivo, siempre ha dado la impresión de no estar muy interesado en atender nada.

Y no que defender a la vaquita esté mal, en absoluto. Es sólo que cuando estas cosas pasan me agüito (aún más de lo que siempre estoy, recuerden que mi morfología es agüitadísima) recordando cuán extraña es la naturaleza humana.

Será que literalmente estoy muy lejos del reflector. Será que Salma Hayek o Angelina Jolie están ocupadas en otras cosas. Será que mi cuerpo multiforme no da para crear artesanía huichol o que nadie querría besar jamás una rana púrpura. El hecho es que sí que calienta (y miren que yo vivo en mares más bien fríos) recordar que cierta clase de humanos jamás se acercan a lo que en verdad está feo.

Pero éjele, que ya vi que su presidente firmó un “acuerdo de entendimiento” para proteger a la vaquita marina. Yo nada más les digo que si el acuerdo va a funcionar con la misma eficacia que las comisiones, fiscalías y mecanismos de protección que se han creado para atender otras muchas cosas (horribles) que suceden en México, agárrense vaquitas, que la suerte que les espera sí que pinta para ponerse muy, muy fea.

 

Atte.

Pez borrón

 

 

@elimonpartido

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