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Tránsito Lento
Por Eduardo Limón
Eduardo Limón es periodista de cultura. Conduce en Ibero 90.9 fm el programa #Inspiria, todos l... Eduardo Limón es periodista de cultura. Conduce en Ibero 90.9 fm el programa #Inspiria, todos los miércoles. Colabora en TV UNAM dentro de la emisión Perímetro de México. Para Canal 22 ha conducido Triángulo de Letras. Es autor de Historias Verdes, conversaciones sobre la mariguana (2018. Ediciones B, Penguin Random House) y de El camello de las dos jorobas (Conaculta, 2014). En 2011 recibió el Premio Nacional de Locución. (Leer más)
La superficie más honda
Tal y como suele ser en la vida, los personajes de "La superficie más honda" van cruzando por las historias que habitan y súbitamente se encuentran enfangados en una situación salvaje de la que, adivinaron, nunca lograrán salir.
Por Eduardo Limón
17 de febrero, 2017
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Me gusta leer cuento porque me pone de buenas. Así. También debo decir que me gusta leer libros hechos a base de cuentos porque a lo largo de la vida he tenido la fortuna de haber elegido -creo que bien- a mis cuentistas. Un montón de piedras de Jorge F. Hernández se convirtió en uno de mis favoritos recién conocerlo (y en este caso hablo tanto del libro como de su autor), ¡Canta, herida! el más reciente libro de cuentos de Gabriel Rodríguez Liceaga mantuvo entretenidísimo mi fin de semana hace algunas semanas y como todos, he disfrutado a rabiar La Ley de Herodes de Jorge Ibargüengoitia. Final de juego, Bestiario y Las armas secretas me siguen sorprendiendo y, en general, pertenezco a la tribu integrada por millones de lectores que consideraremos por siempre imprescindible a Cortázar. Sí, me gusta leer cuentos, porque independientemente de lo que me cuenten, leerlos me pone de buenas.

Sin embargo, nunca había caído en mis manos un libro de cuentos como La superficie más honda, lo más reciente de Emiliano Monge. Se trata de once relatos que emplean para su construcción temas como el silencio, las confusiones y la tensión para mostrar ante los azorados ojos del lector -en este caso yo, que estaba esperando reír mientras lo leía, háganme el favor- historias cuyo hilo conductor es, invariablemente, la violencia, que en todos los casos aparece en las historias de forma inesperada. Tal y como suele ser en la vida, los personajes de Emiliano van cruzando por las historias que habitan y súbitamente se encuentran enfangados en una situación salvaje de la que, adivinaron, nunca lograrán salir. Ya sea física o psicológica, la violencia es pues el personaje estelar de La superficie más honda, su leit motiv. Esto, más el acabado lenguaje poético que puebla cada narración convierten su lectura en un viaje profundo por los entresijos de una clase de literatura que aspira a conmovernos contándonos historias que, créanme, no se parecen a nada que hayan imaginado antes.

Yo había huido del anterior libro de Emiliano Monge, el premiado Las tierras arrasadas, con la misma fuerza con la que tardé casi dos años en ver la película El pianista, debido a que en ambos casos sabía que lo que me esperaba en sus historias radicalmente distintas era pura tristeza. Finalmente me atreví a ver El pianista porque leí una entrevista con Polansky acerca de sus recuerdos de la guerra y la curiosidad acabó por hacerme comprar el dvd. En el caso de Las tierras… fue Valeria Luiselli, a la que entrevisté hace muy poco, quien ante la pregunta ¿cuál es el libro que recomiendas leer ya? me respondió que la historia firmada por Emiliano era un trabajo imperdible, de manera que finalmente me sumergí en la oscuridad que nos restriega en la cara la novela mayor de Monge y bien, ya encarrerado, me seguí con sus cuentos que, efectivamente, no me han hecho una persona más feliz pero sí me han dejado enormemente satisfecho al haber descubierto en ellos una serie de historias profundas, narradas con maestría, que me han presentado personajes de los que en muchos casos no tengo la menor duda que jamás me volvería amigo, pero que a la vez me han hecho sentir entusiasmado con los atisbos que, gracias a la gran pluma de este autor, me permiten intuir la compleja vida interior que les da sustento.

En suma, leer La superficie más honda me ha dejado sorprendido, y ya se sabe que las sorpresas, cuando tienen que ver con cosas realmente bien hechas, poseen el agradecible valor de lograr ponerlo a uno de buenas. No esperen más. Corran a leerlo.

 

@elimonpartido

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