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Tránsito Lento
Por Eduardo Limón
Periodista especializado en cultura. Ha escrito para Nexos, Rolling Stone y La Revista de la Univ... Periodista especializado en cultura. Ha escrito para Nexos, Rolling Stone y La Revista de la Universidad de México, entre otros medios. Ha conducido el programa \\\"Triángulo de Letras\\\" para Canal 22. Actualmente colabora en Ibero Radio, RMX, Excélsior TV y El Heraldo TV. Recibió el Premio Nacional de Locución en 2011 y en 2014 su cuento \\\"El camello de las dos jorobas\\\" ganó el segundo lugar en el Premio Internacional de Libro Animado Interactivo en Español, convocado por Conaculta. Es autor de \\\"Historias Verdes. Conversaciones sobre la mariguana\\\" (2018. Ediciones B, Penguin Random House). (Leer más)
Llevarse un libro
¿Qué de malo puede tener acercar libros a muy buen precio a quienes de otra forma no se acercarían a ellos jamás?
Por Eduardo Limón
1 de febrero, 2019
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La riqueza no se trata de cuánto dinero o cuántas casas tienes; se trata de la libertad para comprar el libro que quieras sin mirar el precio y preguntarte si podrás pagarlo.

John Waters

 

Establecer la diferencia que existe entre un libro que se lee por obligación y uno que se lee por gusto es una cuestión de enfoque y, en muchos casos, de hábitos adquiridos de forma subconciente. En muchas ocasiones, un libro al que nos acercamos en principio forzados por nuestros profesores, con el tiempo puede convertirse en un clásico referencial para nuestra vida y en otras, un volumen al que le invertimos tiempo y dinero puede convertirse en un desencanto que nos obligue a enviar nuestra mala inversión al fondo del librero.

Con todo, un hecho es innegable: como Juan Villoro ha mencionado en repetidas ocasiones, a los libros uno no puede -no debe- acercarse como quien se aproxima a un solemne artilugio edificante, no. A los libros uno debe aproximarse como quien se acerca a un objeto de placer.

Para un país no lector (qué esperanza da pensar que algún día podríamos convertirnos en España o Argentina, países en los que se consumen libros habitualmente), el reto de conseguir que la población perciba los libros justo en la dimensión que subraya Villoro se antoja un reto monumental. Según la Encuesta Nacional de Lectura, entre el periodo comprendido de 2015 a 2018, el 52.9% de la población infantil del país reporta que prefiere ver la televisión antes que leer un libro cuando tiene tiempo libre. Entre el grupo de habitantes que comprende edades que van de los 18 a los 22 años, solo el 18.9% afirma que leer es su actividad recreativa favorita. La cosa mejora un poco -solo un poco- entre el sector comprendido por ciudadanos que van de los 31 a 45 años y de los 46 a los 55 años de edad: el 21.3% dice que piensa en leer antes que en cualquier otra cosa cuando dispone de tiempo libre. En todos los casos, quienes no tienen el hábito de leer distribuyen sus actividades entre los que prefieren encender la televisión, practicar algún deporte o irse de fiesta con los amigos, en ese orden.

Si la necesidad de leer se emparentara con la urgencia por averiguar el final de nuestra serie favorita, ya seríamos el paraíso de la literatura y un oasis para la industria editorial.

Pero no.

Articular una estrategia que fomente la lectura en el país es una acción nodal e inaplazable. Un primer paso para convertirla en un hecho integral pasa por acercar los libros a los lectores y a quienes pueden convertirse en parte de ese grupo y para eso se requiere volver accesible el objeto libro, en primer lugar. Entre otras cosas, se trata de seguir la línea de esa reflexión que señala con tino que quien ya es lector y tiene libros a la mano puede decidir leerlos o no, pero que quien no es lector y no accede a libros nunca, jamás leerá.

Para pronto, ya Juan Pablo Villalobos y Julián Herbert, dos hombres que más allá de ser reconocidos autores son, naturalmente, lectores feroces, han mencionado ya el valor que tuvo para sus vidas el haber podido acceder a historias que les interesaban gracias, por supuesto, a la calidad de las narraciones, pero también al precio al que en su momento sus exiguos bolsillos de precelebridades literarias pudieron encontrarlas.

En tiempos en que podemos comenzar a rasgar algunos atavismos, ¿qué de malo puede tener acercar libros a muy buen precio a quienes de otra forma no se acercarían a ellos jamás?

 

@elimonpartido

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