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Tránsito Lento
Por Eduardo Limón
Periodista especializado en cultura. Ha escrito para Nexos, Rolling Stone y La Revista de la Univ... Periodista especializado en cultura. Ha escrito para Nexos, Rolling Stone y La Revista de la Universidad de México, entre otros medios. Ha conducido el programa \\\"Triángulo de Letras\\\" para Canal 22. Actualmente colabora en Ibero Radio, RMX, Excélsior TV y El Heraldo TV. Recibió el Premio Nacional de Locución en 2011 y en 2014 su cuento \\\"El camello de las dos jorobas\\\" ganó el segundo lugar en el Premio Internacional de Libro Animado Interactivo en Español, convocado por Conaculta. Es autor de \\\"Historias Verdes. Conversaciones sobre la mariguana\\\" (2018. Ediciones B, Penguin Random House). (Leer más)
Lodos de Woodstock
Elevado a categoría de culto gracias a las cientos de historias que se tejieron a su amparo, el Festival de Woodstock marca el antes y el después en la percepción del género creado por Little Richard como generador auténtico de un sonido adorado por las masas, insatisfechas de escuchar desde el inicio de los tiempos la misma música limpiecita de siempre.
Por Eduardo Limón
16 de agosto, 2019
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Cuando quemé mi guitarra fue como un sacrificio. Tú sabes: uno sacrifica lo que más ama.

Jimi Hendrix

 

Si por algún milagro cósmico -de esos dificilísimos de concretar, precisamente por cósmicos- alguno de quienes lean este texto nació a la adultez mientras vivía con intensidad la fundación ante el universo de la Patria Woodstock (no dije “la Patria Avándaro”, no, dije “la Patria Woodstock”. ¿Lo leen? Wooood-stock), seguramente debe recordar que a esta hora de este día, hace ya cincuenta años, todo olía a humedad, había a la mano muy poca comida y muchísimas drogas, y la superficie del planeta no era otra cosa más que una fangosa masa informe sobre la cual miles marcaban las huellas de sus botas que, al instante, eran borroneadas por las huellas de los zapatos o los pies desnudos de miles más que, alunizando en un país recién estrenado bajo un cielo de notas estridentes, colonizaban un territorio que a la postre iba a convertirse en una nación común para todos los amantes del rock: aquella en la cual la música era la única posesión imprescindible.

Elevado a categoría de culto gracias a las cientos de historias que se tejieron a su amparo, el Festival de Woodstock marca el antes y el después en la percepción del género creado por Little Richard como generador auténtico de un sonido adorado por las masas, insatisfechas de escuchar desde el inicio de los tiempos la misma música limpiecita de siempre. De las iglesias negras en las que a inicios de los años cuarenta el Pequeño Ricardito sentía que dentro de los zapatos le bailaban los dedos de los pies mientras escuchaba el Góspel que luego lo influenciaría al momento en el que, treinta años después, uno de sus admiradores incendiaría su guitarra tocando espesas variaciones de la música que creó, algo nació finalmente en Woodstock que emparentó la experiencia de escuchar rock con una especie de rito tribal e iniciático, como de big-bang sonoro: humanos semidesnudos, libres y salvajes, danzando felices ante un escenario en el que importaban lo mismo el volumen que los sentimientos.

“A partir de ahora este es un festival gratuito”, gritó a través del micrófono Michael Lang, uno de los organizadores del concierto, ante la multitud de Bethel, la localidad real en que se llevó a cabo el concierto, una vez que él y sus socios se percataron que las hordas de hippies que no cesaban de llegar a la zona no aceptarían pagar un centavo por vivir una experiencia que tuvo poco de práctico pero mucho de espiritual. No hubo baños suficientes en Woodstock, pero sí hubo gente por todos lados a la que esas minucias dictadas por el mundo terreno, como hacer pipí (o hacer cosas más gruesas, literalmente) dentro de un espacio adecuado durante esos días, sencillamente no le importó nada.

Muchas leyendas se han tejido alrededor del mítico Festival de Woodstock: que The Beatles valoraron llevar a cabo su regreso a los escenarios desde ahí, que Led Zeppelin negoció para convertirse en la exclusiva cabeza de cartel sin ningún otro grupo o solista que los eclipsara, que de los Doors solo Jim Morrison consideró atractivo presentarse allí y que justamente por ello no fueron… la verdad se encuentra oculta bajo las capas de polvo que con el tiempo resecaron el recuerdo del concierto. Pero hubo un tiempo en el que los tres días de Woodstock existieron y una era en la que no dejó de llover sobre la música que ahí se vivió. Hubo un tiempo en el que sobre el lodo de Woodstock quedó, firmemente impresa para la historia, la huella profunda de un momento trascendental: aquel en el que el sonido hermanó a todos.

@elimonpartido

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