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Tránsito Lento
Por Eduardo Limón
Periodista especializado en cultura. Ha escrito para Nexos, Rolling Stone y La Revista de la Univ... Periodista especializado en cultura. Ha escrito para Nexos, Rolling Stone y La Revista de la Universidad de México, entre otros medios. Ha conducido el programa \\\"Triángulo de Letras\\\" para Canal 22. Actualmente colabora en Ibero Radio, RMX, Excélsior TV y El Heraldo TV. Recibió el Premio Nacional de Locución en 2011 y en 2014 su cuento \\\"El camello de las dos jorobas\\\" ganó el segundo lugar en el Premio Internacional de Libro Animado Interactivo en Español, convocado por Conaculta. Es autor de \\\"Historias Verdes. Conversaciones sobre la mariguana\\\" (2018. Ediciones B, Penguin Random House). (Leer más)
Los meses
El paso del tiempo y la angustia que su inevitabilidad produce implica un problema de resolución endeble para los humanos desde el principio de los tiempos.
Por Eduardo Limón
30 de agosto, 2019
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Daría mis posesiones enteras por un momento más de tiempo

Isabel I

 

Allí va corriendo, como oficinista a quien le ha tocado fuerte llovizna sin avisar y sin paraguas, el año. Ha pasado velozmente y de repente, como diría el más común de los lugares comunes, uno se da cuenta que justamente estamos entrando al último trimestre del tiempo en curso, ese que en nuestro país enlaza, con talento mayor, las fiestas patrias con las celebraciones de diciembre y no queda más que arrellanarse en el asiento del taxi o en la mullida silla ergonómica del cubículo en el que se nos va la vida trabajando para esperar que sea otro quien lance, cual si se tratara de la revelación más profunda de la sabiduría mística, la consabida frase “ya se va acabar el año”.

El paso del tiempo y la angustia que su inevitabilidad produce implica un problema de resolución endeble para los humanos desde el principio de los tiempos. No hay que rascar mucho en los anales de la historia para saber que las tribus que habitaron la zona de Altamira, en España, miles de años antes de que surgiera la primer cultura registrada por el género humano, emprendían un extraño y prácticamente desconocido ritual al inicio del invierno para imprimir las manos de las mujeres del grupo sobre los muros de las cuevas que habitaban, dejando impresas con pigmento vegetal las palmas que, con los siglos y quizá -solo quizá- con los milenios fueron conformando una especie de misterioso tapiz generacional que de alguna manera aporta los suficientes datos para que nosotros, los contemporáneos ya habituados a mirar el reloj, sepamos lo mucho que para ellos significaba el tiempo. El detalle curioso tanto en el caso de aquellos antiguos que habitaron la oscuridad como de nosotros, habitantes de la cultura construida en la era de la electricidad, estriba en el hecho de que para ambos saber que el final está cada vez más cerca nos provoca unas irrefrenables ganas de celebrar.

Los romanos veían en el fin del año, que acompañaban con las fiestas dedicadas a Júpiter y Saturno (auténticas bacanales de música y vino) una oportunidad espléndida para desestresarse luego de cumplir el ciclo agrícola que implicaba la producción de sus alimentos y los griegos reservaban para el invierno las reflexiones más profundas que los postsocráticos dedicaron al tramo final, aquel que durante el frío da cierta oportunidad para el gozo, pero también para mirar hacia el futuro sabiendo con certeza que mientras más tiempo pasa nos queda menos tiempo.

Para quienes miran el calendario digital cruzando el siglo XXI un instante se convierte en una oportunidad múltiple para cubrir una severa cantidad de hábitos contemporáneos: el envío de un mensaje, un guiño más o menos risueño ante el meme más reciente, el hartazgo secreto ante los tuits que aspirando presuntuosamente a decir mucho en realidad prácticamente nunca dicen nada, y sobre todo la convicción de que aunque en nuestra era lo fragmentemos como nunca antes, el tiempo sigue ahí, discreto en su afán irreductible de hacernos sentir más celebratorios entre más traqueteados.

Concluye la etapa en la que todavía no podíamos decirlo e inicia hacia estos días el momento en el que no falta prácticamente nada para que alguien suelte frente a nuestra habitual perplejidad que ya se acabó el año, cosa más o menos cierta en este país que suele juntar las fiestas patrias con las celebraciones navideñas. Abur.

@elimonpartido

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