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Tránsito Lento
Por Eduardo Limón
Eduardo Limón es periodista de cultura. Conduce en Ibero 90.9 fm el programa #Inspiria, todos l... Eduardo Limón es periodista de cultura. Conduce en Ibero 90.9 fm el programa #Inspiria, todos los miércoles. Colabora en TV UNAM dentro de la emisión Perímetro de México. Para Canal 22 ha conducido Triángulo de Letras. Es autor de Historias Verdes, conversaciones sobre la mariguana (2018. Ediciones B, Penguin Random House) y de El camello de las dos jorobas (Conaculta, 2014). En 2011 recibió el Premio Nacional de Locución. (Leer más)
María Guadalupe
Lo peor es la certeza de saber que, en caso de una emergencia como la que sufrió la Sra. Fuentes, no habrá quien le preste atención a uno.
Por Eduardo Limón
26 de abril, 2019
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El sentido común no es nada común.

Voltaire

Indigna profundamente el caso de María Guadalupe Fuentes Arias, la mujer abandonada a su suerte por las autoridades del Sistema de Transporte Colectivo Metro luego de sufrir un infarto cerebral en la estación Tacubaya. Gracias al reportaje de Dalila Sarabia, aparecido hace unos días en el periódico Reforma, sabemos la crueldad con la que fue tratada y la inaudita falta de sentido común -y del más elemental sentido de solidaridad humana- que padeció por parte de cada uno de quienes, con unos pocos gramos de profesionalismo y sentido social debieron haberle prestado la ayuda que desesperadamente necesitaba.

26 horas tirada en la calle, padeciendo a la intemperie, incapaz de pedir auxilio. Asaltada, vejada. Arrojada a la vía pública nada menos que por “policías”, con criterio propio de autómatas, que no movieron un dedo por brindar la ayuda que están obligados a prestar. Una “jefa” de estación que pide sacar a rastras de su oficina a un ser humano que está viviendo un drama clínico y no vuelve a ocuparse del asunto que, evidentemente, en ningún momento le interesó en lo más mínimo. Lo que le ocurrió a la señora Fuentes Arias arroja luz sobre el absoluto desastre que en seguridad y atención representa para sus millones de usuarios el Metro de esta ciudad.

Para quienes lo empleamos prácticamente a diario, las múltiples fallas que ostenta el maltratadísimo Sistema de Transporte Colectivo son evidentes: es difícil recordar que las estaciones, hace muchos años, se encontraban iluminadas en su totalidad y que dentro de ellas servían todas las escaleras eléctricas. Caminar sobre amplios -y a veces profundos- charcos es costumbre, como lo es también constatar el nivel de deterioro que, más allá de la mentira de decirnos que el incremento al costo del boleto serviría para componer todas las fallas, presentan prácticamente todas sus estaciones, salvo contadísimas y dignísimas excepciones.

Pero lo peor es la certeza de saber que, en caso de una emergencia como la que sufrió la Sra. Fuentes, no habrá quien le preste atención a uno. Más de una vez he sido testigo del trato que “policías” capacitados con centavos -poquitos, muy poquitos- del presupuesto brindan a usuarios que necesitan ayuda. Por supuesto existen excelentes elementos que, más allá de las tan traídas y llevadas “capacitaciones” y “protocolos” manifiestan en su actuar una brillante escala de valores éticos, pero infortunadamente ellos representan la minoría y esta percepción, créanme, se encuentra avalada por años de experiencia viajando en un sistema de transporte en el que, a fin de cuentas, uno sabe que va solo en caso de requerir de algún tipo de asistencia.

El Metro de la ciudad, un sitio en el que es sencillísimo delinquir, acosar o cometer prácticamente cualquier clase de ilícito sin esperar la menor consecuencia. El metro de la ciudad, un lugar en el que, esta semana, autoridades “responsables” nos permitieron mirar a los usuarios, de la manera más brutal, qué tan distanciados de la ciudadanía se encuentran.

Deseo fervientemente que la familia de María Guadalupe gane con rapidez el juicio que seguramente ya inició para demandar la justicia que, en el caso de la señora Fuentes Arias, sencillamente nunca llegó. Deseo que las autoridades involucradas en este caso paguen su falta absoluta de humanidad y sentido común. Pero más deseo que el Metro deje de parecer un microcosmos de este país descuidado.

@elimonpartido

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