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Tránsito Lento
Por Eduardo Limón
Periodista especializado en cultura. Ha escrito para Nexos, Rolling Stone y La Revista de la Univ... Periodista especializado en cultura. Ha escrito para Nexos, Rolling Stone y La Revista de la Universidad de México, entre otros medios. Ha conducido el programa \\\"Triángulo de Letras\\\" para Canal 22. Actualmente colabora en Ibero Radio, RMX, Excélsior TV y El Heraldo TV. Recibió el Premio Nacional de Locución en 2011 y en 2014 su cuento \\\"El camello de las dos jorobas\\\" ganó el segundo lugar en el Premio Internacional de Libro Animado Interactivo en Español, convocado por Conaculta. Es autor de \\\"Historias Verdes. Conversaciones sobre la mariguana\\\" (2018. Ediciones B, Penguin Random House). (Leer más)
Muy acá
Cuando los antropólogos sociales del futuro quieran investigar el habla popular con que la gente se comunicaba en los barrios populares de la Ciudad de México hacia los últimos treinta años del siglo XX, necesariamente tendrán que leer algún libro de Armando Ramírez.
Por Eduardo Limón
12 de julio, 2019
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Cuando ciertos amigos en ciertas ocaciones cuentan ciertas cosas en ciertos momentos se establece una cierta comunicacion intima muy identificandonos muy camelot muy a lo que yo ya te pique yo te adivine eso es lo que yo quiero lograr con el lector eso lo que hace soñor morir sufrir ver y despertar aunque huela sucio (sin puntuacion) a grosero (sin gramatica) a que me ves si asi soy no veo porque cambiaria si me puedo identificar con todos y tal vez con nadie.

En un universo paralelo, en el que la Academia y su pompa no pesan tanto y en el que acudir a las fiestas que los influyentes llaman “correctas” no es tan importante, Armando Ramírez es considerado uno de los mejores escritores mexicanos desde hace medio siglo.

Heredero en línea directa de la picaresca engendrada por El Periquillo Sarniento y todas las novelas de corte popular que jamás han de ser -salvo El Periquillo Sarniento– tomadas en cuenta por los especialistas e intelectuales, la obra de un artista expresivo y directo como lo fue Armando Ramírez es indispensable para comprender una parte sustancial de la cultura mexicana: aquella en la que la pobreza se retrata a sí misma con la crudeza sorda que no busca quedar bien con nada y al mismo tiempo, en esa honestidad aplastante, consigue producir un retrato convincente de la realidad que no está buscando interpretar.

Caminante, hablante, oyente y conocedor profundo de Tepito —el barrio más singular de la Ciudad de México, de entre mil singulares—, Armando Ramírez sabía que el aporte mayor de sus textos (que además del clásico Chin Chin incluyeron Noche de califas, Sóstenes San Jasmeo y La Tepiteada, entre decenas más) era la suciedad genuina con que su ingenio los enmarcaba. Errores ortográficos y de sintaxis presentes a lo largo de su obra más emblemática sorprendían a los lectores que se acercaban a su prosa manida a principios de los setenta. Para cuando Chin Chin El Teporocho llegó al cine (a fines de los setenta) de la mano de Gabriel Retes, la aproximación narrativa de Jiménez, que se servía de la instantánea lumpen para reflejar lo barrial sin más ambición que el realismo, se había convertido en un auténtico suceso literario que, con los años, poco a poco fue relegado por los críticos y especialistas al rincón en el que se amontona lo exótico y, en el peor de los casos, lo vano.

La muerte suele conferir la estatura real al fallecido. A la luz del deceso del autor, comienza a circular una suerte de aprecio alrededor de la obra de Armando Ramírez. Se trata de una valoración justa: lo que él escribió merece ser incluido -con todas las de la ley- entre lo más representativo de nuestra literatura. Cuando los antropólogos sociales del futuro quieran investigar el habla popular con que la gente se comunicaba en los barrios populares de la Ciudad de México hacia los últimos treinta años del siglo XX, necesariamente tendrán que leer algún libro de Armando Ramírez. Posiblemente se fascinarán con el retrato fiel de ese pasado.

En el futuro, alguien jugará a disertar qué tanto es tantito.

@elimonpartido

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