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Tránsito Lento
Por Eduardo Limón
Periodista especializado en cultura. Ha escrito para Nexos, Rolling Stone y La Revista de la Univ... Periodista especializado en cultura. Ha escrito para Nexos, Rolling Stone y La Revista de la Universidad de México, entre otros medios. Ha conducido el programa \\\"Triángulo de Letras\\\" para Canal 22. Actualmente colabora en Ibero Radio, RMX, Excélsior TV y El Heraldo TV. Recibió el Premio Nacional de Locución en 2011 y en 2014 su cuento \\\"El camello de las dos jorobas\\\" ganó el segundo lugar en el Premio Internacional de Libro Animado Interactivo en Español, convocado por Conaculta. Es autor de \\\"Historias Verdes. Conversaciones sobre la mariguana\\\" (2018. Ediciones B, Penguin Random House). (Leer más)
Ni flores ni chocolates
Como hombres hoy tenemos poco que decir pues la conmemoración tiene que ver directamente con el drama que, solo por el hecho de ser mujeres, viven diariamente millones de personas alrededor del mundo.
Por Eduardo Limón
8 de marzo, 2019
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El problema de la mujer siempre ha sido un problema de hombres.

Simone de Beauvoir

 

Corre el día inmerso en una fecha importante. Como hombres hoy tenemos poco que decir pues la conmemoración tiene que ver directamente con el drama que, solo por el hecho de ser mujeres, viven diariamente millones de personas alrededor del mundo. El asunto no es de fiesta ni celebración alguna sino de equidad. Pasan los siglos y, pese a las brillantes palabras que se han escrito a favor de la causa femenina, siempre permanece un (amplio) hueco en la cultura popular en el que el hombre aparece como centro absoluto de todo. Para botón de muestra, va esta colección de contrastes entre las palabras de Sor Juana y una retahíla de muy machistas canciones que todos hemos escuchado.

Hombres necios que acusáis

a la mujer sin razón,

sin ver que sois la ocasión

de lo mismo que culpáis:

(Hablando de mujeres y traiciones
se fueron consumiendo las botellas,
pidieron que cantara mis canciones
y yo canté unas dos en contra de ellas).

 

si con ansia sin igual

solicitáis su desdén,

¿por qué queréis que obren bien

si las incitáis al mal?

(Amigo voy a darte un buen consejo:
si quieres disfrutar de sus placeres,
consigue una pistola si es que quieres
o cómprate una daga si prefieres
y vuélvete asesino de mujeres).

 

Combatís su resistencia

y luego, con gravedad,

decís que fue liviandad

lo que hizo la diligencia.

(No sé quién las inventó,
no sé quién nos hizo ese favor,
tuvo que ser Dios,
que vio al hombre tan solo
y sin dudarlo
pensó en dos).

 

Parecer quiere el denuedo

de vuestro parecer loco

el niño que pone el coco

y luego le tiene miedo.

(Ayer me dijeron,
que de vez en cuando,
preguntas por mí.
Si lo hubieras hecho,
antes de partir,
si lo hubieras hecho,
antes de sufrir,
hoy tuvieras tanto, tanto amor
y solo te queda.
el hablar de mí).

 

Queréis, con presunción necia,

hallar a la que buscáis,

para pretendida, Thais,

y en la posesión, Lucrecia.

(Cuando vayas conmigo,
ve apoyada en mi hombro, 
ve escuchando el latido que lleva, 
mi sangre tan solo).

 

¿Qué humor puede ser más raro

que el que, falto de consejo,

él mismo empaña el espejo,

y siente que no esté claro?

(Soy un desastre cuando tu te vas de casa
en el armario ya no encuentro las corbatas.
Soy un desastre y no entiendo lo que pasa,
ya estoy cansado de comidas enlatadas.
Soy un desastre y sin ti yo estoy perdido,
tus vacaciones estropean mis sentidos,
soy un desastre y me siento confundido,
quiero decirte que ya basta de caprichos).

 

Con el favor y desdén

tenéis condición igual,

quejándoos, si os tratan mal,

burlándoos, si os quieren bien.

(Usted me cuenta
que hasta le rogué, 
que no se fuera. 
Y que su adios dejó a mi corazón 
sin primavera. 
Que anduve por ahí de bar en bar, 
llorando sin podérmela olvidar…

Perdón, no la quisiera lastimar, 
tal vez, lo que me cuenta sea verdad. 
Lamento contrariarla pero yo, 
no la recuerdo).
Perdón, no la quisiera lastimar, 
tal vez, lo que me cuenta sea verdad. 
Lamento contrariarla pero yo, 
no la recuerdo).

 

Siempre tan necios andáis

que, con desigual nivel,

a una culpáis por cruel

y a otra por fácil culpáis.

(Piensa bien a quién quieres,
o perderás a los dos.
Si yo pierdo tu cariño,
solo te pido un favor:
regálame esta noche,
aunque me finjas amor).

 

¿Pues como ha de estar templada

la que vuestro amor pretende,

si la que es ingrata, ofende,

y la que es fácil, enfada?

(Recordando tu querer
y pensando yo lloraba, 
mira que yo tengo fe,
que yo nunca te olvidaba. 
Mala mujer, no tiene corazón. 
Mátala, no tiene corazón, mala mujer).

 

Mas, entre el enfado y pena

que vuestro gusto refiere,

bien haya la que no os quiere

y quejaos en hora buena.

(Y hasta en tus ratos buenos,
me vas a echar de menos
y cada día, más).

 

Dan vuestras amantes penas

a sus libertades alas,

y después de hacerlas malas

las queréis hallar muy buenas.

(Perdona si te ofendo al escribirte,
pero me siento muy triste
por lo que anoche pasó.
Ya no debes llorar más,
tienes que tener valor,
pues si Dios te manda un hijo,
por lo más grande te exijo,
que no le pongas mi nombre,
para que no sea como yo).

 

¿Cuál mayor culpa ha tenido

en una pasión errada:

la que cae de rogada,

o el que ruega de caído?

(Vuelve. 
Aunque vengas
de Dios sabe donde,
aquí esta tú casa. 
Aunque te hayan tocado
mil manos, para mí es igual. 
No me importa lo que digan, 
no me importa lo que has dado, 
no me importa si estás limpia, 
no me importa lo pasado. 
Vuelve te lo ruego, porque estoy
desesperado). 

 

¿O cuál es más de culpar,

aunque cualquiera mal haga:

la que peca por la paga,

o el que paga por pecar?

(Vende caro tú amor, aventurera.
da el precio del dolor, a tú pasado.
Y aquel que de tu boca la miel quiera,
que pague con brillantes tu pecado).

 

 Pues ¿para qué os espantáis

de la culpa que tenéis?

Queredlas cual las hacéis

o hacedlas cual las buscáis.

(Cuando recibas un regalo, 
de un amigo, de un cariño, 
te acordarás de mí.
Y si te acuestas con caricias 
y despiertas con ternuras, 
te acordarás de mí. 
Y cuando mires esa foto, 
donde estamos abrazados, 
tu llanto no podrás contener). 

 

Dejad de solicitar,

y después, con más razón,

acusaréis la afición

de la que os fuere a rogar.

(Pero me arrepiento en el piso,
donde sea, y tómame).

 

Bien con muchas armas fundo

que lidia vuestra arrogancia,

pues en promesa e instancia

juntáis diablo, carne y mundo.

(Y no deberías haberme tentado,
te gusta jugar.
Si no quieres flamenquito,
no toques las palmas.
A lo mejor es muy tarde,
para echarte atrás).

 

@elimonpartido

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