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Tránsito Lento
Por Eduardo Limón
Eduardo Limón es periodista de cultura. Conduce en Ibero 90.9 fm el programa #Inspiria, todos l... Eduardo Limón es periodista de cultura. Conduce en Ibero 90.9 fm el programa #Inspiria, todos los miércoles. Colabora en TV UNAM dentro de la emisión Perímetro de México. Para Canal 22 ha conducido Triángulo de Letras. Es autor de Historias Verdes, conversaciones sobre la mariguana (2018. Ediciones B, Penguin Random House) y de El camello de las dos jorobas (Conaculta, 2014). En 2011 recibió el Premio Nacional de Locución. (Leer más)
Postergar el placer
¿Cuántos de nosotros hemos echado a perder lo que podrían haber sido grandes triunfos en nuestras vidas por no haber sabido esperar lo suficiente para colectar frutos maduros?
Por Eduardo Limón
10 de marzo, 2017
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A principios de los años setenta del siglo pasado, cuando muchos de nosotros llevábamos muy poco tiempo de haber ingresado al mundo, Walter Mischel, psicólogo austríaco afincado en los Estados Unidos, pasó a la historia gracias a la elaboración de un experimento cuyos resultados finales arrojaron conclusiones muy interesantes sobre nosotros mismos: el experimento consistió en llevar a niños en edad preescolar a un cuarto donde frente a ellos no había otra cosa más que un suculento malvavisco. En cada turno, Mischel dijo al niño correspondiente que si quería podía tomar en ese momento el malvavisco y comérselo entero, pero que si esperaba quince minutos sin siquiera tocarlo, él volvería al cuarto y le daría un malvavisco más. Esto es: la idea era que si el pequeño sabía esperar, duplicaría su ganancia placentera. Dos malvaviscos en lugar de uno, tan sólo por saber ejercer la paciencia. Al final, sólo una tercera parte de los niños empleados en el experimento aguantaron completitos los quince minutos y Walter Mischel los premió con su segundo malvavisco. Bien.

La parte interesante del experimento vino cuando, por azares del destino, años después Mischel volvió a entrar en contacto con varios de los niños que en su momento habían tolerado bien aquellos quince minutos y descubrió que de ellos el cien por ciento habían obtenido altas calificaciones y mantenido excelente rendimiento escolar. El experimento se volvió aún más interesante cuando, extendiendo sus observaciones aún por más años, el psicólogo dio cuenta formal de que los niños que hacía años habían soportado quince minutos de antojo a cambio de obtener doble ración de malvavisco se habían transformado, todos, en adultos exitosos que tenían buenos salarios, buena salud, estabilidad familiar y un algo parecido a la tranquilidad que en gran medida fue determinado en su niñez por una habilidad que hoy sabemos es, más que necesaria, imprescindible para obtener los frutos que deseamos: saber esperar. Gran experimento.

Todo lo anterior lo explica con más detalles -y mayor erudición- Pablo Boullosa (a quien muchos de ustedes deben conocer entre otras cosas, por ser desde hace ya casi quince años uno de los conductores de “La dichosa palabra”) en su libro más reciente “El corazón es un resorte” (Taurus). Auténtico manual, más que de conocimientos -que los comparte, y mucho- de sabiduría para mejor habitar la vida, el libro me ha dejado pensativo toda la semana. ¿Cuántos de nosotros hemos echado a perder lo que podrían haber sido grandes triunfos en nuestras vidas por no haber sabido esperar lo suficiente para colectar frutos maduros? La lección extraída de esto es notable y ofrece, como en todo lo que vale la pena, una agradecible posibilidad de redención: si antes no sabíamos posponer el placer hoy sabemos que podemos aprender a hacerlo. Así, empeñándose con paciencia, existen más posibilidades de que el futuro nos premie con un apetitoso par de malvaviscos que hasta cobertura de chocolate pueden tener si se nos antoja y que, si ya somos viejitos para entonces, quizá hasta puedan sernos ofrecidos elaborados con endulzante para diabéticos.

En suma, gran libro, gran autor y, como ya había mencionado, gran experimento.

Pero, abundando un poco más en una enorme bronca que también señala Pablo en su espléndido texto y clavándome de plano en aquello que en este país nos manchonea todo, ¿qué hacer si se tienen años esperando por el segundo malvavisco y de repente notamos que ese sencillamente jamás nos lo van a dar porque los encargados ya se lo robaron? ¿Qué hacer si llega Javier Duarte al experimento y de repente nos enteramos que él y su esposa ya se volaron hasta las envolturas y cuando volvemos a mirar hacia el frente nos sorprendemos porque ya ni siquiera está ahí el primer malvavisco?

En un país como este, Walter Mischel tendría que proponer otra clase de incentivos y planear otra suerte de experimentos, de eso no me cabe la menor duda.

Como sea, acudan al libro de Pablo Boullosa y averigüen porqué el corazón es un resorte. Y por otra parte, ya como pilón de esta colaboración, esperemos todos que algún día agarren a Duarte. Tras el tiempo transcurrido, eso sí que sería un gran placer.

 

@elimonpartido

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