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Tránsito Lento
Por Eduardo Limón
Periodista especializado en cultura. Ha escrito para Nexos, Rolling Stone y La Revista de la Univ... Periodista especializado en cultura. Ha escrito para Nexos, Rolling Stone y La Revista de la Universidad de México, entre otros medios. Ha conducido el programa \\\"Triángulo de Letras\\\" para Canal 22. Actualmente colabora en Ibero Radio, RMX, Excélsior TV y El Heraldo TV. Recibió el Premio Nacional de Locución en 2011 y en 2014 su cuento \\\"El camello de las dos jorobas\\\" ganó el segundo lugar en el Premio Internacional de Libro Animado Interactivo en Español, convocado por Conaculta. Es autor de \\\"Historias Verdes. Conversaciones sobre la mariguana\\\" (2018. Ediciones B, Penguin Random House). (Leer más)
Sabines, el último poeta rockstar
Quizá su métrica pura, esa forma de embellecer vía el lenguaje las ideas más simples y el aire de personalísima ingenuidad (y, hasta cierto punto, inocencia) que circunda su mejores poemas sean motivos suficientes para que algunos "especialistas" desdeñen su obra.
Por Eduardo Limón
22 de marzo, 2019
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De entrada no se explica por qué aún existe una vertiente -muy rancia- de la academia que le hace el feo a Jaime Sabines, el último de nuestros poetas que en vida se convirtió en un rockstar. Quizá su métrica pura, esa forma de embellecer vía el lenguaje las ideas más simples y el aire de personalísima ingenuidad (y, hasta cierto punto, inocencia) que circunda su mejores poemas sean motivos suficientes para que algunos “especialistas” desdeñen su obra. O quizá sea que una parte de quienes emplean su poemas para dedicarlos a momentos especiales de sus vidas -sin ser necesariamente lectores consumados de poesía- no le parecen a esos mismos académicos lo suficientemente importantes como para sustentar, desde las altas fronteras de la sapiencia, que un autor como Jaime Sabines sea, en toda regla, uno de los poetas más recordados y referidos de México.

Quienes no tuvimos contacto directo con Jaime Sabines habitamos un planeta poblado. Somos muchos los lectores que no lo vimos cuando se presentó en Bellas Artes en 1996, aquella tarde gloriosa de marzo de hace más de veinte años cuando, entre los vítores de quienes prácticamente se aporrearon para obtener un lugar, el maestro que sublimó las historias de la cojita embarazada, Miss X y su tía Chofi, entre decenas más, se levantó mil veces para agradecer los aplausos. Fuimos muchos quienes no lo vimos reverenciar, emocionado, flores, porras y aplausos destinados a celebrar la poesía que entra fácil a cualquier existencia porque las palabras con que está hecha suenan a verdad.

No tener ninguna anécdota directa y real con Jaime Sabines permite crearse muchas historias ficticias: en la mía, Sabines se pone loco de contento al saberse aún querido por una consistente masa de admiradores que, más allá de las célebres plumas que se conocen tradicionalmente para hablar de Poetas con mayúscula -Villaurrutia, Octavio Paz, Sor Juana- fijan los ojos en las líneas escritas por el chiapaneco porque la que refleja es una poesía simple y poderosa.

Acaso también mi anécdota personal con Sabines tenga que ver con haber conocido, gracias al talento de Fer Rivera Calderón, una de sus mayores poesías, “Cuando estuve en el mar, era marino”, convertida en una canción espléndida que capta en toda su musicalidad la belleza de la historia que cuenta. A veinte años de la partida física del poeta que aquella tarde del 96 dijo que los aplausos que la muchedumbre le ofreció eran de esa clase “que dolían”, aquí van las líneas de aquella obra mayor, con la certeza de que a alguien le mejorarán el día:

Cuando estuve en el mar era marino 
este dolor sin prisas. 
Dame ahora tu boca: 
me la quiero comer con tu sonrisa. 

Cuando estuve en el cielo era celeste 
este dolor urgente. 
Dame ahora tu alma: 
quiero clavarle el diente. 

No me des nada, amor, no me des nada: 
yo te tomo en el viento, 
te tomo del arroyo de la sombra, 
del giro de la luz y del silencio, 

de la piel de las cosas 
y de la sangre con que subo al tiempo. 
Tú eres un surtidor aunque no quieras 
y yo soy el sediento. 

No me hables, si quieres, no me toques, 
no me conozcas más, yo ya no existo. 
Yo soy sólo la vida que te acosa 
y tú eres la muerte que resisto.

 

Luego de leerlo ¿a poco no siente que respira distinto el aire?

Jaime Sabines. Qué clase de figura imborrable.

 

@elimonpartido

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