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Tránsito Lento
Por Eduardo Limón
Eduardo Limón es periodista de cultura. Conduce en Ibero 90.9 fm el programa #Inspiria, todos l... Eduardo Limón es periodista de cultura. Conduce en Ibero 90.9 fm el programa #Inspiria, todos los miércoles. Colabora en TV UNAM dentro de la emisión Perímetro de México. Para Canal 22 ha conducido Triángulo de Letras. Es autor de Historias Verdes, conversaciones sobre la mariguana (2018. Ediciones B, Penguin Random House) y de El camello de las dos jorobas (Conaculta, 2014). En 2011 recibió el Premio Nacional de Locución. (Leer más)
Steiner
La maravilla con Steiner es que, en pleno uso de su erudición, siempre encontraba recovecos originales sobre los que establecer su análisis y aportar algo nutritivo al lector.
Por Eduardo Limón
7 de febrero, 2020
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Hay algo que me preocupa: los jóvenes ya no tienen tiempo… de tener tiempo.

George Steiner

 

Nítido habitante de la era en que le tocó vivir, el mundo de la cultura lamenta el fallecimiento de un personaje lúcido como lo fue George Steiner. Hijo de una familia judía y funcionalísima en la que el padre hizo gala de sentido común desde el instante mismo en que vio amenazada la tranquilidad de su clan (fueron célebres las anécdotas que Steiner contó en diversas ocasiones con respecto a la forma en que, no bien llegado el nazismo al poder, su padre Frederick hizo lo que fuera necesario para alejarlos de la amenaza que él intuía inminente, trasladándolos a todos, primero desde el pueblecito Neuilly a París y posteriormente a Nueva York), conviene recordar que a George Steiner la Academia le cambió la vida desde el primer instante. No hace falta remarcar aquí el gran trabajo que como especialista en literatura comparada y en filosofía del lenguaje llevó a cabo por décadas. Pero existe una arista brillante dentro de la ya de por sí fulgurante carrera del personaje que fue Steiner que tiene que ver con su pasión principal –la lectura- y que a lo largo de más de tres décadas se decantó en forma de una serie de reseñas que The New Yorker publicó, enriqueciendo con el indiscutible genio del filósofo sus páginas. Una selección de aquellos textos integran el libro George Steiner en The New Yorker que, con una portada espléndida, publicó en 2009 el Fondo de Cultura Económica en coedición con Siruela.

“Hay un gran libro que no se ha escrito aún. En él se mostraría que el siglo XX tal como lo hemos vivido en Occidente es, en lo esencial, un producto y un artículo de exportación austrohúngaro. Nuestra vida interior se desarrolla en un paisaje cartografiado por Freud y sus discípulos y discrepantes, o en conflicto con ese paisaje”, apunta Steiner en su reseña titulada “Viena, Viena, solamente tú”, publicada en 1979 sobre un libro inexistente. En “Matar al tiempo”, publicada en 1983, debemos agradecer a Steiner que nos cuente que George Orwell decidió titular su libro emblemático invirtiendo los dos últimos dígitos del año en que lo terminó de escribir. “Si Orwell hubiera acabado de escribirlo en 1949, seguramente estaríamos esperando a 1994“.

La maravilla con Steiner es que, en pleno uso de su erudición, siempre encontraba recovecos originales sobre los que establecer su análisis y aportar algo nutritivo al lector. “Cuando en 1959 apareció el temprano libro de Steiner Tolstói o Dostoievski, destacados estudiosos rusos reconocieron que su comprensión de los textos y contextos relevantes era impresionante y que, aún sin conocer el ruso (Steiner tan solo dominaba el inglés, el italiano, el francés y el alemán, además de manejar con familiaridad el latín y el griego), generaba unas ideas enormemente originales que resultaban estimulantes incluso para los especialistas en literatura eslava” apunta el editor Robert Boyers en la introducción del libro. Poco importan ya, pasados tantos años, los dichos del intelectual sobre libros que solo los más clavados recuerdan o reconocen, pero importa mucho lo que el autor señaló sobre el quehacer literario y sobre la labor de sus más ilustres colegas.

Se fue Steiner y con él se fue también una parte de la historia del mundo: aquella en la que podía escucharse, con una suave tranquilidad que se extraña en esta era de redes sociales, la voz autorizada de un auténtico conocedor.

@elimonpartido

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