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Tránsito Lento
Por Eduardo Limón
Eduardo Limón es periodista de cultura. Conduce en Ibero 90.9 fm el programa #Inspiria, todos l... Eduardo Limón es periodista de cultura. Conduce en Ibero 90.9 fm el programa #Inspiria, todos los miércoles. Colabora en TV UNAM dentro de la emisión Perímetro de México. Para Canal 22 ha conducido Triángulo de Letras. Es autor de Historias Verdes, conversaciones sobre la mariguana (2018. Ediciones B, Penguin Random House) y de El camello de las dos jorobas (Conaculta, 2014). En 2011 recibió el Premio Nacional de Locución. (Leer más)
Tres cuentos (breves) con posibilidades de vida
Tomó sólo un par de años a partir de ese momento para que llegaran aquí los primeros. Aquel grupo inicial fue muy amigable. Luego llegaron más. Poco a poco fuimos notando que nos iban dejando de hablar. Para cuando nos dimos cuenta que resultábamos una base para aderezo inigualable, ya era demasiado tarde.
Por Eduardo Limón
24 de febrero, 2017
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Era un momento histórico. Luego de hacer público el anuncio los científicos contestaron preguntas hasta las dos de la tarde y después se conectaron a un chat donde tuvieron que rebatir durante horas preguntas relacionadas con el tiempo que nos tomaría llegar hasta allá y las posibilidades reales que a partir de ese momento teníamos de rozar la respuesta a la pregunta más importante de todas.

Eso no me va a tocar a mí, dijo mi madre elevando un poco más los ojos hacia la pantalla del televisor. No, má, si todavía estamos maquinando lo de Marte, imagínate.

—¿Cuánto falta?

— ¿Para poder llegar hasta allá?

— No. Para lo de Marte.

— Unos dicen que llegaremos en 2020, otros que en 2025. Yo digo que sí, deben faltar unos ocho o diez años.

— Pues menos me va a tocar.

— Oye, quién sabe, a lo mejor llegas casi a los noventa y te podrás morir diciendo que te tocó ver dos naves, la que fue a la Luna y la que llegó hasta Marte ¿tú qué sabes?

— No me va a tocar.

— Tú espérate. Faltan ocho años.

— No. Yo digo para llegar a los planetas de hasta allá.

Pasaron tres años antes de que ellos enviaran la primera señal. Débil, corta, pero estaba ahí y era comprensible. Al principio la información respecto a todo lo relacionado con ella fue profusa a nivel global y súbitamente, cuando ya nadie hablaba de ninguna otra cosa más que de eso, los gobiernos de todo el mundo interrumpieron por completo la comunicación. La gente desesperó ¿porqué no podemos saber nada más?

Justo en ese momento aparecieron. Sustituyeron la voz del mundo.

Efectivamente no le tocó a mi mamá, pero indiscutiblemente era un hecho histórico. El más importante. El más trascendental.

Tomó sólo un par de años a partir de ese momento para que llegaran aquí los primeros. Aquel grupo inicial fue muy amigable. Luego llegaron más. Poco a poco fuimos notando que nos iban dejando de hablar. Para cuando nos dimos cuenta que resultábamos una base para aderezo inigualable, ya era demasiado tarde. Yo sobreviví. Mis hábitos alimenticios no dan buena carne y dicen que quieren conservar a algunos para llevárselos de recuerdo. O para idear nuevos platillos.

Nadie jamás dudará que lo que nos pasó fue efectivamente un momento histórico.

 

ALLÁ

— ¡Mamá!

— ¿Qué, damisela de piel brillante?

— Dice mi papá que hay un planeta con atmósfera y con vida muy cerca de aquí.

— Apenas regrese voy a regañar a tu padre. No debió haberte contado eso aún.

— ¿Pero es cierto?

— Sí. Lo es.

— ¿Ahora que crezca puedo ir, puedo, puedo?

— Cállate. No. Los que viven ahí son criaturas amenazantes y quienes van se preparan muy bien para observarlos. Es peligroso. No irás. Ni cuando crezcas.

— Aaaaah.

— Y ya cállate, que no me dejas colocar bien el hadrón sobre tu cola para poderte expurgar.

 

MÁS ALLÁ

Dos hombres cubiertos por el cielo platican después de trabajar. Uno ajustó el volumen. El otro tomó su bastón.

— Siete planetas nuevos de los cuales tres posiblemente contengan agua y alberguen vida ¿puedes creerlo?

— Claro que sí.

— ¿Por qué?

— Porque si tú y yo estamos aquí ¿por qué allá no habría de encontrarse alguien más?

— Pero es silencio el universo.

— No es silencio. Estamos aprendiendo a escuchar.

Entonces el amigo sordo extendió los brazos y ayudó al que era ciego, como acostumbraban cada noche al terminar de trabajar. Ambos se alejaron. Sonreían al caminar.

 

@elimonpartido

 

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