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Tránsito Lento
Por Eduardo Limón
Eduardo Limón es periodista de cultura. Conduce en Ibero 90.9 fm el programa #Inspiria, todos l... Eduardo Limón es periodista de cultura. Conduce en Ibero 90.9 fm el programa #Inspiria, todos los miércoles. Colabora en TV UNAM dentro de la emisión Perímetro de México. Para Canal 22 ha conducido Triángulo de Letras. Es autor de Historias Verdes, conversaciones sobre la mariguana (2018. Ediciones B, Penguin Random House) y de El camello de las dos jorobas (Conaculta, 2014). En 2011 recibió el Premio Nacional de Locución. (Leer más)
Un poquito legalizada
El dictamen del Senado sobre la regulación de la mariguana es incompleto y se encuentra lleno de huecos preocupantes, pero marca un hito histórico en el comportamiento de un país acostumbrado a entrar con una lentitud pasmosa a prácticamente cualquier tema.
Por Eduardo Limón
20 de noviembre, 2020
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La gradualidad de la legislación no significa que aquí finaliza, sino que aquí comienza“.

Jesusa Rodríguez

 

Tiene mucha razón la asociación México Unido Contra la Delincuencia (MUCD) cuando señala que el proyecto de dictamen aprobado ayer por el Pleno del Senado en torno a la regulación del cannabis es aún incompleto y de alguna manera perpetúa la política punitiva en torno al consumo de mariguana: si antes el Estado te perseguía por traer una triste pizca de mota, hoy lo hará a partir de que infrinjas el nuevo margen permitido, según el proyecto —que aún debe pasar a la Cámara de Diputados antes de su aprobación— de 28 gramos. Habrá multas que crecerán dependiendo de la cantidad de mariguana que el ciudadano acumule en casa (como si alguien multara a quien llena de piso a techo una habitación con botellas de ron o paquetes de cigarrillos) y si la cantidad en posesión rebasa una frontera “tolerada” de 200 gramos, el poseedor de la misma podría, como en los viejos tiempos, ir a la cárcel. Asimismo, es alarmante que no exista en el proyecto aprobado por el Senado una sola línea dedicada a la vertiente medicinal de la planta, lo cual deja idénticamente vulnerable al sector de la población que desea o requiere de algún producto o procedimiento que involucre el empleo de mariguana. Se trata de una regulación excluyente, efectivamente.

Sin embargo, al mismo tiempo, el dictamen abre la posibilidad de una normalización inédita en el país: la que implica, por primera vez en décadas, que uno pueda tener en casa hasta ocho plantas de mariguana sin que ello traiga como consecuencia un operativo que deje inservibles las ventanas por entrada de tropas a mi domicilio. La que me permite —por primera vez— acceder de manera libre a una variedad de productos que podré elegir en el más puro ejercicio de mi sentido común y la que permitirá al país, gradualmente, comenzar a modificar la percepción social respecto a las sustancias tradicionalmente consideradas ilegales, algo que, bien diría el lugar común, contribuye a fortalecer la democracia de cualquier país que comienza a tomarse en serio eso del derecho al libre desarrollo de la personalidad.

El dictamen, pues, es incompleto y se encuentra lleno de huecos preocupantes (¿qué pasará con los productores?, ¿por qué mi vecino puede instalar un extenso plantío de tabaco si lo desea y yo no uno de mariguana?, ¿la policía perseguirá a los colectivos de madres especializadas en la extracción del CBD que necesitan para atender a sus hijos aquejados por epilepsia?, ¿por qué debe existir un “Instituto para la regulación y control del cannabis” y no uno para la “regulación y control” del alcohol, por ejemplo? ), pero marca un hito histórico en el comportamiento de un país acostumbrado a entrar con una lentitud pasmosa a prácticamente cualquier tema.

Habito un territorio en el que las autoridades rehúyen términos felices como “lúdico” y “recreativo”, y en donde el aburridísimo concepto “consumo adulto” (que suena a sello de tinta negra aplicado sobre una bolsa de papel estraza), permea la primera legislación contemporánea para descriminalizar la mariguana, pero también vivo en un lugar donde por primera vez se asume que el tema no puede retrasarse más. “Diviértete, pero tantito”, parece decir la autoridad.

No importa: por lo menos acaba de darse cuenta que tenemos derecho al ejercicio de nuestra libertad.

@elimonpartido

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