Vigilar y castigar - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Tránsito Lento
Por Eduardo Limón
Eduardo Limón es periodista de cultura. Conduce en Ibero 90.9 fm el programa #Inspiria, todos l... Eduardo Limón es periodista de cultura. Conduce en Ibero 90.9 fm el programa #Inspiria, todos los miércoles. Colabora en TV UNAM dentro de la emisión Perímetro de México. Para Canal 22 ha conducido Triángulo de Letras. Es autor de Historias Verdes, conversaciones sobre la mariguana (2018. Ediciones B, Penguin Random House) y de El camello de las dos jorobas (Conaculta, 2014). En 2011 recibió el Premio Nacional de Locución. (Leer más)
Vigilar y castigar
Vigilar y castigar se ocupa de la historia de las cárceles y de cómo los seres humanos fuimos evolucionando nuestra noción de castigo para aplicarla en contra de quienes cometen faltas dentro del orden social
Por Eduardo Limón
16 de junio, 2017
Comparte

Fue en 1975 cuando apareció publicado por primera vez Vigilar y castigar (Editorial Siglo XXI), uno de los libros más emblemáticos del ya de por sí emblemático Michel Foucault, autor también de tres tomos en los que analiza la curiosa historia de la sexualidad humana y de un extensísimo ensayo en el que trata nada menos que la cronología de la locura, entre muchos otros trabajos. Vigilar y castigar se ocupa de la historia de las cárceles y de cómo los seres humanos fuimos evolucionando nuestra noción de castigo para aplicarla en contra de quienes cometen faltas dentro del orden social. Sus páginas van de las crudelísimas torturas de la antigüedad a las funcionales prisiones de la era democrática.

Vigilar y castigar es un texto al que uno debe llegar con el ánimo tranquilo y el estómago lo suficientemente reposado como para aguantar leer las primeras líneas, que narran lo siguiente:

“Damiens fue condenado, el 2 de marzo de 1757, a ‘pública retractación ante la puerta principal de la iglesia de París’, adonde debía ser ‘llevado y conducido en una carreta, desnudo, en camisa, con un hacha de cera encendida de dos libras de peso en la mano’; después, en dicha carreta a la Plaza de Gréve, y sobre un cadalso que allí habrá de ser levantado, deberán serle atenaceadas (es decir: arrancadas con tenazas), las tetillas, brazos, muslos y pantorrillas, y su mano derecha, asido en ésta el cuchillo con que cometió parricidio, quemada con fuego de azufre, y sobre las partes atenaceadas se le verterá plomo derretido, aceite hirviendo, resina ardiente, cera y azufre fundidos juntamente y a continuación, su cuerpo estirado y desmembrado por cuatro caballos y sus miembros y tronco consumidos en el fuego, reducidos a cenizas y sus cenizas arrojadas al viento”.

La narración añade que Damiens, parricida, permaneció consciente prácticamente durante todo el suplicio a que lo condenaron.

Dos siglos y medio después, fue un escritor uruguayo perseguido durante la dictadura en su país (y cuyo nombre he olvidado, maldita sea… no estoy hablando de Eduardo Galeano… creo), quien en una entrevista conjunta que le hicimos Carlos Puig y un servidor para W Radio mencionó que, dadas las condiciones en que se encontraban encarcelados los militares de la dictadura en Uruguay -en celdas limpias, con acceso a luz natural y agua corriente durante todo el día- se cumplía fielmente con aquello de evolucionar en la forma de castigar delincuentes. Sintetizó su idea en forma de una sentencia puntual: “Ellos nos tratan como lo que son. Nosotros los tratamos como lo que somos”.

Traigo todo esto a cuento pues en los días posteriores al supuesto suicidio (que quizá, sólo quizá, pudo haber sido ejecución ¿quién confía aquí en lo que diga cualquier autoridad?) de José Octavio Sánchez, el sujeto que presuntamente violó y asesinó a la pequeña Valeria, se han visto expresiones en las redes que hablan de lo lejos que estamos de aquella idea desarrollada con respecto al castigo que merecerían quienes probadamente hayan cometido actos criminales: “lo hubieran colgado de los pies para matarlo a golpes”; “¡Bien hecho! Así debería regresar la pena de muerte a México”; “Haiga sido como haiga sido, ya se cargó el payaso al pseudo chofer”; “Un tlacuache menos”.

Hay gente que lleva dentro criminales más sanguinarios y perversos que los que dice abominar. Y hay sistemas de procuración de justicia -así, todo en minúsculas- que de tan raídos y poco confiables permiten que las sociedades enfermen peligrosamente de odio y sed ciega de venganza.

Vigilar y castigar. ¿Cuánto nos faltará antes de arribar, en este y muchos otros casos infames que diaramente ocurren en el país, a aquella sentencia juiciosa: “Ellos nos tratan como lo que son. Nosotros los tratamos como lo que somos”?

Por lo pronto, sería muy bueno comenzar leyendo a Foucault.

 

@elimonpartido

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.