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Treinta y siete grados
Por Geraldina González de la Vega
Columnista de Gurú Político. Consultora jurídica Ombudsgay. Constitucionalista y ensayista. Se... Columnista de Gurú Político. Consultora jurídica Ombudsgay. Constitucionalista y ensayista. Se ha dedicado principalmente a temas relacionados con derechos fundamentales y teoría de la constitución. Ha sido profesora en el Instituto Nacional de Ciencias Penales, en laUniversidad Anáhuac del Sur, Universidad Autónoma del Estado de México y en la Universidad Autónoma Benito Juárez. Actualmente realiza estudios de posgrado en Alemania. Twitter: @geraldinasplace. Mail: [email protected] Blog: http://gerasplace-reloaded.blogspot.com (Leer más)
#ReformaLaboral: La licencia de paternidad, un tema importante
Por Geraldina González de la Vega
28 de septiembre, 2012
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Mucho se ha criticado la iniciativa de reforma laboral enviada por el Presidente Calderón los primeros días de septiembre dentro del marco de la novedosa “iniciativa preferente”. En efecto, hay mucho que analizar y discutir sobre el tema, desde lo sustantivo hasta lo formal. Según he leído, algunos legisladores del PRD han anunciado que presentarán ante la Corte algún recurso para revisarla (no me ha quedado claro si es controversia o acción de inconstitucionalidad), pues consideran que temas de tal relevancia e impacto –sobre todo en los derechos fundamentales- no puede –ni debe- ser aprobada en un periodo de tan sólo 30 días.

Por lo que hace a las reformas y modificaciones propuestas me gustaría referirme a una, que si bien no provocará la movilización de sindicatos ni grupos sociales, me parece de suma importancia: la licencia de paternidad.

La iniciativa de Calderón contiene una modificación leve al artículo 132 fracción XXVII bis para conceder una licencia de paternidad por 10 días con goce de sueldo. Hasta ahora, algunos empleadores públicos conceden dicha licencia (SRE, TEPJF, SCJN, InMujeres, por ejemplo).

Dichas dependencias u organismos lo regulan a su modo, así por ejemplo, la Corte emitió hace unas semanas un acuerdo concediendo dicha licencia y otras cuestiones de equidad de género.

Igual en el DF existe la licencia de paternidad bajo la ley de Ley de Igualdad Sustantiva entre Hombres y Mujeres y en Oaxaca bajo la Ley de Paternidad Responsable.

Así pues, hasta la fecha, no existe una obligación ni en la Constitución -la que ¡ay! en este tema sigue siendo fuertemente sexista-, ni en la Ley Federal del Trabajo para reconocer este derecho a los padres y el periodo que se otorga –como el que se propone-es en realidad muy breve, 10 días resulta ridículo si una lo compara con las licencias de paternidad de otros países que otorgan licencias hasta por 3 años.

En Estados Unidos, se da a los padres 12 semanas de licencia sin goce de sueldo y con algunas especificaciones, algunos estados lo regulan a parte. En Europa la licencia por lo general es compartida con la madre y puede llegar hasta los 3 años. Claro, no todo el tiempo se goza el sueldo al 100%, y esta es una distinción relevante.

En Alemania por ejemplo se reduce el salario dependiendo del tiempo que se pida, siendo lo máximo a percibir el 65% y estableciendo un pago máximo de 1800 euros.

En Bulgaria la licencia de maternidad es de 1 año con 100% de sueldo, 2 con salario mínimo y se permite tanto al padre o a un abuelo, solicitar licencia para el cuidado del bebé.

En Suecia se requiere que de los 16 meses de licencia, al menos 2 sean usados por el padre (o la madre, si es ella quien regresó a trabajar) para promover las relaciones familiares equitativas.

¿Por qué ridículo, me dirán, si los 10 días son dos semanas (los fines de semana no cuentan) –con sueldo-? Porque por un lado, la licencia no es una vacación para ver al recién nacido, la licencia tiene como objetivo la distribución de tareas en el hogar y del cuidado de los hijos. 10 días son muchos para contemplar al bebé, pocos para realmente realizar las tareas de cuidado y atención que se requieren en una familia con un bebé recién nacido. Más aún si la madre ha sufrido complicaciones en el parto, éste ha sido por cesárea (lamentablemente, cada vez más común en México) o si la madre muere. En este último supuesto, el padre trabajador debe dejar a su hijo con otra persona –mujer y desempleada, claro, porque no existen tampoco las licencias de cuidado familiar- pues en nuestro país, según las normas laborales, los padres no cuidan niños.

El periodo de licencia por maternidad en México difiere un poco dependiendo de si se es trabajadora a servicio del Estado (apartado B) o no: para las segundas, la licencia es de 6 semanas antes y 6 después del parto (con sueldo completo) con posibilidad de prórroga y pudiendo extenderse hasta un año completo, sin goce de sueldo pero con garantía de retorno al puesto de trabajo. Para las primeras, la licencia es de un mes antes y dos después del parto.

Esto se regula por la fracción V del 123 apartado A y el inciso c), de la fracción XI del nuevo apartado B, la Ley Federal del Trabajo artículos 132 y 170, así como la Ley del Seguro Social, artículo 94, básicamente.

Las licencias de maternidad que abarcan por lo general hasta 3 años, con goce de un buen porcentaje de sueldo y garantía del puesto al regresar hacen ver el mes y medio de la licencia mexicana bastante cómico, sobre todo si una lee después que se darán dos pausas de 30 minutos durante la jornada para amamantar al niño, ajá, ¿cómo? Hay que llevar al niño al trabajo para poder hacer eso. Pero bueno…

La importancia de una licencia de paternidad radica en dos aspectos:

1)     Equidad de género

2)     Derechos de los padres

1) El tema de equidad de género trata sobre los derechos de las mujeres en relación con los hombres y en su relación con el mundo. La cuestión es, precisamente, lograr equidad en las oportunidades y en el ejercicio de los derechos. Así, en el tema de pater/maternidad la Convención Sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer que, entre otras cuestiones, aborda la problemática de la discriminación en el ámbito familiar, dispone la igualdad dentro del matrimonio y la familia para hombres y mujeres (artículo 16). Además, establece en el artículo 5 la obligación de desterrar estereotipos que discriminan a la mujer y la obligan a desempeñar ciertos roles. Así, los Estados están obligados a:

a) Modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres, con miras a alcanzar la eliminación de los prejuicios y las prácticas consuetudinarias y de cualquier otra índole que estén basados en la idea de la inferioridad o superioridad de cualquiera de los sexos o en funciones estereotipadas de hombres y mujeres;

b) Garantizar que la educación familiar incluya una comprensión adecuada de la maternidad como función social y el reconocimiento de la responsabilidad común de hombres y mujeres en cuanto a la educación y al desarrollo de sus hijos, en la inteligencia de que el interés de los hijos constituirá la consideración primordial en todos los casos.

Ya he hablado en otras ocasiones sobre el tema de estereotipos de género, pero vale la pena volver a la definición pues “[…] los estereotipos son un detrimento a la identidad individual y social y ello impacta en su comportamiento pues obstaculiza que se tomen en cuenta los caracteres y roles personales.”

Según Rebecca Cook y Simone Cusak:

Un estereotipo es una visión generalizada o preconcepción de actitudes o características poseídas por los miembros de un grupo social particular (por ejemplo, las mujeres, las lesbianas o las indígenas) o los roles que realizan o debe realizar. Estereotipar da como resultado generalizaciones o preconcepciones con respecto a atributos, características o roles de miembros de un particular grupo social, que hace innecesaria la consideración de las habilidades, necesidades, deseos y circunstancias de cualquier miembro particular del grupo. Los estereotipos de género se ocupan de la construcción o entendimiento social y cultural de hombres y mujeres.

Esta idea conecta directamente con la imposición de roles que lastiman la idea de individualidad de las personas dentro del ámbito familiar y les obstaculiza para poder realizar otros caracteres o roles que tengan deseo de realizar. Así, la mater/paternidad se encasilla en modelos que, en el aspecto laboral,  impiden la realización de actividades, como lo sería el cuidado de los hijos durante los primeros meses.

La inexistencia de una licencia de paternidad que realmente permita el hombre cuidar a su recién nacido durante los primeros meses prescribe una conducta que es violatoria de derechos; de los derechos de la mujer, porque refuerza el estereotipo de que somos nosotras las encargadas de cuidar del hogar y la familia; y de los del hombre, porque les prescribe que son ellos los encargados de proveer y no deben descuidar su trabajo. Cook y Cusak hablan de estereotipos prescriptivos (“la mujer debe dedicarse a cuidar el hogar y los hijos o la mujer es más apta para cuidar a los hijos”) y en los estereotipos hostiles (“la mujer debe ser casta y honesta, la joven sólo puede aprender un oficio o profesión adecuado a su sexo”), pues pretenden establecer cómo debe comportarse y qué rol debe cumplir la persona que pertenece a este grupo, ya sea a través de normas (jurídicas, morales y/o sociales) y a través del rechazo u hostilidad si no se cumplen.

La cuestión es que los estereotipos prescriptivos pretenden obligar o refuerzan el desempeño de ciertos papeles dependiendo del sexo, género, edad y perviven dentro de la organización de la familia –sobre todo en la llamada familia tradicional- e influyen en la creación de normas y políticas relacionadas con ésta. Los roles asignan características y papeles a las personas atendiendo a su sexo y a las precomprensiones culturales sobre lo que cada sexo debe hacer o dejar de hacer. Estos roles lesionan la identidad individual e impactan en el comportamiento de las personas, en especial a las mujeres, quienes son encasilladas en el rol de “ama de casa” y madre, lo que transgrede su libertad y autodeterminación. Son, pues, los estereotipos presentes tanto en leyes como en políticas públicas, los que ayudan a perpetuar la discriminación de la mujer y de los niños, niñas y adolescentes dentro de la familia.

El que un hombre no pueda solicitar meses de licencia (con sueldo al 100% o al 65% por decir) impacta directamente en los derechos de la mujer, también, pues resulta más caro contratarnos a nosotras, que a ellos. Resulta menos fiable una mujer con familia –que no está disponible 7×24 que un hombre, que debe estarlo, pues ellos –según el estereotipo-, no tienen por qué dedicarse al cuidado de la familia.

Sobre esta argumentación he publicado hace unos 6 meses una larga nota sobre el libro de la ministra de familia alemana, quien, precisamente, argumenta que para lograr equidad de género, es indispensable que se nivele en el ámbito laboral los derechos de las personas (hombres Y mujeres) al cuidado de su familia y de su hogar. La equidad laboral (en derechos y salarios) será cuasi-imposible de realizar, mientras el patrón perciba que la mujer siempre tendrá responsabilidades familiares y por tanto, no está disponible todo el tiempo (horas extra, fines de semana, “bomberazos”, en fin), mientras que el hombre –si quiere ser exitoso- debe estar disponible siempre  –porque se supone que no las tiene-. Y el círculo vicioso se cierra pues en la medida en que en el trabajo los hombres no tengan prestaciones relacionadas con el cuidado de la familia, la responsabilidad de ésta recaerá necesariamente en la mujer, lo que le impide a su vez, realizar un trabajo en condiciones iguales a las de un hombre.

La Corte mexicana ha rechazado además la idea jerárquica entre esposo y esposa, entre hombre y mujer, y ha optado por relaciones familiares igualitarias:

El desarrollo de nuestro ordenamiento jurídico ha alcanzado un punto en el que resultan del todo rechazables aquellas posiciones que colocan a la mujer en una posición de subordinación respecto al marido. Ni el ’cuidado de la familia’, ni la supervisión ’de la conducta moral’ de uno de los cónyuges, habilita al otro para violentar sus derechos fundamentales. La decisión de dos individuos de unir su vida en matrimonio, no les implica renuncia alguna en sus derechos fundamentales ni en su dignidad […]”

¿Por qué entender que el tema de “conciliación de la vida laboral y familiar” deba ser exclusivamente uno que atienda la problemática femenina? Con ello se estereotipa, se refuerzan roles de género y se transgreden derechos de los padres. Ver acá qué ha resuelto el Tribunal Constitucional español con respecto a este tema.

2) Este segundo aspecto sobre los derechos de los padres, que me parece el más evidente, sigue invisibilizado un tanto por el machismo, otro tanto por el feminismo (que de ninguna manera entiendo como una versión inversa del machismo). Por el machismo, en el sentido de que se percibe que los hombres nada tienen que hacer cuidando niños, pues se trata de una tarea eminentemente femenina. “Que te ayude tu mamá/tu suegra…” Por lo general se sobreentiende que si no se puede con el bebé, para eso están la mamá, la suegra, las hermanas, las cuñadas o las amigas y vecinas. Los hombres sirven para traer el pan a la casa y punto. Por el lado del feminismo el tema se invisibiliza pues se entiende por un lado que el cuidado de la familia es una actividad que no interesa a los hombres y que en todo caso “no tienen por qué deshacerse de sus privilegios” para “rebajarse” a cambiar pañales y preparar biberones, la lucha feminista se ha concentrado en la búsqueda de oportunidades para las madres trabajadoras y la existencia de garantías para que podamos combinar familia y trabajo. Estas dos posturas ocultan la realidad de que muchos padres quieren ocuparse de sus hijos (conozco varios y en twitter y facebook he leído a otros tantos). Es un derecho de los papás pedir una licencia y cuidar a sus hijos cuando acaban de nacer o cuidar a los hijos mayores cuando se tiene un bebé, para dividir las tareas con la pareja. Sobre todo los primeros meses en que los recién nacidos necesitan una atención casi del 100%

Todo el sistema de maternidad en el trabajo está referido a la mujer y aunque, sí, somos nosotras las que llevamos el embarazo y parimos, no necesariamente somos quienes cuidamos al recién nacido, ni a los hijos.  Y ¿qué hay de las parejas gay? o ¿de las parejas o personas que adoptan? El sistema, para no variar, está construido sobre la base de la familia tradicional -papá, mamá, casados, con hijos-. ¿y las familias diversas?

En Alemania, por ejemplo, la idea de la licencia es que la pareja decida, dependiendo del sueldo de cada uno, cuál de los dos debe regresar a trabajar y cuál debe quedarse en casa a cuidar al hijo o hijos, pues, como expliqué, el salario se reduce al 65% o 1800 euros mensuales.

En México, el derecho a guarderías, por ejemplo, en muchas ocasiones es un derecho de lA trabajadorA (ver el inciso c de la fracción XI del apartado B del artículo 123 de la Constitución o el artículo 171 de la LFT dentro del capítulo Trabajo de las Mujeres), o los espacios se reservan a ellas y los padres pueden acceder solamente si ellas no los usan. Las pausas durante el día, o las faltas justificadas por enfermedad o por alguna actividad escolar, son por lo general para ellas. Todas las prestaciones y permisos relacionados con el cuidado de la familia son para las mujeres, por lo general los hombres que pidan un permiso de este tipo rebajarán su estatus laboral y serán percibidos como menos emprendedores y confiables –son amos de casa o mandilones-. No me negarán que sería casi un pecado laboral que un padre solicite permiso para no ir a la oficina en la mañana pues es el festival de fin de cursos del kinder de su hijo o decir que se ausentará un par de días pues su niña tiene gripa.

Y no sólo hablamos de cuestiones laborales, en general, no hay muchos baños públicos para hombres con cambiadores de pañales, y los papás que llevan a sus hijos a la escuela y a las fiestas por la tarde, son vistos como “mantenidos” o “maravillosos padres solteros” –aunque no lo sean y el reparto de actividades con su pareja sea diverso-.

Mientras redacto esto no dejo de pensar en la película Kramer vs Kramer cuando Ted Kramer (Dustin Hoffman) en el juicio de custodia de su hijo dice:

“Por qué una mujer no puede tener las mismas ambiciones que un hombre?, ¿qué ley dice que una mujer, por virtud de su sexo, es un mejor que un padre (is a better parent)? Ello tiene que ver con la constancia, la paciencia… no sé dónde dice que la mujer tiene un privilegio en ese mercado… que un hombre no posee esas emociones como la mujer…”

Por supuesto el cuidado de los hijos dentro de una pareja homosexual se convierte en un via crucis laboral, pues ambos son hombres, ninguno tiene derechos con respecto al cuidado de la familia. ¿cómo cuidar al bebé recién nacido? Recientemente se publicó una nota sobre un juez en Brasil que falló a favor de una licencia de maternidad para una pareja gay. Me parece muy bien por esa pareja, pero no es necesario equiparar a una pareja gay con una pareja hetero en donde uno realiza el papel de la mujer (cuidadora) y otro el del hombre (proveedor). Ambos, dos mujeres, dos hombres o un hombre y una mujer, DEBEN tener derecho al cuidado de su hogar y de su familia, en igualdad de circunstancias.

Si la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer establece como obligaciones del Estado las de modificar estereotipos y patrones socioculturales de conducta asignados a cada sexo a partir del género, y la Convención sobre Derechos de los Niños establece que “ambos padres tienen obligaciones comunes en lo que respecta a la crianza y el desarrollo del niño”, entonces el Estado está obligado a revisar su normativa de derechos laborales relacionados con el cuidado de los hijos , entre otras.

Pienso que para que exista equidad, desde ambas perspectivas, y para que desde el aspecto patronal sea igual el costo de oportunidad para contratar un hombre o una mujer, los hombres deberían tener también derecho a las mismas 6 semanas con goce de sueldo que la mujer. Son optativas, cada quien puede elegir tomarlas o no, tomarlas completas o no. No se trata solamente de “ver” al hijo recién nacido, se trata de que ambos realicen las tareas del hogar y del cuidado de los hijos, por ello, creo que 10 días no son suficientes. Equiparar la licencia tendría resultados positivos. Sobre todo para los casos de parejas del mismo sexo –en especial las de hombres gay-, si la familia tiene más hijos, si es un embarazo múltiple, si la mujer sufre complicaciones o peor, si la madre muere.

Más que una licencia, parece una vacación contemplativa y no una para cumplir con responsabilidades familiares -como sí se entiende la licencia de las mujeres- y eso, es discriminación, a las mujeres y a los hombres.

Por último, desconozco si es posible solicitar la licencia de maternidad por adopción. Confío en que la licencia de maternidad no es entendida solamente para la que se embaraza, sino para el cuidado de los hijos.

Ojalá los legisladores pongan atención a este punto. Según me dicen, en el dictamen se propone reducirla a 3 días… ¿y la Comisión de Equidad de Género?

 

Gracias a Alonso González de la Vega por la sugerencia del tema.

 

*Sé de un país en Sudamérica que recientemente introdujo una licencia de paternidad (creo que fue Uruguay) perdí la nota y no tengo referencia. Agradeceré a quien la tenga, para incluirla en esta nota. 

** Recomiendo este sitio On Fathering y este debate en el New York Times What about dad?


Cook, Rebecca J. y Cusak, Simone. Gender Stereotyping. Transnational Legal Perspectives. University of Pennsylvania Press, 2010.Capítulo primero in fine.

Cook, Rebecca J. y Cusack, Simone. Gender Stereotyping. Transnational Legal Perspectives.University ofPennsylvania Press, 2010. página 12. 

Ver: amparo directo en revisión 1621/2010.

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