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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Acoso laboral, una forma más de violencia
En términos de las deconstrucciones culturales, una mujer no podrá defenderse con una legislación mientras no se sienta “con el derecho” de vivir sin violencia y de pedir un castigo para quien la acose.
Por PUB UNAM
24 de mayo, 2017
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Por: Adriana Segovia Urbano (@NASegovia)

Partamos de un concepto de violencia como el uso de la fuerza y el poder para someter o controlar a otros que generalmente se encuentran en estado más vulnerable, y que al hacerlo causa grave daño en quien es sometido. La violencia puede esquematizarse, para su entendimiento, en una variedad de formas (física, emocional, económica, sexual) y grados (desde el jalón de pelos hasta el homicidio y el feminicidio, o desde la burla hasta el acoso callejero y laboral).

La violencia entonces causa un daño en la vida de las personas (así como de los animales y el medio ambiente, si llevamos la idea de sometimiento y daño a un plano más amplio) y es ésta la razón por la que su estudio y discusión compete a los temas de la bioética, para ser problematizada desde las distintas disciplinas y converger en los modos en que la vida, su calidad y su diversidad se ven vulneradas por la violencia.

Existe acoso cuando alguien apremia a otro con molestias o requerimientos (DLE), por eso aunque sea una forma de violencia, se usa para describir conductas “menos evidentes” de la violencia: acoso psicológico, escolar, callejero, cibernético, laboral.

El acoso sexual en el trabajo (nos referiremos en este texto a este acoso como acoso laboral, aunque a veces este concepto se usa para traducir al español el mobbing, que es una forma de violencia del grupo hacia uno o una minoría en el trabajo: burlas, aislamiento, bromas, etc.) se ubica en ese mapa de formas y grados de violencia como una manera muy normalizada de la violencia machista, en el marco de la cultura patriarcal. En México, 32 % de las mujeres de 15 años o más ha padecido violencia sexual: intimidación, acoso o abuso sexual, según datos del INEGI.

Desde luego que también existen víctimas hombres de este acoso, pero cuando entramos a su definición (término acuñado en 1974 en la Universidad Cornell), que incluye los comportamientos sexuales inoportunos no consentidos en el trabajo, y que traen como consecuencia un ambiente amenazante, es muy obvio que la cultura patriarcal promueve, sostiene e invisibiliza esta hostilidad predominantemente de los hombres hacia las mujeres. Este comportamiento se agrava cuando quien acosa además tiene una posición de poder.

Invisibilidad es un concepto clave en este tema, porque las mujeres que viven acoso suelen contar testimonios con expresiones tales como: “no me dijo nada agresivo, ni explícito, fue más la forma, el momento”, o “parecía un ‘galanteo’, un ‘piropo’, un ‘halago’, pero me hizo sentir incómoda y ya no supe qué decir”. Las mujeres suelen verse atrapadas en este clima mistificador (confusión que se produce en un clima de violencia cuando el afecto y la agresión se mezclan), porque familiar y culturalmente han sido socializadas bajo premisas de dominación y posesión por parte de los hombres que “se sienten con derecho” (y ellas creen en algún nivel que lo tienen) de “meterse con su cuerpo”, por parte de hombres “cercanos”, según ellos “en buen plan”, usando argumentos como “es que estás bien bonita”, “es que les gusta, aunque se hagan que no”, “qué tiene, si te digo cosas bonitas”.

Los comportamientos pueden incluir: contactos indeseados, comentarios lascivos, bromas sexuales, humillaciones, insinuaciones sexuales. El acoso sistemático, después de un tiempo, tiene efectos físicos y psicológicos en quien lo sufre, la mujer se va quedando aislada, desvalida, confundida, culpable y avergonzada. Esta condición dificulta el pedir ayuda. En el trabajo se manifiesta ausentismo, bajo rendimiento, y a nivel personal, estrés, insomnio u otros padecimientos físicos.

Otro concepto central para la comprensión y posibilidad de visibilización y lucha contra el acoso es la idea de consentimiento. El consentimiento es el conocimiento voluntario y por decisión mutua para tener intercambios sexuales, ya sea en términos de palabras o acciones. Es un concepto central del liberalismo, pero también está fuertemente relacionado con la autonomía (principio bioético). Ha sido motivo de amplias discusiones académicas para poder ser definido en las legislaciones contra el acoso sexual (Janet Halley, “The Move to Affirmative Consent”, University of Chicago Press), ya que en verdad presenta grandes dificultades en su comprensión y demostración. Dada la preponderancia de ciertas premisas patriarcales acerca del “derecho a poseer a la mujer”, que puede tener expresiones sutiles (“piropos”) o brutales (violación, feminicidio), y las consiguientes y generalizadas premisas donde la voluntad es absolutamente secundaria (“en realidad sí quieren y les gusta, aunque digan que no”), definir y estudiar el consentimiento y la autonomía a nivel académico es indispensable, además de que tome forma legal y se difunda y practique a nivel cultural.

¿Qué hacer contra el acoso?

Afortunadamente, tanto en el país como en nuestra Universidad se han desarrollado medidas legales para luchar contra ésta y otras violencias de género, como los Lineamientos generales para la igualdad de género en la UNAM (7 de marzo, 2013), en donde se define precisamente la violencia de género para su erradicación en esta comunidad. Pero sigue siendo indispensable desarrollar la reflexión académica al respecto, llevada a nivel de políticas públicas y legislaciones, así como la promoción del derecho a una vida libre de acoso y violencia.

En términos de las deconstrucciones culturales, una mujer no podrá defenderse con una legislación mientras no se sienta “con el derecho” de vivir sin violencia y de pedir un castigo para quien la acose. Por tanto apunto aquí las premisas culturales que habrá que seguir trabajando a nivel psicosocial y cultural:

Visibilizar, identificar, nombrar la violencia y el acoso.

El derecho y la obligación a recibir y ejercer el buen trato (nadie, por ninguna razón tiene derecho a meterse con el cuerpo-mente del otro/a sin su consentimiento).

Nada justifica la violencia, nunca.

La responsabilidad de quien ejerce la violencia y el acoso recae 100% en quien la ejerce (la “provocación” tampoco justifica el acoso; quien se siente “provocado” tiene la responsabilidad de elegir qué hacer con esa “provocación”).

Favorecer la confianza entre colegas para evitar que predomine el silencio y el secreto. Esto incluye repetir(nos) que la víctima nunca es culpable. Romper el silencio es fundamental para salir del sufrimiento provocado por el acoso.

Confronta y denunciar a quien comete acoso.

 

@bioeticaunam

 

* Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

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