close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Qué hacemos con los animales en cautiverio
Si, como en el caso de los circos, se decidiera cerrar los zoológicos, sería indispensable plantear cómo recuperar los objetivos de conservación de especies, incrementar los planes de reintroducción a sus hábitats naturales, así como garantizar el bienestar de todos los individuos que se queden a su resguardo.
Por PUB UNAM
3 de agosto, 2016
Comparte

Por: Fabiola Villela

Recientemente hemos visto campañas que nos invitan a sensibilizarnos y a generar empatía sobre especies que se encuentran en diferentes situaciones de vulnerabilidad o peligro frente al ser humano: desde animales de compañía (perros y gatos) o animales destinados al sustento humano (vacas, pollos o cerdos), pasando por animales utilizados para el trabajo (burros y caballos) y el entretenimiento (como los toros de lidia o mamíferos marinos), hasta especies de vida silvestre destinadas a exhibición (chimpancés, leones, gorilas, elefantes).

En el caso de animales de compañía, se hace evidente sobre todo en las grandes ciudades la tendencia a promover su cuidado (por medio de adopción, esterilización, tutoría responsable) y evitar el maltrato y crueldad hacia ellos (la ley recientemente aprobada en la CDMX), mientras que poco a poco se ha ido evidenciando el maltrato que se les da a los animales destinados al consumo humano, lo que ha conllevado a promover la reducción en el consumo de productos de origen animal, al tiempo que se buscan alternativas de producción libre de crueldad o de adoptar una dieta vegetariana.

Pero en el caso de animales de vida silvestre, la situación es mucho más compleja. Su exhibición provoca cada vez más cuestionamientos. ¿Qué hacer con los animales que actualmente están en esa condición de cautiverio? ¿Cerrar circos y zoológicos para terminar de forma inmediata con esta situación? ¿Enviarlos a santuarios y refugios? ¿Cómo garantizar su bienestar? ¿Cómo justificar estas prácticas?

En el caso de los animales que vivían en un circo, se pensó que lo mejor era terminar con dicha práctica. “Los animales no son payasos” o “tu diversión a costa de mi sufrimiento” fueron algunas de las frases que se presentaron en la campaña del Partido Verde Ecologista para impulsar un cambio normativo respecto a la forma de entretenimiento ofrecida por los circos. Nada justifica la captura y encierro de un animal para la diversión humana. La propuesta fue aprobada y se reflejó en un cambio a la ley de vida silvestre. No obstante, se ha dado a conocer recientemente que el 80% de los individuos que fueron “rescatados” de los circos han perdido la vida, esto a causa de una pésima implementación de la ley que prohíbe su exhibición. Si concedemos que la intención fue buena, hemos de reconocer que el resultado fue trágico. ¿Pero quiénes eran los responsables de salvaguardar la vida de esos animales?

En el caso de los animales que viven en zoológicos, también recientemente se han dado a conocer una serie de incidentes en los que la vida de estos animales se vio vulnerada frente a la necesidad de proteger la vida y la seguridad de seres humanos. En la mayoría de los casos, son los animales quienes han perdido la vida y por ello se han polarizado las reacciones: por un lado, quienes critican a los zoológicos (su existencia y medidas de seguridad insuficientes en estos casos); por otro, quienes critican a los humanos involucrados (incluso a los que han sido atacados).

Bantú murió mientras era trasladado del zoológico de Chapultepec al de Guadalajara.

Bantú murió mientras era trasladado del zoológico de Chapultepec al de Guadalajara.

Se ha planteado que es conveniente cerrar los zoológicos, o enviar, por lo menos, a los primates no humanos a santuarios. Pero, ¿son estas dos propuestas realmente benéficas para estos animales en cautiverio?, ¿o representan el efecto de la polarización de las posturas cuando se ven involucrados animales de vida silvestre?

Quienes piensan que los zoológicos deberían cerrar, consideran como opción obvia y viable el traslado de los individuos a diferentes santuarios a lo largo y ancho del mundo. Generalmente, la idea de santuario representa un lugar idílico, donde los animales estarán en completa libertad y donde todas sus necesidades estarán cubiertas. Sin embargo, la realidad difiere de esta idealizada concepción, pues en todos los casos se trata de zonas protegidas en las que existen restricciones de espacio y libertad. Aunado a lo anterior, es necesario considerar los riesgos e implicaciones que el mismo traslado implica (sedación, manejo, adaptación, etc.) así como la alteración de relaciones afectivas entre los animales (en caso de grupos de la misma especie), y entre ellos y sus cuidadores humanos, y cómo afectaría esto el estado anímico de cada individuo. Si el objetivo es incrementar el grado de bienestar de esos animales, estas consideraciones deben de estar presentes al momento de decidir qué hacer en cada caso.

Si bien es cierto que durante siglos no se consideró a los animales como seres sintientes sino como máquinas, la realidad es que hoy en día son pocos quienes rechazan (desde su clara negativa o ignorancia) las evidencias científicas y etológicas que prueban una y otra vez que los animales no humanos, en especial los mamíferos, aves y reptiles, son capaces de sentir, de tener vida mental y personalidad. Esta capacidad que compartimos con ellos nos compele a considerar cómo debemos relacionarnos con ellos. Es, por supuesto, una cuestión de bioética. Pero debemos aprender de nuestros errores y evitar que sean únicamente buenas intenciones las que guíen nuestro actuar, pues como reza el dicho “de buenas intenciones está pavimentado el camino al infierno”.

Entonces ¿qué hacer? Podrían cerrar todos los zoológicos y convertirlos en santuarios (de hecho, esta es la propuesta que algunos sostienen), pero esto no cambiaría nada si se las malas prácticas al interior de dichas instituciones se mantienen. Deben generarse cambios profundos que puedan apuntar a una nueva relación entre animales de vida silvestre y seres humanos; de lo contrario, no se estaría resolviendo ningún conflicto. Así como hay zoológicos que atentan contra el bienestar de los animales que los habitan, también hay santuarios que incurren en estas faltas. No es cómo lo nombremos sino los objetivos que buscamos con estos espacios: ¿para qué sirven estas instituciones?, ¿quiénes y cómo las administran?, ¿quiénes deben laborar ahí?, ¿qué animales vivirán en ellas?

Algunos se pronuncian por mantener las prácticas e instituciones actuales porque no ven en ellas nada cuestionable (porque “siempre han sido así” o porque los intereses de los humanos son los únicos que importan –desde la recreación, tradición o alimentación), mientras que otros insisten en que hay que dejar a los animales en paz, ya sea en santuarios o en reservas ecológicas que no sean invadidas por los seres humanos, pues lo único que les provocamos es dolor y sufrimiento. ¿Son estas las dos únicas opciones con las que contamos? No lo creo. Entre ambas posturas debe existir un abanico de posibilidades que nos permitirían tomar las mejores decisiones.

Por tanto, si, como en el caso de los circos, se decidiera cerrar los zoológicos, sería indispensable plantear cómo recuperar los objetivos de conservación de especies, incrementar los planes de reintroducción a sus hábitats naturales, así como garantizar el bienestar de todos los individuos que se queden a su resguardo.

Quizá deban desaparecer los circos, zoológicos, parques acuáticos (con espectáculos de mamíferos marinos), y otros espacios públicos que justifican su existencia a través de la exhibición de estos seres vivos, pero debemos encontrar las vías correctas para ello, así como los mecanismos idóneos en los que no sólo sea el buen corazón o la buena intención la que promueva acciones que podrían ser contraproducentes -como hemos visto- las cuales, lejos de ayudar a los animales no humanos, no han podido impedir su muerte.

 

@bioéticaunam

 

 

* Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.