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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Autonomía y vulnerabilidad social: consideraciones para el acceso a la eutanasia en México
¿México puede asumir la posibilidad de hacer realidad la opción legal de la muerte médicamente asistida?
Por José Isaac González Huerta
30 de octubre, 2019
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Recientemente se hizo popular el caso de Marieke Vervoort, deportista paralímpica belga, cuyo esfuerzo profesional la hizo merecedora durante su trayectoria de cuatro medallas en las Olimpiadas de Londres y Río, y que el día 22 de octubre decidió poner fin a su vida mediante muerte médicamente asistida o eutanasia(1). Desde 2002, la eutanasia es una opción en Bélgica para aquellas personas que, padeciendo un sufrimiento intolerable como consecuencia de problemas físicos o mentales crónicos que eventualmente pueden volverse terminales, la solicitan para finalizar anticipadamente su vida en las condiciones que consideran mejores para su sistema personal de creencias y valores.

Marieke tenía una enfermedad muscular degenerativa caracterizada por dolor y parálisis muscular progresiva, que con el paso de los años elimina en la persona algo más que su movilidad… Para ella, eliminó también aquellas condiciones en las que desearía permanecer viva. Como Marieke, en el 2018 murieron 2 mil 357 personas en Bélgica por muerte médicamente asistida, lo cual corresponde al 2% de la mortalidad general del país, que tiene una población de más de 11 mil 300 millones de personas, un índice de acceso y calidad a la atención de la salud del 92.9% y una calidad de muerte que lo posiciona en el lugar número 5 del ranking mundial, según el último informe elaborado por The Economist en el 2015.

Para lograr que una persona solicitara y accediera a la eutanasia en Bélgica tuvieron que pasar varios años de discusiones y reflexiones en varios espacios sociales, los cuales en resumen permitieron que una persona, siendo competente (es decir, teniendo capacidad cognitiva para tomar decisiones y estando debidamente informada sobre su condición de salud) pueda decidir poner fin a su vida cuando ésta se vuelve demasiado intolerable por el sufrimiento que conlleva y que no pueda ser mitigado por otros medios. Entonces el médico, comprendiendo a su paciente y siendo empático con la situación que vive, accede a administrarle los medicamentos para que la persona pueda morir en condiciones seguras y sin dolor.

Desde una perspectiva crítica, para que esto se logre hay al menos tres condiciones relevantes: la primera, que la persona se reconoce titular de su vida y de su cuerpo, esto es, asume la pertenencia de su existencia como un bien que no está a expensas de la voluntad divina o del estado; la segunda es la primacía de la autonomía personal en la atención de la salud, lo cual quiere decir que la persona y el sistema en general reconocen que uno mismo puede tomar decisiones libres a partir de la información que se posee, la ausencia de injerencias externas que las condicionen y su respeto por parte del médico; esto último es justamente el tercer elemento. La autonomía viene de la mano necesariamente de su respeto para que pueda ejercerse por el paciente, pues de nada sirve elegir si la elección no será atendida a pesar de que ésta sea fruto de una deliberación que considere todas sus implicaciones y consecuencias; es decir, razonada.

Por otro lado, la autonomía personal como principio ético y derecho humano no es absoluta y no significa que siempre deberá primar frente a otras situaciones relevantes en la atención sanitaria, como sería en el caso de negarse a ser sometido a cuarentena siendo portador de una enfermedad altamente infecciosa como la causada por el virus del Ébola, en donde se pone en riesgo a la salud pública si no se llevan a cabo medidas de contención y la autonomía pasa a un segundo término frente a la seguridad de la comunidad. Sin embargo, en Bélgica, y para el tema de la muerte asistida sí asume un rol fundamental a la hora de decidir poner fin a la propia vida y solicitar ayuda para lograrlo.

Tomando como antecedente lo anterior, la pregunta que surge es: ¿México puede asumir la posibilidad de hacer realidad la opción legal de la muerte médicamente asistida? De antemano yo respondería que sí. Las discusiones sobre la legalización de la muerte asistida en México iniciaron desde principios del año 2000 por una iniciativa de ley que se presentó por partidos de izquierda, y si bien ésta no prosperó por la oposición de los grupos conservadores, la discusión derivó en la Ley de Voluntad Anticipada para el aquel entonces Distrito Federal en 2007. A partir de ahí se han seguido presentando iniciativas de ley o reformas a la Ley General de Salud que buscan despenalizar y regular la eutanasia. Aunque no ha habido éxito aún, cada vez existe más información sobre lo que es y no es eutanasia, y también mayor sensibilización de la sociedad y el gobierno frente al tema del final de la vida; tan solo este año se ha dado un impulso importante a nivel nacional por facilitar el acceso a los cuidados paliativos para enfermos en situación terminal, que deriva en la reforma al párrafo cuarto del artículo 4º constitucional, incorporando dichos cuidados como parte del derecho a la salud en condiciones de dignidad.

Sin embargo, la realidad de México dista de la que se vive en Bélgica, ya que con una población de más de 126 mil millones de personas, un índice de acceso y calidad a la atención de la salud del 66.3% y el poco honroso lugar 43 en el índice de calidad de muerte según el informe de The Economist estamos condicionados a una vulnerabilidad social alta. Esto entendido desde el enfoque de vulnerabilidad en capas presentado por la filósofa y bioeticista argentina Florencia Luna(2), quien explica que si bien todos poseemos una vulnerabilidad ontológica propia de nuestra condición corporal sujeta frecuentemente a amenazas externas; el contexto, las deficiencias estructurales del sistema como la pobreza, la marginación, la violencia y la falta de acceso a derechos básicos (como el derecho a la salud o de su calidad), someten a las personas a una vulnerabilidad social que puede amenazar el desarrollo sus capacidades y metas personales, así como su supervivencia misma (3).

Esto resulta problemático porque dicha vulnerabilidad social, presente en una amplia población mexicana, puede afectar el pleno ejercicio de la autonomía de una persona a la hora de elegir la eutanasia si fuese legal. ¿Qué pasa si no tiene los recursos cognitivos necesarios para poder tomar libremente esa decisión determinante porque su contexto no le permitió desarrollarlos? ¿Qué ocurre si escoge la opción de terminar con su vida y no hay los recursos médicos y medicamentos que se requieren? ¿Cómo asegurar que la decisión sea verdaderamente autónoma, libre y razonada en un contexto de decisiones condicionadas por las deficiencias estructurales del Estado?

Tales cuestionamientos son relevantes y, en la elaboración de las políticas públicas que se requieran para una posible regulación de la eutanasia en un México de transformación, deben estar presentes para asegurar que su implementación facilite que una persona socialmente vulnerable pueda acceder a la terminación de su propia vida en las mejores condiciones posibles cuando el sufrimiento derivado de su situación sea intolerable. Para que, pese al contexto, su decisión sea verdaderamente autónoma, libre y razonada.

* José Isaac González Huerta es médico cirujano y partero, y desde 2018 cursa la Maestría Interinstitucional en Bioética, ambos estudios en la Universidad de Guadalajara. De 2017 a 2018 cursó el Diplomado en Cuidados Paliativos y Manejo del Dolor por el Instituto Jalisciense de Medicina del Dolor y Cuidados Paliativos, y de 2016 a 2017 el de Tanatología Clínica en el Hospital Civil de Guadalajara. Actualmente es subjefe de la Oficina de Tanatología del Hospital Civil de Guadalajara. En la academia es autor del libro Decisiones médicas sobre el final de la vida en pacientes con enfermedad de Alzheimer en conjunto con Asunción Álvarez y Joaquín Gutiérrez y coautor de La muerte asistida en México: una opción más para morir con dignidad. Fue presidente de la Comisión de Salud Pública y Medio Ambiente del Primer Parlamento de Jóvenes del Ayuntamiento de Guadalajara.

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

 

Referencias

(1) Álvarez, Asunción (Coordinadora). La muerte asistida en México: una opción más para morir con dignidad. 2018. México: Solar, 9-65.

(2) Luna, Florencia. Artículo 8. Vulnerabilidad. En: (Casado M. Coord.) Sobre la dignidad y los principios. Análisis de la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos UNESCO. 2009. España: CIVITAS, 255-66.

(3) Moreno, R. P. La vulnerabilidad social en la bioética. Revista Iberoamericana de Bioética, 2017:(5),1. doi:10.14422/rib.i05.y2017.001

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