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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Avistamiento o cacería de ballenas, una falsa disyuntiva: el caso de la ballena gris
La tribu Makah ha solicitado permiso para cazar a la ballena gris con propósitos de subsistencia y ceremoniales, luego de 100 años sin hacerlo.
Por Yolanda Alaniz Pasini
13 de noviembre, 2019
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En abril de 2019 el gobierno de Estados Unidos publicó el aviso de audiencia pública y el apoyo del servicio de pesquerías a la solicitud hecha por la tribu Makah para cazar ballenas con propósitos de subsistencia y ceremoniales, así como para elaboración y venta de artesanías. Esta cacería, de ser aprobada y llevarse a cabo, debería encender las alarmas y cimbrarnos, pues se dirigirá exclusiva y directamente sobre la ballena gris (Eschrichtius robustus) del pacífico: nuestra ballena gris, que nace y se reproduce en costas mexicanas.

Año tras año, las ballenas grises emprenden una de las migraciones más grandes de la naturaleza. Desde los fríos mares del estrecho de Bering y Chukchi, donde en verano se alimentan, navegan aguas costeras hasta llegar a las cálidas lagunas del estado de Baja California Sur, como la “Laguna Ojo de Liebre”, “San Ignacio” y el complejo “Bahía Magdalena”. Es aquí donde se reproducen y nacen las crías entre diciembre y abril. Después, los grupos de ballenas, incluyendo a las madres con sus ballenatos, emprenden el regreso de 9 mil kilómetros hasta las zonas de alimentación.

La abundancia original de esta especie se desconoce, pero se sabe que debido a la intensa cacería comercial llevada a cabo en los siglos XVIII y XIX, a lo largo de toda su ruta de migración, quedaban menos de 2 mil individuos a principios del siglo XX. Tan sólo en México, entre 1846 y 1874 se cazaron casi 6 mil ballenas grises.

Básicamente se cazaban hembras y crías; las madres las defendían furiosamente y atacaban a las embarcaciones balleneras. Se les conocía entonces como “pez demonio” (devil fish). Hoy, en nuestras lagunas, se han convertido en las ballenas más amistosas. Las madres permiten que las crías se acerquen a las embarcaciones donde los turistas se maravillan con ellas.

La tribu Makah ha solicitado la excepción o renuncia (waiver) a la moratoria impuesta por el Acta de Protección de Mamíferos Marinos para poder llevar a cabo su cacería, amparándose en el Tratado de Neah Bay de 1855, que les otorgó el derecho de pesca y caza de ballenas. La solicitud se ampara también bajo el rubro de Cacería Aborigen y de Subsistencia de la Comisión Ballenera Internacional, que desde 1997 otorga permisos a los Estados Unidos de América para este propósito.

A pesar de haber sido una tribu pesquera y cazadora en otros tiempos, los Makah cazaron sólo esporádicamente desde 1867 y durante los años veinte, época en que abandonaron tal práctica debido a la gran disminución de ballenas grises. Sólo volvieron a cazar una ballena en 1999 bajo permiso y otra en 2007 de forma ilegal. Prácticamente un siglo sin realizar esta actividad.

La cacería implicaría no solo la matanza de un promedio de 2.5 ballenas por año durante una década, sino también el “entrenamiento” de los futuros cazadores, lo que resultaría en 150 ataques con arpón. Cualquier cacería de ballenas (y su entrenamiento) implica persecución, acoso, disrupción de la manada, separación de madres y crías, caos, elección del blanco y tiro de arpones. La muerte llega por agotamiento en su lucha por escapar y por desangramiento. No existe manera de matar rápido a una ballena. Se ha demostrado el grave impacto por el estrés de todo el proceso aún en los individuos que no fueron cazados y que sobreviven el acoso. Esto es válido para todos los cetáceos.

Creemos que el argumento de la necesidad de cazar ballenas por razones de subsistencia no puede sustentarse. La tribu ha pasado casi 100 años sin cazar; los cazadores ancestrales no necesitan entrenamiento. Además, solicitan la elaboración y venta de artesanías con partes de ballenas: se intuye turismo. La caza o pesca de subsistencia, por definición, excluye la comercialización. Pero esto nos habla del actual modo de vida de la tribu Makah que podemos calificar de moderno. Baste visitar su página web para reconocer su desarrollo económico y cultural.

Otro aspecto que debe tomarse en cuenta es que durante 2019 se ha presentado un evento de mortalidad inusual. Hasta septiembre 30 se han contabilizado 212 muertes de ballenas grises, 81 de ellas en México; aún no se determinan las causas, pero hay obligación de aplicar el principio precautorio.

Se desconoce el impacto real y a mediano plazo que tanto la cacería como el entrenamiento tendrán sobre las ballenas grises y su comportamiento, y por tanto sobre el creciente ecoturismo de avistamiento de ballenas que año con año llega a Baja California Sur para ver y tocar a la ballena más amigable del mundo. ¿Lo seguirá siendo después de los ataques?

Lo cierto es que, en México, por muchas décadas las ballenas y sobre todo las crías han aprendido a acercarse a las embarcaciones; han aprendido a confiar en nosotros, como especie. Desde esa perspectiva tendríamos que decir que ahora lo que les espera es una traición, pues al llegar a Neah Bay las recibirán lanchas con arpones.

México tendría mucho que decir sobre este tema. No sólo por ser país del rango de distribución y santuario de ballenas, sino porque podría ofrecer a los Makah y al gobierno de Estados Unidos el conocimiento, la legislación y la experiencia en el uso no letal y no consuntivo de las ballenas, que hemos defendido. Por otro lado, los prestadores de servicio de observación de ballenas deben ser notificados y consultados por nuestras autoridades a este respecto, ya que el impacto económico puede ser muy importante en las comunidades que realizan la actividad. Tan solo para 2006, el ingreso económico derivado de la observación de ballenas fue de 1 millón 471 mil 348 dólares, y por gastos indirectos de 13 millones 066 mil 937 dólares, en una temporada.

Es prudente recordar a Paul Taylor al decir que “Es el bien de los organismos individuales, considerados entidades con valor inherente, lo que determina nuestras relaciones morales con la vida silvestre de la tierra”.

Las audiencias inician el 14 de noviembre en Seattle.

* Yolanda Alaniz Pasini es médico cirujano. Cursó las maestrías en Salud Pública y en Antropología Social, así como los posgrados en Bioética y en Desarrollo Sustentable. Fue profesora de las asignaturas de Antropología Médica en la UNAM y de Bioética y Ética Ambiental en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Se desempeñó como Secretaria Técnica de las comisiones de Medio Ambiente y Recursos Naturales tanto de la Cámara de Diputados como del Senado de la República (1998-2012), y ha sido observadora y parte de la delegación mexicana ante la Comisión Ballenera Internacional.

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

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