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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Avistamiento o cacería de ballenas, una falsa disyuntiva
A pesar de las evidentes violaciones e infracciones a lo establecido por la Comisión Ballenera Internacional, la cacería de cetáceos en San Vicente se nos aparece como una matanza impune, no regulada y falsamente justificada como sustentable, legítima, aborigen y cultural.
Por PUB UNAM
3 de julio, 2019
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Por: Yolanda Alaniz Pasini

Imagine usted que está de vacaciones en el mar caribe en un crucero de ecoturismo para realizar el avistamiento de ballenas y delfines, con otros 40 pasajeros. En el tour logran ver que de repente salen a la superficie un grupo pequeño de 4 orcas, con sus impresionantes chorros de aire y agua al exhalar, haciendo que el deseo de ver ballenas se cristalice. De pronto se acercan tres embarcaciones pequeñas, rápidas, con lo que parecen turistas, pero que se lanzan directamente sobre las orcas. De una de estas lanchas un hombre dispara un arpón sobre una orca con un arco instalado en la embarcación, después se escucha una explosión cuando penetra al animal y la hiere de muerte. Le sigue el caos, la sangre, los gritos de los turistas y de los empleados de la compañía de turismo, pero también de los cazadores, el debatir agónico de la orca que no tiene escapatoria, pues el arpón clavado lleva atada una boya para impedir que pueda sumergirse, además de que las lanchas de los cazadores rodean al grupo. A continuación, con igual procedimiento arponean a una orca más hasta que ambas sucumben ante sus cazadores.

Una vez indefensas, amarradas de la cola o aleta caudal a las embarcaciones, son remolcadas a tierra donde serán destazadas en la playa y su carne vendida a los pobladores. El pasaje de horror de la lucha de las orcas y el mar teñido de rojo pareciera extraído de una novela de terror o una pesadilla, pero fue un hecho real. Sucedió en las costas del archipiélago de San Vicente y las Granadinas, en abril de 2017. La compañía operadora de turismo, con base en Kingston Jamaica, canceló sus visitas a San Vicente, y muchos de los turistas entraron en shock ante lo presenciado.

Este capítulo trascendió el ámbito del caribe y hubo protestas en países y grupos conservacionistas internacionales, las que llevaron al Primer Ministro Ralph Gonsalves a declarar que prohibiría la cacería de ballenas en San Vicente y las Granadinas. A dos años de esta promesa la cacería se sigue dando sin obstáculos. La cacería de cetáceos en San Vicente es oportunista, es decir, no hay fechas ni temporadas establecidas, y cazan cuando ven una oportunidad o una manada. El gobierno no otorga permisos, ni lleva registros de los animales cazados y tampoco reglamenta ni establece infracciones de ningún tipo.

La única excepción es la cacería de ballenas jorobadas que está autorizada por la Comisión Ballenera Internacional (CBI), bajo el rubro de “cacería aborigen y de subsistencia”, y recién en 2018 se le autorizó una cuota de cuatro ballenas jorobadas por año, para los próximos 6 años. Sin embargo, San Vicente nunca, desde su ingreso a la CBI en 1981, ha podido satisfacer los requerimientos mínimos exigidos por la Comisión Ballenera, como son el acreditar que la cacería de ballenas ha sido practicada al menos por varios cientos de años, por grupos aborígenes del lugar y que se realiza ante una situación de verdadera subsistencia, ante la imposibilidad de conseguir proteínas animales suficientes de otras fuentes.

En realidad, la cacería de ballenas en San Vicente y Granadinas no es originaria de las islas, sino que fue “importada”, o sea introducida por un hombre escocés llamado William Wallace, trabajador de un barco ballenero americano, que se estableció en la isla de Bequia, alrededor del año 1870. Inició la cacería de ballenas jorobadas y cachalotes, para lo cual enseñó a los pobladores locales. Posteriormente se asoció con otro inmigrante francés, Joseph Olliviere, con quien estableció una estación ballenera al sur de Bequia. Los descendientes de ambos cazadores continuaron con las actividades.

En ese último cuarto del siglo XIX, la cacería de ballenas se practicaba para obtener grasam pero sobre todo para convertirla en aceite con fines comerciales. El aceite se vendía a barcos que pasaban por Bequia a surtirse y también se exportaba a Estados Unidos y Gran Bretaña. Entre 1893 y 1902, San Vicente exportó aproximadamente 95,000 litros de aceite de ballena, lo que equivale a unas 17 ballenas jorobadas por año. No fue sino hasta la década de los setenta que hubo un giro hacia el consumo interno de la carne y la grasa o blubber. El blanco principal de esta cacería han sido las ballenas jorobadas, en especial madres con crías, como consta en los archivos de la propia Comisión Ballenera Internacional.

Además, San Vicente y las Granadinas incumple igualmente el Protocolo relativo a las Áreas de Flora y Fauna Silvestres Especialmente Protegidas del Convenio para la Protección y el Desarrollo del Medio Marino de la Región del Gran Caribe, conocido como Protocolo de SPAW, que establece que los países parte, incluido San Vicente y Granadinas, deben prohibir en su jurisdicción la captura o matanza de todas las especies de cetáceos.

Es así como a pesar de las evidentes violaciones e infracciones a lo establecido por la Comisión Ballenera Internacional, y el Protocolo de SPAW, la cacería de cetáceos en San Vicente se nos aparece como una matanza impune, no regulada y falsamente justificada como sustentable, legítima, aborigen y cultural.

Debemos recalcar que no hay forma de matar rápido ni humanitariamente a una ballena. Los miles de litros de sangre en su cuerpo(aproximadamente 10% del peso corporal) tardan muchos minutos en perderse mientras los animales están conscientes y con un dolor profundo por las heridas de los arpones con explosivos y la persecución . La cacería impacta no solo a los individuos extraídos sino a los animales remanentes debido al intenso estrés del acoso, persecución y cacería. La supervivencia de un grupo depende de la integridad de cada uno de sus individuos. Matar dos orcas de un grupo de cuatro significa la muy probable pérdida de los dos individuos remanentes.

Hoy ya no se puede negar la capacidad de sentir dolor y de sufrir de los animales. Las ballenas y delfines son animales con un gran desarrollo encefálico, capacidades cognitivas y sociales evolucionadas, con pautas de comportamiento y técnicas de forrajeo o cacería que se transmiten de una generación a otra, que apenas están siendo reconocidas por la ciencia. Orcas y ballenas jorobadas establecen estructuras sociales matriarcales y lenguajes de comunicación complejos.

La justificación en términos de “sustentabilidad” no es un argumento que pueda ser esgrimido en cacería de ballenas. Al menos no así. Ver a los animales como “recurso” implica siempre una visión económica y antropocéntrica que cosifica la vida animal y nos impide comprender el valor intrínseco de cada uno de los individuos, como de su vida en grupo social.

De hecho, San Vicente y las Granadinas permanece como el último país de la región de Latinoamérica y el Caribe que aún realiza la cacería de ballenas. Nuestros países han enfocado las actividades de avistamiento de ballenas y delfines como una alternativa económica viable y altamente productiva para las comunidades costeras y de pescadores que la realizan. Hoy se reconoce que su valor intrínseco, turístico y ecológico va más allá del valor comercial. La cacería de ballenas es la antítesis de todos los valores.

En este sentido, 30 organizaciones de la sociedad civil dedicadas a la conservación de la biodiversidad marina de Latinoamérica y el Caribe, se han dirigido al gobierno de San Vicente y las Granadinas para solicitar el cese inmediato de la cacería de cetáceos en ese país, así como adoptar el ecoturismo y la observación de ballenas y delfines vivos, como patrimonio natural y cultural, pero también estético, compartido por nuestras sociedades.

Los cetáceos enfrentan diversas amenazas indirectas, como son la contaminación por el ruido producido por propelas de embarcaciones, estudios de sonar y prospección sísmica, las redes pesqueras en las que caen accidentalmente, las colisiones con embarcaciones y la basura que ha inundado los océanos, sobre todo plásticos que se encuentran en sus estómagos durante las necropsias. La cacería de cetáceos implica una acción y daños directos e intencionales, que sin pretextos debe y puede evitarse en el corto plazo.

Termino con una frase de Aldo Leopold, que orienta nuestras actividades a la naturaleza y que aplica para la vida marina.

“Dejar de pensar que el único uso apropiado de la tierra es el económico. Examinar cada cuestión en términos de lo que es correcto estética y éticamente, así́ como lo que es económicamente conveniente. Algo es correcto cuando tiende a preservar la integridad, estabilidad y belleza de la comunidad biótica. Es incorrecto cuando tiende a lo contrario”. Aldo Leopold, A sand county almanac

* Yolanda Alaniz Pasini es médico cirujano y cursó las maestrías en Salud Pública y en Antropología Social. Igualmente, los posgrados en Bioética y en Desarrollo Sustentable. Fue profesora de las asignaturas de Antropología Médica en la UNAM y de Bioética y Ética Ambiental en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Se desempeñó como Secretaria Técnica de las comisiones de Medio Ambiente y Recursos Naturales, tanto de la Cámara de Diputados como del Senado de la República (1998-2012) y ha sido observadora y parte de la delegación de México ante la Comisión Ballenera Internacional. Actualmente es consultora de Conservación de Mamíferos Marinos de México, A. C.

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

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