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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Bioética y evolución: un engranaje necesario
Corremos un riesgo al intentar definir qué es la vida y qué es el ser humano si no lo entendemos a la luz de la evolución biológica, aunque es cierto también que si sólo nos enfocamos en la explicación biológica de la vida y del ser humano nuestra definición estaría incompleta.
Por Jaqueline Alcázar Morales
11 de marzo, 2020
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Hemos sido alcanzados por las consecuencias de nuestros actos, y la “razón”, que fue nuestro más grande orgullo, hoy se disipa entre penumbras y nos retorna a la tierra sin miramientos. Por mucho tiempo la vanidad y el egoísmo no nos permitieron mirar con respeto a otras formas de vida y, sin cuidado alguno, hemos atentado también contra todos los elementos abióticos que permiten la vida en nuestro planeta.

Charles Darwin nos recordó que somos parte de la tierra y de la naturaleza. Nos recordó que somos animales y que tenemos una gran familia a la cual pertenecemos. La evolución biológica es un hecho; primero, porque acontece, independientemente de la conciencia que tengamos de ello, y segundo, porque la Biología contemporánea ha mostrado la consistencia razonable entre la explicación y el proceso continuo de transformación. La evolución biológica como explicación científica se ha convertido en fundamento para la comprensión de la vida porque revela la profunda semejanza que hay entre el ser humano y los otros seres vivos. Yendo más allá de Darwin, podemos decir que compartimos el mismo tipo de DNA y muchas secuencias similares.

La “razón” o capacidad racional, que por muchos siglos había sido nuestro orgullo, hoy se puede explicar, en términos adaptativos, como una característica que con relación al medio ambiente fue favorecida por la selección natural, y nos ha permitido como especie sobrevivir y lograr el desarrollo cultural que hemos alcanzado. Esto último indica que nuestro origen y nuestra capacidad racional no estaban planeados; aquí está la razón, y sin ella no habríamos hecho jamás filosofía, ciencia y arte. No somos seres especiales, somos animales cuyo origen nace en nuestra historia evolutiva.

Por esta razón la Bioética, que se interesa en problemas ambientales y animalistas, ha basado sus argumentos en la evolución biológica, como fundamento de las explicaciones que intentan ampliar la ética más allá de lo puramente humano. La Bioética, como sabemos, toma fuerza en la segunda mitad del siglo XX; Van Rensselaer Potter nos dice que la humanidad está necesitada de una nueva sabiduría que nos dé las herramientas necesarias para saber cómo el conocimiento debe usar al conocimiento para el bien social. Asimismo, propone una ciencia de la supervivencia(1) que sea construida sobre las ciencias biológicas. Esta nueva sabiduría requiere conocimientos biológicos y filosóficos, sociales y humanísticos.

Corremos un riesgo al intentar definir qué es la vida y qué es el ser humano si no lo entendemos a la luz de la evolución biológica, aunque es cierto también que si sólo nos enfocamos en la explicación biológica de la vida y del ser humano nuestra definición estaría incompleta. Sin embargo, las discusiones bioéticas actuales no pueden entenderse cabalmente si no tenemos conocimientos básicos de evolución y de Biología en general.

Para poder construir una relación de respeto y cuidado de la naturaleza, no basta con darle valor a otras formas de vida; también es necesario comprender los argumentos teóricos que fundamentan estas posturas. Las éticas no antropocéntricas se basan en la idea darwinista que explica que todas las formas de vida provienen de un ancestro común. Las ciencias genómicas corroboran que las bases del DNA son las mismas en todos los seres vivientes, y por lo tanto estamos emparentados genéticamente; así se comprueba el argumento del ancestro común de Darwin.

De esta manera podemos comprender las palabras de Aldo Leopold cuando dice que el ser humano de conquistador de la comunidad de la tierra se vuelve un simple miembro y ciudadano de ella(2). Al mismo tiempo, el zoocentrismo de Peter Singer se basa en una característica biológica como la capacidad de sufrir y/o disfrutar(3), y Tom Regan considera que tener vida mental y capacidades cognitivas son necesarias para considerar moralmente a los seres vivos(4). El biocentrismo de Paul Taylor plantea que para ser sujeto de consideración ética es condición suficiente un bien propio como la vida(5). El ecocentrismo se centra en el cuidado y respeto de los ecosistemas naturales, los sistemas bióticos y abióticos.

Aldo Leopold, Peter Singer, Tom Regan y Paul Taylor, entre otros, se basan en una condición biológica para construir sus argumentos de cuidado y respeto hacia las diversas formas de vida. Estas capacidades biológicas (como ser parte de una comunidad biótica, poder sentir dolor, tener capacidades cognitivas, la vida misma como un proceso biológico) tienen como antecedente un origen evolutivo. Son procesos que podemos explicar a través de la interacción causal de cada órgano y de las reacciones químicas que éstos producen, es decir, como un problema de la Biología Funcional; pero también pueden explicarse a través de la Biología Evolutiva, que toma en consideración al organismo como parte de una población y estudia cómo se relaciona con otros seres vivos y con su medio. La Biología Evolutiva completa las explicaciones causales derivadas de la Biología Funcional.

En última instancia, y aunque de ellos no se deriven nuestras obligaciones de cuidado y respeto, es fundamental la comprensión de los procesos de homeostasis, equilibrio ecológico y evolución para poder argumentar cuidadosamente sobre una posible ética ambiental. De este modo, cobra suma relevancia, hoy en día, el conocimiento de la evolución para la comprensión de diversos problemas que le competen a la Bioética.

Me parece que el interés cada vez más grande por el cuidado y respeto de la naturaleza como un problema bioético puede ser mejor entendido y aportar una visión ética más completa si alcanzamos a comprender que la vida en general se puede explicar en términos biológicos de tipo causal, pero al mismo tiempo a través de una explicación causal evolutiva. Así, las preguntas “¿por qué y cómo se obtuvieron, a lo largo de nuestra historia evolutiva, las capacidades biológicas con las que hoy cuenta cada especie?” y “¿cómo, a través de la historia evolutiva, los elementos abióticos fueron cambiando para permitir la vida en nuestro planeta?” podrán ser mejor entendidas.

Los procesos biológicos, entendidos a la luz de la evolución, amplían nuestro espectro de comprensión para saber cómo relacionarnos con los demás seres vivos. Si uno de los intereses de la Bioética es construir un diálogo que facilite el cuidado y respeto de la naturaleza, no podremos lograrlo si no intentamos explicar cómo opera la vida. A manera de ejemplo: no podemos convencer a otras personas de que los animales con sistema nervioso central (SNC) sienten, porque no contamos con elementos necesarios para explicar la sintiencia desde el funcionamiento de este, ni tampoco su historia evolutiva. Debemos buscar explicaciones más completas para que cada vez más personas comprendan la relevancia que tiene el cuidado y respeto de la naturaleza que, como nosotros (al menos es el caso de la naturaleza orgánica), también es producto de la evolución.

* Jaqueline Alcázar Morales estudia el doctorado en Humanidades en Salud en el área de Bioética y Ambiente en la Facultad de Medicina de la UNAM. Es profesora de asignatura en la Facultad de Ciencias, en las áreas de Filosofía e Historia de la Biología y de Bioética, y en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, donde también coordina el Seminario de Investigación Permanente “Bioética: ética y evolución”. Su área de especialización es en filosofía e historia de la biología y en la ética de la virtud de Aristóteles aplicada a las discusiones ambientales en Bioética ([email protected]).

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

 

Referencias

  1. Potter, V.R. (1971). Bioethics: Bridge to the future. Englewood Cliffs: Prentice Hall, 1-2.
  2. Leopold, A. (2019). Un año en Sand County. España: Errata Naturae, 334-335.
  3. Singer, P. (2018). Liberación animal. España: Taurus, 25.
  4. Regan, T. (2016). En defensa de los derechos de los animales. México: FCE/UNAM/IIF/PUB, 43.
  5. Taylor, P. W. (2005). “La ética del respeto a la naturaleza”. Cuadernos de crítica, 52: 12.
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