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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Captura de vaquita marina: un dilema ético
Es un hecho conocido que la captura de animales silvestres representa una amenaza para su integridad y supervivencia, debido al estrés que produce. En el caso de la vaquita nunca se había intentado capturarlas, y los resultados no fueron buenos.
Por PUB UNAM
20 de febrero, 2019
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Por: Yolanda Alaniz

La vaquita, el mamífero marino más pequeño del mundo que habita exclusivamente en el Alto Golfo de California, está en peligro crítico de extinción; quedan menos de 30 individuos. La causa de su declinación se debe a las redes pesqueras ilegales conocidas como “totoaberas” y a las insuficientes e inadecuadas medidas de protección. Tan sólo en dos años se perdió el 50 por ciento de las que quedaban. Así, la “fiebre” por la pesca del pez totoaba para vender su buche al mercado asiático ha sido catastrófica para dicha especie.

Ante esta situación, el gobierno, junto con científicos del Comité Internacional para la Recuperación de la Vaquita (CIRVA), decidió proceder con la captura de vaquitas como posibilidad para salvar la especie, y se creó el Programa para su Conservación, Protección y Recuperación (CPR). La intención era capturarlas, llevarlas a cautiverio, reproducirlas y después, cuando hubiera condiciones de seguridad en su hábitat, liberarlas.

Sin embargo, es un hecho conocido que la captura de animales silvestres representa una amenaza para su integridad y supervivencia, debido al estrés que produce. Esto se conoce como miopatía por estrés, durante la cual los animales sufren diversos procesos que van desde el aumento de la frecuencia cardiaca, de la respiración y de la temperatura corporal, hasta infartos y muerte.

Esto es particularmente válido para los mamíferos marinos debido a las características intrínsecas de captura que implica: la persecución, acoso, captura, manipulación intensa y transporte. En el caso de la vaquita nunca se había intentado capturarlas.

Analicemos las dos capturas que se llevaron a cabo:

El 18 de octubre de 2017 se capturó a la primera vaquita, de aproximadamente seis meses de edad, en fase de destete, quien no hizo ningún esfuerzo por escapar. El equipo de científicos la desenredó, la colocó en una camilla especial y la subió a la lancha donde se le aplicó diazepam -un sedante-, se le tomaron muestras de sangre y se transportó a un corral flotante llamado “el nido” fabricado ex profeso para este proyecto. Tenía laceraciones en la piel debido a las redes y un corte en la aleta dorsal.

Una vez en el corral, la cría nadaba rápidamente sin calmarse, de manera errática y superficial, alrededor de los límites, golpeando repetidamente los costados, su respiración subía hasta 20 por minuto y bajaba a 6-7; además, sus latidos estaban entre 160 y 150 por minuto.

Debido a su “aparente agitación” (sic), falta de aclimatación, respiración y ritmo cardiaco aumentados, se le administró más diazepam. Después de una hora, su orificio respiratorio empezó a arrojar espuma, un indicador de edema pulmonar agudo. Se le inyectó un diurético (furosemida) y un derivado de prednisona como antiinflamatorio y medicamento de emergencia; se le practicó una biopsia y se le tomaron muestras de sangre.

Ante esta situación, el equipo de biólogos y veterinarios al mando de la operación CPR decidió liberarla. La vaquita fue transportada hasta el sitio donde se avistó y, al colocarla en el mar, empezó a nadar, siempre superficialmente, hasta que se perdió de vista. El grupo volvió a su base de operaciones y no se supo más de ella.

La segunda vaquita fue capturada dos semanas después, el 4 de noviembre, bajo el mismo proceso. Esta vez era una hembra adulta, la cual, según los científicos y veterinarios, no mostró signos de estrés como arqueo, sacudidas de cabeza, detención de la respiración o hiperventilación: “aparentaba calma”. Recién capturada tenía signos vitales estables, frecuencia cardiaca de entre 120-130 y seis respiraciones por minuto. Se le inyectó diazepam.

A los 50 minutos mostró signos de edema pulmonar y se le inyectaron furosemida y esteroides, con lo que mejoró parcialmente, por lo que se volvió a inyectar furosemida.

Se transportó a “el nido” donde inició un nado “excitado”, sin reconocer los límites del encierro, por lo que se le aplicó otra dosis de diazepam; 10 minutos después, la vaquita se dirigió al centro del corral y se quedó quieta. Parecía que empezaba a calmarse pero, en realidad, estaba colapsada; su respiración era extremadamente baja. Ahí fue cuando inició la emergencia. Inyectaron doxopram, un estimulante de la respiración, y flumazenil, antagonista del diazepam, para reanimarla.

Finalmente, la liberaron e inició un nado completamente anormal sobre la superficie, increíblemente rápido. La veterinaria en jefe comentó que “parecía un pez volador. Luego se detuvo, se dio la vuelta y regresó aleteando hacia el corral. La vaquita ya no respiraba y su corazón apenas latía. Por ello, se le inyectó doxopram, pero no tuvo respuesta.

Durante tres horas se le aplicaron medidas de reanimación, la tráquea se le intubó y desentubó dos veces, se aplicó ventilación artificial, estimulación en boca y garganta, oxígeno, compresión torácica, medicamentos intravenosos, subcutáneos e intracardiacos, atropina, metilprednisolona, bicarbonato de sodio, sueros y diazepam. No respiraba por sí misma y los signos de vida que mostraba eran reflejo palpebral, cierto tono muscular y ocasional movimiento de quijada. Finalmente, cayó en paro cardiaco; se intentó el masaje torácico y se aplicó epinefrina. El animal simplemente dejó de responder. Se declaró muerta a las 10:29 de la noche. Los hallazgos de la necropsia fueron consistentes con la muerte por estrés inducido. El reporte completo se encuentra en el décimo informe del equipo de CIRVA, que igualmente concluye que la captura de vaquitas ya no es una opción para salvar la especie.

El análisis de estas capturas se encuentra a medio camino entre la conservación de la especie y el respeto y la consideración hacia los individuos que la conforman. Entendemos que los científicos hicieron su mejor esfuerzo; sin embargo, al entrar al campo del conocimiento médico ejercido sobre el individuo (único e irrepetible), la conducta descrita cae en el ámbito del encarnizamiento terapéutico (o distanasia). Lo anterior, consiste en tratar de evitar la muerte a como dé lugar, por cualquier medio, más allá de lo razonable, y de toda proporcionalidad.

Mantener semi-vivo a un ser sintiente y con capacidad de sufrir, en agonía, probablemente consciente, mientras se aplican medidas invasivas y dolorosas -muchas de ellas contradictorias-, sólo proporciona más sufrimiento y estrés que, finalmente, desencadena la muerte. La distanasia, la cual alarga la agonía, debe evitarse, a la luz de la ética médica actual que antepone la procuración del bienestar del animal, evitar el dolor y el sufrimiento, así como la aplicación de los principios básicos.

Hay principios generales que orientan nuestra conducta como médicos, ya sea de humanos o veterinarios. Los más importantes son los principios de beneficencia y no maleficencia; es decir, actuar siempre en virtud del paciente, en otras palabras, debemos siempre procurar el beneficio. Si eso no es posible, al menos no hacer daño.

Por último, la reflexión ex post nos invita a plantear las siguientes preguntas: si se sabía que la captura de vaquitas era de muy alto riesgo, que el estrés podría ser inmanejable y que la muerte podía ocurrir en las primeras horas posteriores a la captura, ¿se pudo haber liberado a tiempo?, ¿el fin justificó el tratamiento?, ¿por qué no se liberó a la cría inmediatamente?, ¿se salva a la especie a costa del individuo? Así, salvar a la vaquita marina se plantea como un dilema ético: en materia de conservación se debe considerar no sólo la vulnerabilidad de la especie, sino la de los individuos. Así como en la discusión ética debe aparecer el análisis y discurso científico, en el análisis y discurso científico debe aparecer la discusión ética.

 

* Yolanda Alaniz Pasini es médico cirujano y cursó las maestrías en Salud Pública y en Antropología Social. Igualmente, los posgrados en Bioética y en Desarrollo Sustentable. Fue profesora de las asignaturas de Antropología Médica en la UNAM, y de Bioética y Ética Ambiental en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Se desempeñó como Secretaria Técnica de las comisiones de Medio Ambiente y Recursos Naturales, tanto de la Cámara de Diputados como del Senado de la República (1998-2012) y como asesora en la Subsecretaría de Gestión para la Protección Ambiental de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (2013-2016). Actualmente, es consultora de Conservación de Mamíferos Marinos de Mexico, AC.

 

@bioeticaunam

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

 

Bibliografia recomendada:

Código de ética del médico veterinario.

Twenty-Five Years of Rehabilitation of Odontocetes Stranded in Central and Northern California, 1977 to 2002Kathryn A. Zagzebski,1 Frances M. D. Gulland,1 Martin Haulena,1 Michelle E. Lander,1 Denise J. Greig,1 Laurie J. Gage,2 M. Bradley Hanson,3 Pamela K. Yochem,4 and Brent S. Stewart4

Aquatic Mammals 2006, 32(3), 334-345, DOI 10.1578/AM.32.3.2006.334

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