close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Contaminación, un debate sobre los bienes comunes
Los problemas de salud derivados de la contaminación ambiental son un riesgo muy grave (cáncer de pulmón y otras enfermedades respiratorias y cardiovasculares) como para dejarlo únicamente en un llamado a la responsabilidad.
Por PUB UNAM
15 de junio, 2016
Comparte

Por: Ernesto Vargas Palestina

En este breve texto se retoman algunos argumentos utilizados por Garret Hardin y André Gorz hace décadas, así como notas y análisis recientes del Dr. Iván Restrepo, con la finalidad de problematizar la situación actual de contaminación en la Megalópolis. Hardin argumentaba en 1968 que las soluciones técnicas (aquellas que requieren un cambio solamente en las técnicas de las ciencias naturales y demandando pocos o casi nulos cambios en relación con los valores humanos o en las ideas de moralidad) resultarían insuficientes para tratar al problema poblacional, debido al agotamiento de los recursos comunes. Por su parte, Gorz abordaba en 1973 los problemas derivados de que el universo urbano —particularmente París—, resultara diseñado en función del automóvil.

El motivo para utilizar las reflexiones de estos dos autores para el problema actual de contaminación que vivimos en el antiguo “Distrito Federal” es que ambos abordan problemas relacionados con los bienes comunes: Hardin con respecto a los recursos naturales y Gorz al espacio público de la ciudad, calles y avenidas. Ambos comprendieron que el acceso y (sobre) utilización de esos recursos por parte de individuos particulares —sustentado en razonamientos e intereses meramente individuales— afectaba a la mayoría y ponía en jaque la subsistencia del colectivo social.

El actual problema de contaminación que vivimos en la Megalópolis nos afecta gravemente a todos. Se han señalado muchos responsables: el incremento del parque vehicular y su edad, las fábricas y sus emisiones, la disminución del área verde urbana, las manifestaciones que desquician las vialidades, el nuevo Reglamento de tránsito, el transporte público contaminante, los fenómenos meteorológicos, la ubicación de la ciudad en la cuenca… Y así podríamos seguir enumerando ad inifnitum. Para Gorz, los automóviles ocupan un espacio que escasea y privan a los otros (peatones, ciclistas, usuarios de transporte público) de las calles y avenidas. Como usuario del transporte público, esto es visible cuando nos percatamos que las mejoras en infraestructura vial privilegian sobre todo al transporte motorizado privado.

Las soluciones propuestas por las autoridades capitalinas han resultado insuficientes: contingencias, aumento del programa Hoy no circula, reestructuración de la verificación vehicular, limitar el horario de ingreso a la ciudad del transporte de carga que nos surte de productos y servicios, fomento de medios de transporte alternativos, transporte público gratuito como medida de emergencia, entre otras. Por otro lado, las que se están analizando para su pronta aplicación: actualización del parque de transporte concesionado y posibles impuestos a la circulación. Ninguna de estas soluciones resulta satisfactoria para quienes habitamos, estudiamos o trabajamos en esta ciudad.

Prácticamente cualquier medida tomada por el gobierno capitalino para intentar hacer frente a la contingencia puede ser vista, por los afectados, como una restricción a sus libertades o derechos al libre tránsito, al uso del automóvil y su respectivo espacio de estacionamiento, a un medio ambiente sano, a la industria automotriz, al espacio público, al transporte concesionado, a manifestarse, a circular todos los días. Los denuncias y quejas para respetar derechos (reales o imaginarios) aumentan casi a la misma velocidad que las partículas que flotan en nuestro medioambiente. Recalcaba Hardin que “es un error pensar que podemos controlar el crecimiento de la humanidad en el largo plazo haciendo un llamado a la conciencia”; pues bien, la analogía funciona también con el crecimiento del parque vehicular en la IMECAlópolis.

Y siguiendo de nueva cuenta a Gorz, las actuales ciudades o megaciudades construidas por y para el automóvil hacen inviables las soluciones “revolucionarias” de eliminar este medio de transporte en beneficio de la bicicleta, el tranvía, el metro y el metrobús. Señalaba Gorz que para que las personas pudieran renunciar a sus automóviles, no bastaría con ofrecerles medios de transporte colectivo más cómodos, sería necesario que esas mismas personas pudieran prescindir del transporte al volver más confortables sus barrios y comunidades, dar pie una ciudad en escala humana y disfrutar ir a pie de su trabajo a su domicilio. Si bien la segunda idea resulta utópica, la primera es de destacarse: no basta una alternativa, es decir, una solución técnica, sino que es necesario algo más. Ese algo podría obtenerse mediante un llamado a la responsabilidad individual, para que la suma de actitudes responsables individuales redunde en una responsabilidad social.

Los problemas de salud derivados de la contaminación ambiental son un riesgo muy grave (cáncer de pulmón y otras enfermedades respiratorias y cardiovasculares) como para dejarlo únicamente en un llamado a la responsabilidad. Hardin recurría en su texto a la definición de responsabilidad de Charles Fraenkel, quien la entendía como el producto de arreglos sociales definidos. Y los arreglos sociales que producen responsabilidad son arreglos que generan coerción. Pero como este término puede causar una mala impresión, Hardin replicaba que la única clase de coerción que recomendaba era la coerción mutua, mutuamente acordada por la mayoría de las personas afectadas.

Si hemos acordado de forma colectiva restricciones para la deposición de basura y eliminación de deshechos domésticos cuando involucran un recurso común como lo es drenaje y la vía pública, la lucha debería continuar para cerrar esos espacios a la contaminación por automóviles y fábricas. Entiendo que cada nueva restricción en el uso de los recursos comunes implica restringir la libertad personal de alguien, pero tal vez la única manera en que podremos frenar la contaminación de la ciudad, para que ésta siga siendo habitable ahora y a futuro, es renunciando a la libertad de o al derecho a contaminar. Esta es una propuesta de emergencia, pero no debe ser la única.

Este nodo en el que se ha convertido la Ciudad de México corre el riesgo mayor de volverse inhabitable no sólo por la mala calidad del aire, sino por otros problemas ambientales, ligados o no a está situación. Frente a este escenario se hace evidente que las soluciones no pueden ni deben provenir únicamente de las autoridades y las instituciones —lo cual no les exime de sus obligaciones—y ser únicamente técnicas, sino de los ciudadanos que con o sin vehículo, recorremos cotidianamente esta ciudad.

El llamado a la responsabilidad y las restricciones coercitivas no son excluyentes, la reflexión ética y ciudadana puede redundar en una disminución de la coerción, si logra que nos demos cuenta de los riesgos que enfrentamos y nos hace actuar de forma que las soluciones se vuelvan colectivas y razonadas. Es decir, una política pública transversal donde sociedad civil, instituciones educativas y gobierno no sólo ataquemos las consecuencias inmediatas sino resolvamos causas y planteemos alterntivas.

 

* Ernesto Vargas Palestina es ayudante de profesor en la Facultad de Filosofía y Letras y Miembro del Programa Universitario de Bioética de la UNAM.

 

 

Referencias

André Gorz, “La ideología social del automóvil” en Letras Libres, diciembre de 2009, p. 14-19 . Disponible aquí.

Garret Hardin, “La tragedia de los comunes”en H. E. Daly (ed.), Economía, ecología y ética: ensayos hacia una economía en estado estacionario, México, Fondo de Cultura Económica, 1992, p. 111-124. . Disponible aquí.

Iván Restrepo, “Muchas declaraciones oficiales y pésima calidad del aire” en La Jornada, 30 de mayo de 2016.. Disponible en aquí.

Iván Restrepo, “Problemas que causa la mala calidad del aire” en La Jornada, 11 de enero de 2016. Disponible aquí.

 

El Dr. Restrepo fue pionero del movimiento ambientalista en México desde la década de 1970, actualmente se desempeña como director general del Centro de Ecología y Desarrollo (CECODES) y como director del suplemento La Jornada Ecológica.

 

 

* Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.