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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Coronavirus: no culpemos a la vida silvestre
Si sabemos que el comercio de animales silvestres en los llamados mercados húmedos favorece el desarrollo de enfermedades zoonóticas, ¿no estamos obligados a aplicar el principio preventivo?
Por Yolanda Alaniz Pasini
15 de junio, 2020
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La pandemia ha puesto en evidencia las prácticas irracionales del ser humano. En diciembre pasado inició el brote por contagio de COVID-19, en Wuhan, China, que se ha extendido a todo el mundo. En febrero, un panel de científicos estableció que este virus comparte el 96% de secuencia genética con los coronavirus aislados de diversas especies de murciélagos del género Rhinolophus. Diversos autores han descrito cómo los coronavirus se asocian a brotes epidémicos de enfermedades respiratorias como el Severe Acute Respiratory Syndrome (SARS) en 2002-2003 (primera pandemia del siglo XXI), o el Middle East Respiratory Síndrome (MERS) en 2012. Un año después se había aislado un coronavirus de murciélagos de China, Europa y Asia.

La transmisión de COVID-19 no se da directamente de murciélago a humano, sino que involucra a un huésped intermediario que probablemente sea el pangolín; pero la diseminación de la enfermedad se da de humano a humano. Tanto el contagio como la letalidad se deben a que nuestro sistema inmunológico no contiene información previa y no hay defensas; es un virus nuevo para todas las especies.

Desde 2008 la ciencia ha alertado que el 60.3% de las enfermedades infecciosas emergentes se deben a las zoonosis, o sea a la transmisión de patógenos de una especie a otra, y de éstas el 71.8% provienen de animales de origen silvestre.

La caza y captura, que se caracterizan por su inherente violencia, y el transporte son los actos más estresantes para prácticamente todas las especies animales, sobre todo para los mamíferos y las aves. El estrés al que están sometidos los individuos debilita su sistema inmunológico favoreciendo el contagio interespecie. El confinamiento en los mercados húmedos, en pequeñas jaulas donde permanecen una especie junto a otra, así como el hacinamiento con presencia de heces, vísceras y sangre, constituyen un caldo de cultivo para cualquier virus o bacteria. Ahí encontramos la interfase de ésta y muchas epidemias, ya que se dan las condiciones ideales para que una enfermedad migre de una especie a otra.

La ciudad de Shenzhen, China, fue sensible a la presión internacional y prohibió la venta de animales para consumo, incluyendo perros, gatos y vida silvestre, y la venta de vida silvestre para carne en todo el país, incluyendo los criaderos.

El temor al contagio ha provocado conductas aberrantes contra los murciélagos, quienes no representan ningún riesgo para el ser humano y cumplen con importantes funciones ambientales. Su pérdida sería irreparable y un error humano más.

Sin duda esta es la mayor pandemia que hemos enfrentado, y se esparció rápidamente gracias a la movilidad humana, impactando a la salud pública, el modo de vida y la economía mundial. La Organización de las Naciones Unidas ha advertido que se podría duplicar el número de personas que padecen hambre aguda en el mundo, amenazando gravemente la seguridad alimentaria si no se actúa rápidamente. Pero también es signo de la sobreexplotación de animales de la vida silvestre por comercio.

El comercio de vida silvestre es, junto con la pérdida del hábitat, la peor amenaza para las especies. Desde elefantes, ballenas, tiburones, felinos y aves hasta los pequeños geckos, camaleones y lagartijas han sucumbido ante la demanda superflua internacional y local, ya que la mayoría no cubre necesidades básicas. La Convención Internacional de Comercio de Especies Silvestres en Riesgo (CITES) surgió para controlar el comercio internacional que amenaza a las especies silvestres, incluidas en los Apéndices I y II. La inclusión al Apéndice I prohíbe totalmente el comercio internacional, el Apéndice II sólo lo restringe, pero la protección puede llegar muy tarde; un ejemplo es el pangolín, el mamífero más comerciado en el mundo, explotado por su carne y supuestas propiedades curativas, que se intentó incluir sin éxito en el Apéndice I en 2000. En 2016 se logró; sin embargo, se sigue comercializando en el mercado negro.

En este contexto, llama la atención el discurso y los mensajes que se expresan en documentales como “Coronavirus, en pocas palabras” de Netflix, que describe cabalmente la epidemia, pero le dedica pocos segundos al mercado de Wuhan y a la venta de animales silvestres. Si bien entendemos que se intenta dar un mensaje esperanzador al señalar que se puede acabar con la pandemia porque “hoy tenemos la ciencia, la tecnología y la coordinación”, o porque es increíble lo que la comunidad científica puede hacer cuando trabaja en conjunto y que ningún virus nos ha vencido todavía, es un discurso un poco triunfalista. Se observa sólo la mitigación de los efectos, como encontrar una cura (que aún no existe) y descubrir una vacuna (que tampoco existe); pero no se aborda, ni siquiera tangencialmente, la prevención de la causa. Una epidemia por virus siempre será autolimitada y a pesar de toda la ciencia, las medidas sociales han resultado importantes en la mitigación.

La prevención es un principio fundamental en salud pública. Debemos evitar que una enfermedad se produzca desde el origen. Si sabemos que el comercio de animales silvestres en los llamados mercados húmedos favorece el desarrollo de enfermedades zoonóticas, ¿no estamos obligados a aplicar el principio preventivo? ¿Cuántas epidemias más se necesitarán para cerrar de verdad el comercio de animales silvestres, en el mundo y en nuestro país? ¿Cuántas víctimas humanas habrá en cada epidemia? ¿Cuántas víctimas animales sufrirán este comercio? ¿Son esas víctimas inocentes nuestra cuota al “progreso” por seguir haciendo lo mismo de siempre?

Una vez que se ha iniciado el primer contagio, se repetirá la historia una y mil veces. Se descubrirá la vacuna para el COVID-19, y así esperaremos a la siguiente pandemia, causada por otro virus desconocido.

El pasado 4 de abril, más de 240 organizaciones de conservación de vida silvestre, entre ellas Humane Society International, World Animal Protection, Born Free Foundation, Bat Conservation Trust, Cetacean Society International, The Jane Goodall Institute Nepal, Environmental Investigation Agency, Great Ape Project, People for Ethical Treatment to Animals, Asia, Sea Shepherd Legal, Species Survival Network, Conservación de Mamíferos Marinos de México y The Gorilla Foundation, solicitamos a la Organización Mundial de la Salud que asuma el liderazgo frente a las zoonosis y ataque, de manera inequívoca y urgente, el riesgo a la salud humana derivado del comercio de vida silvestre, sobre todo en mercados húmedos, criaderos y granjas.

La respuesta del director General de la Organización, el doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, llegó el 17 de abril; señala la pobre regulación que tienen los mercados de animales en todo el mundo y asevera que los gobiernos deben establecer prohibiciones a la venta y comercio de vida silvestre para alimentación. Reconoció que el 70% de los virus que nos afectan provienen de animales: “Queremos entender y prevenir el cruce de la frontera de patógenos de los animales al hombre”.

La reflexión nos obliga a ver esta pandemia como la consecuencia de nuestro antropocentrismo, insaciable y sin escrúpulos, que nos lleva de manera irresponsable a la invasión de los ecosistemas y la caza y captura de cualquier forma de vida animal (y vegetal) para cualquier propósito lícito, ilícito o banal. En sentido estricto, esta pandemia fue producida por el hombre, no culpemos a la vida silvestre.

Concluyo con una frase de la doctora Elizabeth Maruma Mrema, secretaria ejecutiva de la Convención de Diversidad Biológica de Naciones Unidas, que resume nuestra postura: “El mensaje que estamos recibiendo es que, si nosotros no nos encargamos del cuidado de la naturaleza, ella se encargará de nosotros. Estaría bien prohibir los mercados de animales, como lo han hecho China y otros países”.

* Yolanda Alaniz Pasini es médica cirujana. Cursó las maestrías en Salud Pública y en Antropología Social, así como los posgrados en Bioética y en Desarrollo Sustentable. Fue profesora de las asignaturas de Epidemiología y Antropología Médica en la UNAM, y de Bioética y Ética Ambiental en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Se desempeñó como Secretaria Técnica de las comisiones de Medio Ambiente y Recursos Naturales, tanto en el Senado de la República como en la Cámara de Diputados. Ha sido observadora y/o o parte de la delegación mexicana ante la Comisión Ballenera Internacional y en CITES. Actualmente es consultora para Conservación de Mamíferos Marinos de México.

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

 

 

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