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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
COVID-19: reaprender la solidaridad
Llama la atención que tengamos que estar bajo circunstancias “extremas o excepcionales” para que el ser humano desencadene sus procesos de solidaridad, de empatía y de ayuda mutua, elementos que cuando se potencian se convierten en la esencia de lo que llamamos ser humano.
Por Alejandra Ramírez Padrón y Ricardo Noguera Solano
10 de junio, 2020
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El acrónimo COVID-19 genera en estos días cerca de 3 mil 130 millones de resultados en Google, con diferentes tipos de noticias sobre la situación que vive la sociedad a nivel mundial. Fuera del plano virtual, COVID-19 provoca un estado de alerta, consternación, miedo y angustia, y las personas, impotentes, se llenan de preguntas que se atoran en la garganta o se gritan en silencio: ¿Por qué ahora? ¿Hasta cuándo? ¿Se pudo haber evitado? En ese plano de desconcierto, generado por un virus que se ha movido hacia los cuatro puntos cardinales del planeta, se ha hecho visible una característica que generalmente está adormecida y resurge ante eventos particulares de supervivencia, en momentos en los que, como sociedad, estamos frente a un peligro. Esta característica es la solidaridad.

No es extraño que la palabra “solidaridad” esté definida en algunos diccionarios como “adhesión circunstancial a la causa de otros”. En este caso, la causa sería la supervivencia de los seres humanos frente al embate de una pandemia; pero ¿por qué tiene que ser algo circunstancial y no una característica permanente de acercamiento y convivencia social?

Debido a que la propagación de la enfermedad es un factor que depende de la densidad de la población, se tienen que tomar medidas preventivas durante una pandemia, entre las cuales destaca el distanciamiento físico, que erróneamente se ha llamado distanciamiento social. De hecho, muchas opiniones resaltan que requerimos más unión social que nunca. Ese distanciamiento físico no ha impedido que surja la solidaridad como un elemento de cohesión y conexión social entre varios sectores de nuestra sociedad.

Hemos visto, en diversos contextos, cómo se brinda ayuda al personal médico, cómo ellos mismos se exponen para que los demás estemos seguros en casa, y cómo varios países son solidarios con otras naciones. El mundo en general se ha mostrado comprensivo con los vecinos, cooperando y ayudando en la crisis médica. Esto ha hecho que otros asuntos, que en algún momento han sido de mayor relevancia, pasen a segundo plano, como el caso del petróleo, cuyo consumo se ha detenido por la paralización de la “vida moderna”, o de las agendas políticas de cada país, que por el momento parecen estar invisibilizadas por las noticias relacionadas con COVID-19 y por los efectos negativos que las estadísticas muestran sobre las infecciones y decesos que ocurren cada día.

Pero estos ejemplos de solidaridad se han generado porque estamos en un momento de crisis, y pareciera que la solidaridad solo emerge en esos momentos “excepcionales, contingentes”, de otra manera nuestros diccionarios no la caracterizarían como algo circunstancial; pero ¿por qué la solidaridad, la ayuda mutua, la empatía, tienen que ser una excepción? Porque en el ámbito de la vida moderna nuestros mecanismos de cohesión social, que son una parte inherente de nuestra biología, aparecen cotidianamente desarticulados y adormecidos, ocultando esa característica de primates sociales. En este mundo neoliberal y consumista, nuestra especie vive desde hace tiempo un marcado distanciamiento, tanto social como físico. El primero lo dicta el paradigma socioeconómico en el que nos encontramos inmersos; basta con ver la premisa que le da vida al sistema, el egocentrismo, para hacer notar que en las escuelas y en el trabajo vivimos condiciones de competencia y aislamiento, que nos hacen ver siempre de manera individual antes que ver los intereses comunes. También existe una tendencia al segundo tipo de aislamiento, el físico, aún en condiciones “normales”: la tecnología y las redes sociales, a pesar de ser una herramienta útil de nuestra vida (la comunicación e intercambio de opiniones e ideas entre personas que habitan en América con personas que habitan en Europa es tan fácil que incluso cuesta trabajo creer que están a un mar de distancia), han hecho que la convivencia física pase a segundo plano.

Lo que en cierto sentido llama la atención es que tengamos que estar bajo circunstancias “extremas o excepcionales” para que el ser humano desencadene sus procesos de solidaridad, de empatía y de ayuda mutua, elementos que cuando se potencian se convierten en la esencia de lo que llamamos ser humano.

La repentina mutación que hizo aumentar la letalidad de un virus nos debería hacer pensar por qué nos deshicimos de nuestros mecanismos básicos de cohesión social, los cuales siempre han sido punto de reflexión de los sistemas de la ética y de los grandes pensadores como Aristóteles, para quien “el servir a otros” (no servirse de otros) es la esencia de la vida. Otra lección importante consistiría en, una vez pasada la emergencia sanitaria o cualquier otra situación extrema, aprender que la solidaridad debe convertirse en acciones cotidianas de nuestra vida y no en una excepción, como ha ocurrido hasta ahora.

* Alejandra Ramírez Padrón estudia la maestría en el Posgrado en Ciencias Biológicas de la UNAM. Ricardo Noguera Solano es Profesor de Tiempo Completo de la Facultad de Ciencias y miembro del Programa Universitario de Bioética.

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

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