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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Creced y multiplicaos sin límite… en un planeta limitado
En los últimos 170 años, la población del planeta pasó de mil millones de seres humanos a 7 mil millones. Tenemos que empezar a reconocer que no podemos reproducirnos ilimitadamente en un planeta limitado.
Por PUB UNAM
23 de marzo, 2016
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Por: Fernanda de Alba Navarro y Ángeles Cancino Rodezno

El 1° de enero de este año entró en vigor en la República Popular China (RPC) la reforma a la Ley sobre la población y la planificación familiar de la RPC, terminando así con 30 años de la política de un solo vástago.

La llamada política del “hijo único” tuvo por objetivo reducir la natalidad en el país más poblado del mundo prohibiendo a las parejas casadas tener más de un hijo (con las excepciones de que los padres fueran hijos únicos, pertenecieran a minorías étnicas, conformaran familias rurales cuyo primer descendiente fuera de sexo femenino, etcétera). A partir del primer día del 2016 inició la vigencia de la enmienda del “segundo hijo”, la cual declara que todas las parejas casadas son candidatas a tener 2 hijos; dicha disposición tiene el objetivo rejuvenecer a la población de la nación con mayor número de habitantes en el planeta.

Como es previsible, las políticas chinas respecto a planificación familiar han desatado polémicas y tienen profundas implicaciones éticas. Algunos detractores de dichas políticas argumentan que se atenta contra el derecho de los ciudadanos para elegir libremente sobre la cantidad de hijos que se desean tener, además de derivar en prácticas éticamente inaceptables como el aborto forzado, el infanticidio femenino, el abandono de menores con enfermedades incurables o discapacidades, así como la privación de educación o sanidad a “segundos” o “terceros” hijos. No obstante, es innegable que esta medida representa un caso paradigmático de control natal y más allá de que estas políticas representen una violación a la autonomía de los ciudadanos chinos, han sido consideradas como un esfuerzo histórico de control de nacimientos humanos.

Más de 7 mil millones de seres humanos coexistiendo en la actualidad es una cifra alarmante, pero resulta aún más preocupante saber que en tan sólo los últimos 170 años la cifra pasó de mil millones a 7 mil millones. Sin embargo, el problema no es una mera cantidad; la sobrepoblación no es igual a la densidad poblacional, sino a la relación entre ésta con la naturaleza y sus recursos vitales: agua, aire, tierra fértil, vegetación, fauna, biodiversidad, clima estable, etcétera.

Debido a lo anterior, en la actualidad ningún nuevo nacimiento humano debería trivializarse, es necesario que recordemos enfáticamente que cada persona adicional para el planeta también requerirá alimentos, energía y otros recursos, además de que producirá más residuos, contaminación e impacto antropogénico; no debe desestimarse que la sobrepoblación humana subyace a las problemáticas de deforestación, defaunación, extinción masiva de especies, emisión de gases con efecto invernadero, cambio climático, contaminación a destajo, daño a la capa de ozono, entre otras.

Desafortunadamente la explosión demográfica está lejos de resolverse debido a que existen numerosos tabúes y prejuicios que dificultan la discusión abierta y clara de esta crisis. Uno de los principales obstáculos radica en la resistencia social a comprender que la reproducción humana ha dejado de ser un asunto “privado”, debido a que la sobrepoblación la ha posicionado como un problema público. De igual manera, existe una evidente exaltación antropocéntrica en las religiones más influyentes del mundo (cristiana, judía, etcétera) que privilegia a la vida humana sobre el resto -y a pesar – de todas las demás formas de vida.

Asimismo, en distintas sociedades contemporáneas prevalecen mitos respecto a la maternidad y paternidad como una obligatoriedad: la de los hombres consiste en asegurar una descendencia propia con una o varias mujeres; asegurar un patriarcado negando a la mujer el derecho a decidir sobre su maternidad y por tanto, sobre su cuerpo.

Respecto al papel que las mujeres tienen en la procreación, su imperativo social es más drástico; la antropóloga Marta Lamas lo explica de la siguiente forma: “Culturalmente, la maternidad es la especificidad de la condición femenina. A pesar del deseo de las mujeres de poder regular su fecundidad, su identidad y valoración sociales radican en la posibilidad de ser madres. Más allá de una verdadera elección individual, las mujeres buscan ser madres por cuestiones psíquicas y sociales” (Lamas, 2001), que no instintivas o biológicas. La sexualidad femenina es meramente el medio para embarazarse y parir, descartando al placer de dicha acción, en adición, las mujeres que se nieguen a ser madres reciben el escarnio público y los estigmas de egoístas, incapaces o de ir contra-natura y estarán condenadas a vivir una vida solitaria, carente de significado y sentido.

Actualmente, la sociedad en general retroalimenta la enseñanza de tener hijos (en plural) para poder dar un paso determinante en la vida humana, procrear es un instinto biológico irrefrenable cuyo objetivo es permitirnos trascender como personas más allá de la muerte y es por tanto imperante; no es necesario quererlo, concientizarlo o responsabilizarse de ello ni de sus consecuencias.

Finalmente, existen malentendidos y prejuicios respecto al sector social que hace una crítica analítica al exceso de nacimientos humanos; quien lo hace es calificado de misántropo, se le juzga por ir en contra de la propia existencia humana, se le tilda de cínico por impulsar el suicidio de nuestra especie, de tiránico o incluso de draconiano hacia la humanidad (siendo comparado con la postura de los políticos chinos que castigan los nacimientos no previstos entre su población) (Sagols, 2014).

Es posible que la creencia de que “tener hijos en la actualidad sigue siendo sustentable para un planeta con recursos limitados” proceda de la ignorancia, del prejuicio, y de la falta de información. Sin embargo, cabe destacar que tales prejuicios resultan convenientes a los intereses de los corporativos, gobiernos, economías e iglesias que requieren de poblaciones humanas grandes y consumistas o que necesitan continuamente de individuos que ejecuten sus políticas bélicas.

De hecho, las necesidades creadas por las empresas e instituciones (llámense religiones, negocios, partidos políticos e industria entre otras) constituyen una de las plataformas del consumismo devastador que sufrimos y que nos llevan a ser poblaciones en sobreabundancia. Dichas instituciones promueven en las sociedades rasgos degenerativos, tales como la negación del problema, la irresponsabilidad de nuestros actos y de nuestro consumo, así como la falsa ilusión de que nuestra tecnología solucionará cualquiera de los problemas antropogénicos a mediano o largo plazo.

Cabe resaltar que, según algunos autores, la crisis ambiental actual no tiene precedentes en magnitud y severidad (Park 2001). Nuestra relación sometedora y tanática con la naturaleza no nos ha permitido reorientar nuestros estilos de vida, ni adoptar formas más moderadas y sustentables de existencia. La injerencia humana sobre la Tierra nunca antes fue tan poderosa y devastadora; ante toda esta problemática, la reflexión bioética tiene mucho que aportar a través de la educación y la concientización sobre las implicaciones mundiales del crecimiento poblacional y la tasa de natalidad de nuestra especie. Incluso mediante la propuesta e impulso de políticas públicas de control natal voluntario entre la ciudadanía, del fomento de la responsabilidad sexual separándola del proceso de reproducción, de la conformación de familias con hijos adoptados y ciudadanos que renuncien autónomamente a “trascender” genéticamente.

Hemos de evolucionar culturalmente para modificar nuestra mentalidad y poder apreciar sin velos que la sobrepoblación humana está íntimamente ligada con las crisis ambientales de la actualidad. Somos responsables de nuestros actos reproductivos y también de sus efectos y guardar silencio al respecto es un acto irresponsable para el presente y para el futuro de la vida en el planeta. Aunque es imposible que nuestra especie no impacte a la Tierra si existen opciones para “caminar más ligeramente sobre ella” (Riechmann, 2005).

La discusión colectiva sobre la procreación de hijos en nuestro siglo no es una posibilidad, es un deber; el interés de los individuos hacia el planeta, hacia el resto de la sociedad humana y hacia sus propios hijos ya nacidos debe preponderar sobre el de los no nacidos o sobre su posible “progenie a futuro”.

Requerimos detener urgentemente la sobrepoblación mediante una educación igualitaria entre el hombre y la mujer; asimismo con la comprensión conjunta del ser humano y la naturaleza (Sagols, 2014). Resulta prioritaria una cultura reflexiva y dispuesta al cambio que nos oriente en la elección de formas más juiciosas y eróticas de vida, que incluyan opciones para que los individuos podamos rechazar o asumir conscientemente determinadas conductas, necesidades, dietas, creencias, valores, etcétera. Como sociedad debemos aspirar a que las elecciones individuales sobre la reproducción se hagan después de un proceso crítico e informado, considerando que tener descendencia biológica en la actualidad es un tema que nos demanda de manera particular ejercer una responsabilidad social, ambiental y ética.

 

* Fernanda de Alba Navarro es Bióloga por la UNAM y Ángeles Cancino Rodezno es Profesora de Asignatura de la Facultad de Ciencias de la UNAM además de ser miembro del Programa Universitario de Bioética (@bioeticaunam).

 

 

Referencias:

Lamas, M. 2001. Política y reproducción. Aborto: La frontera del derecho a decidir. Plaza & Janés Editores, México D.F. p. 35.

Park, C. 2001, “Environment in crisis”, en C. Park, editor. The Environment: Principles and Applications. 2da edición. Routledge, Londres, pp. 3-32.

Riechmann, J. 2005. Un mundo vulnerable: ensayos sobre ecología, ética y tecnología. Los Libros de la Catarata, Madrid.

Sagols,  L. 2014. La ética ante la crisis ecológica. Fontamara, UNAM, México D.F. 148 p.

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